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Compositores españoles Imprescindibles del siglo XX: Joaquín Rodrigo


17/07/2018

Esta nueva entrega de nuestros Imprescindibles del siglo XX está dedicada a Joaquín Rodrigo y la va a presentar el musicólogo Javier Suárez-Pajares, gran conocedor del compositor Rodrigo y uno de los mejores especialistas en música española del siglo XX.





Joaquín Rodrigo Vidre


1901 – 1999









"Para definir a Rodrigo, convendría señalar –aparte de su indiscutible importancia dentro de la música de su tiempo y la fama universal alcanzada por sus obras para guitarra– que fue un compositor con una vocación innata por la vanguardia de los años 20, con una técnica compositiva extraordinaria adquirida en un constante y aplicado estudio de la teoría y la historia de la música, una severísima autoexigencia y una necesidad absoluta de ganarse la vida como compositor. Si se toman esos elementos y se agitan (no se revuelven), es posible entender al menos el sentido de la música de Rodrigo."  Javier Suárez-Pajares


 



Entrevista al musicólogo Javier Suárez - Pajares

por Ruth Prieto

1. Ruth Prieto: ¿Cuándo escuchó por primera vez a Rodrigo?, ¿cómo fue su descubrimiento de este compositor?

Javier Suárez-Pajares: En un vinilo de Narciso Yepes que todavía conservo y del que, por tanto, puedo dar una referencia precisa: era el segundo volumen de la serie Cinco siglos de guitarra española del sello Deutsche Grammophon. Debía de ser muy al principio de los años 80 y yo todavía estaría más en el aprendizaje de música relacionada con la cara A de ese disco –Sor, Tárrega y Albéniz–. Supongo que al dar la vuelta al disco, de alguna manera (un tanto fabulada por el tiempo y recreada por la memoria) se me apareció el mundo musical al que he dedicado más tiempo en mi vida de musicólogo: primero esa versión oscura y lenta del Homenaje a Debussy de Falla, luego el luminosísimo contraste de En los trigales de Rodrigo y, después, Ernesto Halffter, Moreno Torroba, Ohana y Ruiz Pipó. En los trigales se convirtió pronto en mi pieza favorita de aquel disco. Me fascinaba sobre todo el mecanismo –como el de la danza de Ruiz Pipó, pero más rico–, así como la claridad incisiva y la brillantez con la que lo expresaba Yepes, de una manera tan distinta a lo que hasta entonces había venido yo escuchando de Andrés Segovia y que, de alguna manera, presentaba un atisbo de conciliación entre los dos espacios en los que me movía entonces representados por mis dos profesores, un pianista, Alfonso Díaz Ruz que fue quien me puso las manos en la guitarra –supongo que para mantenerme alejado de su piano (nunca se lo agradeceré bastante)– y Rafael de Antequera, un guitarrista flamenco sui generis que llevaba a gala dominar tanto la guitarra flamenca como la clásica y la popular.
Confieso que entonces no reparaba en absoluto en la figura del compositor de la música que tanto me gustaba. Por tanto, ese acercamiento a la música de Rodrigo se adelantó mucho a mi conocimiento del propio compositor que la había creado. Me llamaban entonces más la atención los intérpretes que los compositores; y la música por encima de los unos y los otros. Y así siguió siendo cuando descubrí la Fantasía para un gentilhombre antes incluso que el Concierto de Aranjuez. En realidad, Rodrigo como compositor se me reveló mucho más tarde, ya como estudiante de grado superior de guitarra en el Conservatorio, cuando los dos conciertos mencionados y obras como la Invocación y danza y las Tres piezas españolas formaban parte de los programas que tocaban algunos compañeros míos aunque no de los que estudiaba yo.
De esta manera, lo correcto sería reconocer que yo descubrí a Rodrigo siendo ya musicólogo en los primeros años 90 y no cuando fui estudiante de guitarra. Y es que creo que se descubre a un compositor cuando se le estudia y yo no estudié a Rodrigo hasta que me encargaron que lo hiciera. Eso ocurrió con motivo de una jornada de estudio que se dedicó a Rodrigo en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense en 1992, para la que se me pidió una conferencia que titulé “Joaquín Rodrigo y la Guitarra de la Generación del 27”. Sé que hablé bastante de la música para guitarra de la Generación del 27 pero no lo suficiente de Rodrigo, según me lo hicieron saber su hija –que siempre recuerda con un espanto jovial aquel debut mío en el estudio de su padre– y Raymond Calcraft que me recriminó de forma particular no haber hablado de una obra como el Concierto para una fiesta que ya tenía diez años de antigüedad y que correspondía con el último esfuerzo creativo del compositor que a Calcraft le había interesado (y con razón) mucho. Quizá, lo que yo presenté en aquella ocasión no pareciera mucho, pero para mí significó no solo el descubrimiento de Rodrigo, sino la comprensión de un problema básico para la consideración y la explicación de su figura dentro de la historia de la música española: que, pese a su cronología vital –y quizá precisamente por ello– y a la importancia de su obra Rodrigo no había entrado en el entonces recién definido Olimpo de la Generación musical del 27. Ese problema me interesó y me condujo, en primer lugar, a la crítica de la definición historiográfica de la música del 27 y, en segundo lugar, a profundizar en el estudio de Joaquín Rodrigo. Ya ha pasado más de un cuarto de siglo, la Generación musical del 27 está redefinida de una manera mucho más abierta e inclusiva, hasta el extremo de haberse desdibujado mucho; yo sigo tratando de comprender y explicar la trascendencia de Rodrigo en ese periodo de la historia de la música o de la música de Rodrigo en ese periodo de la historia de España, que son, para mí, enfoques complementarios.

