Clara Iannotta

Clara Iannotta

Roma,1983

Inicialmente, Clara Iannotta tuvo que ser convencida para componer. Nació en Roma en 1983, donde comenzó su carrera musical en el Conservatorio Santa Cecilia. Allí estudió flauta hasta que, al instar de uno de sus profesores, empezó sus estudios de composición: “… toda mi infancia, estuve trabajando para convertirme en flautista. Fué entonces que mi profesor de armonía insistió en que iniciara los estudios de composición, lo que hice a partir del 2003.

Me tomó un año entero darme cuenta de que componer es el arte que se me da mejor”. Han sido básicamente encuentros personales — con Alessandro Solbiati en Milan, con Yan Maresz en el IRCAM, con Franck Bedrossian, Chaya Czernowin y Steven Takasugi — los que se han mostrado beneficiosos para su desarrollo como compositora.

Desde 2007, Iannotta ha ido acumulando un conjunto de obras; para ella, cada nueva composición es siempre un campo de experimentación para perfeccionar su propio lenguaje musical. Al di là del bianco para clarinete bajo y trío de cuerdas (2009), Il colore dell´ombra para piano trío (2010), Limun para violín, viola y dos pasapáginas (2011), Àphones para 17 músicos (2011), Clangs para violonchelo y 15 músicos (2012), Glockengießerei para violonchelo y electrónica (2012), D´après para siete músicos (2012) — los títulos de sus obras no son en ningun caso indicadores para orientar la escucha, aunque puedan parecerlo a veces. En todo caso, señalan determinadas etapas de la vida o las circunstancias en que se crearon las composiciones. No obstante, todas las composiciones de Iannotta comparten una cierta "teatralidad"; en el sentido de la materialidad del sonido, su dinamismo interno, sus estados energéticos, su génesis instrumental desde el silencio... El sonido no se percibe separado del gesto que lo produce, y la puesta en escena se materializa en diferentes configuraciones instrumentales. Asimismo, sus partituras están llenas de instrucciones meticulosas, tales como la forma de preparar los instrumentos mediante el uso de objetos como agujas de tejer, cajas de música, cinta adhesiva, y muchos otros objetos que son empleados para la ampliación de la paleta sonora; hasta el extremo de precisar muy detalladamente cómo manejar el arco del violín.

Sus partituras describen coreografías, según las cuales los instrumentistas dan forma y alma a los sonidos durante la interpretación musical de sus obras. Clara Iannotta se deja inspirar por impresiones auditivas especiales — por los sonidos de campanas y sus espectros sonoros complejos, por fenómenos sonoros observados e imaginados. Evalúa esos sonidos con su oído microscópicamente afinado, descubriendo en ese proceso infinitas infimas gradaciones en su interior; encuentra maneras sorprendentemente complejas y precisas de escribrirlas en sus partituras y, con sus habilidades compositivas, proyecta estos procesos en un formato accesible para el oido —
y igualmente, para la vista. Clara Iannott adeja atrás la dicotomía entre tono y ruido, entre electroacústica y acústica. En su lugar, nos sorprende con fenómenos sonoros híbridos. Si uno no ve exactamente qué actividad instrumental es la productora de los mundos sonoros creados por ella, su solo oído está perdido.

Texto: Barbara Barthelmes, Enero.
Traducción: Daniel Fígols-Cuevas

Más información en:

http://claraiannotta.com/




Diciembre 2013
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