2. R.P.: ¿Cómo definiría a Joaquín Rodrigo como compositor?

Javier Suárez-Pajares: Cada contexto necesitaría una definición diferente. Aquí, ahora y tratando de “Compositores españoles imprescindibles del siglo XX”, yo no dudo en definir a Rodrigo como el compositor español más importante de la generación siguiente a la de Manuel de Falla. Creo además que Falla habría estado de acuerdo con esta afirmación y, dicho esto, debería añadir que una definición así, consiga o no consenso –que eso siempre es difícil– entre la crítica y la historiografía, no tiene ninguna importancia. Ser el mejor en algo así como la composición musical española del tramo central del siglo XX depende de dos cosas: primero, de las siempre sesgadas consideraciones de quien lo proponga y, segundo, de la importancia relativa que se conceda al resto de los compositores españoles de ese tiempo. Y poner a Rodrigo delante de Ernesto Halffter, Roberto Gerhard o Federico Mompou, puede que alegre a algunos y exaspere a muchos pero, insisto, es una clasificación tan estéril que ni los unos deberían alegrarse ni los otros enfadarse.
Probemos otra: Joaquín Rodrigo es el compositor del Concierto de Aranjuez. Esta definición es irrebatible y tiene toda la enjundia que implica el hecho de haber compuesto una de las obras más escuchadas de la historia de la música.
Ahora bien, ¿define el Concierto de Aranjuez a Rodrigo como compositor? Yo diría que lo hace de una manera tan parcial que, más bien provoca una indefinición del personaje y de su música, porque muchas obras de Rodrigo, muy queridas por él y estimadas por públicos e intérpretes de muy distintos momentos y procedencias, no tienen nada en absoluto que ver con el Concierto de Aranjuez. Para definir entonces a Rodrigo de una manera más satisfactoria, convendría señalar –aparte de su indiscutible importancia dentro de la música de su tiempo y la fama universal alcanzada por sus obras para guitarra– que fue un compositor con una vocación innata por la vanguardia de los años 20, con una técnica compositiva extraordinaria adquirida en un constante y aplicado estudio de la teoría y la historia de la música, una severísima autoexigencia y una necesidad absoluta de ganarse la vida como compositor. Si se toman esos elementos y se agitan (no se revuelven), es posible entender al menos el sentido de la música de Rodrigo.

3. R.P.: ¿Cómo era su música?

Javier Suárez-Pajares: Pues dispar, adecuada exactamente ­–gracias a su técnica– a lo que él quería adecuarla en cada momento, selecta, refinada, exigente siempre para sus intérpretes, amable para sus oyentes, tan sincera representación muchas veces de sus experiencias vitales como refractaria a representar nada fuera de ese entorno inmediato, y llena siempre de toques personales como el canto del cuco –una especie de firma recurrente en muchas de sus obras– o un empleo muy característico de las disonancias en el nivel epidérmico sometidas siempre al gobierno de una organización tonal interna.
Y, en detalle, es una música en constante diálogo consigo misma – self-contained, si me permiten un anglicismo que no es fácil de traducir– abundante en referencias cruzadas y, por ello, interesante para el estudioso. Una música que apela por igual al intérprete que la ejecuta como al público que la escucha y a quien la estudia.

4. R.P.: ¿Cuáles son sus hitos musicales más destacables?

Javier Suárez-Pajares: Vamos por décadas. En los años 20, el exabrupto bitonal que es su Preludio al gallo mañanero para piano y la Zarabanda lejana, su primera obra acabada para guitarra.
En los 30, la Cántico de la esposa que siempre ocupó en la sensibilidad de Rodrigo una consideración especial como obra maestra y, claro, el Concierto de Aranjuez.
Ya en la década de los 40, sin duda, la obra más grande y más dolorosamente olvidada a mi entender del catálogo de Rodrigo: Ausencias de Dulcinea para orquesta, bajo y cuatro sopranos; pero en esta década se sitúan también sus principales composiciones para violín: Concierto de estío y Capriccio para violín solo.
En los 50 hay varios hitos: sin duda, la cantata Música para un códice salmantino y, a su lado, el Concierto serenata para arpa y orquesta y la Fantasía para un gentilhombre que, junto con las Tres piezas españolas, escribió para Andrés Segovia.
En los 60, el Adagio para instrumentos de viento y el Concierto madrigal para dos guitarras y orquesta.
En los 70, los Himnos de los neófitos de Qumrán (tres sopranos, coro de hombres y orquesta), el Concierto pastoral que escribió para el flautista irlandés James Galway y el poema sinfónico A la busca del más allá.
Y en los 80, Cántico de San Francisco de Asís para coro y orquesta y su última composición para guitarra y orquesta: el Concierto para una fiesta. Pero todavía fuera de esta lista quedan obras fundamentales para guitarra como Toccata o Invocación y danza, la mayor parte de su obra para piano con piezas de la importancia de la Sonada de adiós (Homenaje a Paul Dukas), las Sonatas de Castilla (con toccata a modo de pregón) o la Gran marcha de los subsecretarios para piano a cuatro manos, sus primeros éxitos orquestales como las premiadas Cinco piezas infantiles y Per la flor del lliri blau, pero sobre todo la integral de sus canciones (algunas con orquesta como el Triptic de mossèn Cinto o las Quatre cançons en llengua catalana) entre las que yo no me permitiría nunca no destacar una joya de la canción española de concierto de todos los tiempos como el villancico Pastorcito santo sobre unos versos de Lope de Vega.
 
5. R.P.: ¿Qué aporta la música de Rodrigo a la música contemporánea del siglo XX?

Javier Suárez-Pajares: Yo creo que una gran aportación la constituyen los dos principales argumentos con los que la guitarra entra en el repertorio sinfónico: Concierto de Aranjuez y Fantasía para un gentilhombre. La otra es, sin duda, el conjunto de sus canciones que es una contribución sustancial a uno de los géneros centrales en la tradición más elevada de la musical occidental.

6. R.P.: ¿Por qué hemos de considerar a Joaquín Rodrigo como compositor imprescindible del siglo XX?

Javier Suárez-Pajares: Por todo lo dicho y porque sería un disparate prescindir –no ya en la composición del siglo XX, sino en la cultura musical de la humanidad– de una de las creaciones que más impacto ha tenido y que más puentes ha tendido entre las distintas culturas y los géneros más dispares de la música: el adagio del Concierto de Aranjuez. Una música que siempre asomará como el cabo desde el que tirar del hilo de una obra excepcional detrás de la que se encuentra un compositor fascinante y un conjunto de obras que serán un descubrimiento para todo aquel que quiera acercarse a ellas con sensibilidad y sin prejuicios.
 

 



 
Javier Suárez-Pajares
Formado en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y en las Universidades Complutense y de Oviedo en Guitarra, Historia del Arte y Musicología, realizó el último curso de licenciatura en la Universidad de Sheffield con una beca Erasmus ampliando estudios de guitarra con Gordon Croskey, interpretación con Colin Lawson y Peter Hill, crítica con Edward Garden y paleografía e historia de la música con Alan Brown. Doctorado en 1994 con la tesis La música en la catedral de Sigüenza, 1600-1750, publicada en 1998, desde 2000 es Profesor Titular del Departamento de Musicología de la UCM. Ha impartido cursos de Doctorado en la Universidad del País Vasco, Universidad de Valladolid y en la UCM, así como cursos de postgrado en la Escuela Nacional de Música de Montevideo, Universidade Estadual Paulista de São Paulo y la Universidad Nacional Autónoma de México. Desde 2007 hasta 2012 fue Principal Fellow-Associate Professor de la Universidad de Melbourne, donde ha realizado numerosas estancias como investigador y colaborador con John Griffiths y Michael Christoforidis. Ha sido crítico musical de la Gaceta Complutense y ha colaborado habitualmente como crítico de discos de guitarra en el Boletín de Información Discográfica de Diverdi. Colaborador del Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana y coautor del Diccionario de la Zarzuela. España e Hispanoamérica, ha publicado con Cambridge y Oxford University Press y con The New Grove Dictionary of Opera, la última edición de la enciclopedia alemana Die Musik in Geschichte und Gegenwart y la Historia de la música en España e Hispanoamérica del Fondo de Cultura Económica. Es Presidente de la Sociedad Española de la Guitarra y director de la revista Roseta. En 2016 obtuvo una Beca Fulbright para desarrollar una investigación sobre los músicos españoles activos en Estados Unidos durante la Guerra Fría.

Más información en el siguiente link: https://www.ucm.es/dep-musicologia/javier-suarez-pajares

Foto de Valentín Suárez


 


 

Artículos




La Música Contemporánea, la Música Española y sobre mi música.

por JoaquínRodrigo

 
Se quiera o no se quiera, guste o no guste, es indudable que la música de nuestros días se aleja del diatonismo, de aquella atracción y repulsión que fue su eje durante los tres últimos siglos, incluso se aparta también del modalismo.  Aunque no son muchas las obras escritas en un dodecafonismo exclusivo o dentro de la más absoluta atonalidad, son, muchísimas las que nos hablan con un lenguaje que considerado tonalmente sería ininteligible, sin posible análisis.  Sin aquellas funciones tonales, han desaparecido las cadencias y con ellas lo que hemos entendido por melodía.  Y es un hecho, que, cualquiera que sea el valor de la música actual, ésta más que para minorías, como siempre lo fue la música a fin de cuentas, es para grupos de profesionales. 
Si bien no estoy seguro de ello, estimo que la música de hoy no camina paralela a la literatura de nuestro tiempo, y esto lo creo un error por parte de nuestros compositores.  La novela y el teatro tienen, al menos así me lo parece, un ideal más alto, una ambición de grande y humano horizonte muchas veces alcanzado, y modestamente creo que esta ambición nos falta a los compositores de hoy demasiado preocupados en problemas técnicos y profesionales.
 
Cuando mi generación comenzó sus primeros ensayos, la música española estaba empeñada en un casticismo musical de cortas ambiciones o en un nacionalismo más anhelante. Dentro de los dos campos que, si bien hostiles eran dos veces hermanos, se habían producido obras maestras y parecía incómoda proseguir con la postura o posturas anteriores.Sin embargo, todo aquello no estaba agotado, ni mucho menos.

De mi música se ha dicho que está inserta dentro del neoclasicismo. La fórmula no me repugna, ni mucho menos; pero entiendo que la música española si es auténtica, y yo creo, modestamente, que cualquiera que sea su valor, la mía lo es, no puede ser neoclásica porque España, contrariamente a lo ocurrido en Italia, en Alemania y hasta en Francia, no tuvo clasicismo. Por lo tanto, creo que parte de mi música prosigue en la escuela nacional en la que, como dije, había mucho que hacer, y creo que todavía no está agotado, aunque sí cansado, y parte se lanza hacia un intento no de neoclasicismo, pero sí de neocasticismo: puesto que sí es indudable que tuvimos un casticismo, es posible intentar un neocasticismo.

Mi música habla un lenguaje marcadamente tonal o modal, puesto que dentro de lo modal podemos también comprender el exotismo de nuestras viejas escalas muy orientalizadas. También se pueden encontrar escapadas más o menos politónicas, pero salvo algunos ensayos dodecafónicos sin verdadero significado dentro de mi obra, toda está incluida dentro del campo tonal, dándole a esta palabra la mayor flexibilidad y ensanchamiento de límites. No me he parado en analizar mi propia música, pero creo que el acorde perfecto es, a pesar de todo, el eje de mi lenguaje. No me molesta el dodecafonismo, ni siquiera el atonalismo, del que no comprendo por qué se simula silenciar, no soy enemigo de ello como no lo soy de nada, pero es amargo para los españoles, renunciar a sus cadencias, a sus giros, a todo aquello que nos ha valido el puesto que ocupamos y la consideración que gozamos. Somos muy jóvenes, musicalmente hablando, acabamos de ganar las primeras victorias que no sobrepasan los cincuenta años, y renunciar a lo que ha sido causa de ellas es muy duro, todavía.
 
©  Joaquín Rodrigo, escrito en los años sesenta


 


 

Biografía de Joaquín Rodrigo 1901 - 1999


Joaquín Rodrigo nace en Sagunto el 22 de noviembre de 1901, día de Santa Cecilia, patrona de la Música. A los tres años de edad, pierde la vista como consecuencia de una epidemia de difteria. Esta circunstancia, como más tarde afirmaría él mismo, le conduce sin duda hacía su vocación por la música. A los ocho años comienza sus estudios musicales de solfeo, violín y piano, y a partir de los 16, armonía y composición con los maestros del Conservatorio de Valencia, Francisco Antich, Enrique Gomá y Eduardo Chavarri Sus primeras composiciones datan de 1923: Suite para piano, Dos esbozos, para violín y piano, y Siciliana, para violonchelo. En 1924 su primera obra para orquesta, Juglares, fue estrenada en Valencia y Madrid, y obtiene el diploma de honor en un concurso nacional con su obra para orquesta, Cinco piezas infantiles, que fue estrenada más tarde en París por la Orquesta Straram. Desde el principio, Rodrigo escribe todas sus obras en el sistema Braille, dictándolas después a un copista.

En 1927, siguiendo el ejemplo de sus predecesores Albéniz, Falla, Granados y Turina, Rodrigo se traslada a París e ingresa en la Escuela Normal de Música para estudiar durante cinco años con Paul Dukas, quien demuestra una especial predilección hacia su discípulo. A la muerte de su maestro, en 1935, Rodrigo escribe en su memoria la Sonada de adiós para piano. Pronto se da a conocer como pianista y compositor en los ambientes musicales parisinos y entabla amistad con Ravel, Milhaud, y Honegger, y muchas otras grandes figuras de aquel tiempo, entre ellas Manuel de Falla, cuyos consejos y apoyo serían decisivos en su carrera.

En 1933 contrae matrimonio con la pianista turca Victoria Kamhi, quien es desde entonces hasta su fallecimiento en julio de 1997, compañera inseparable y su más asidua colaboradora. Continúa los estudios de musicología en Francia en el Conservatorio de Paris y en la Sorbona, y trabaja también en Alemania, Austria y Suiza antes de regresar a España en 1939, para instalarse definitivamente en Madrid. 
En 1940 tiene lugar en Barcelona el estreno mundial del Concierto de Aranjuez para guitarra y orquesta, obra que le daría fama universal y claro ejemplo de su personal estilo.

A partir de entonces desarrolla una intensa actividad artística, tanto creativa como académica, siendo de especial relevancia los siguientes cargos: Catedrático de Historia de la Música en la Universidad Complutense de Madrid, asesor musical de Radio-difusión, crítico musical en diversas publicaciones y Jefe de la Sección Artística de la ONCE (Organización Nacional de Ciegos Españoles). Es invitado, en su calidad de excelente pianista y conferenciante, a realizar giras por España y el resto de Europa, América Latina, Estados Unidos, Israel y Japón. Siempre acompañado de Victoria, asiste frecuentemente a Concursos y Festivales dedicados a sus obras.

La música de Joaquín Rodrigo representa un homenaje a las distintas culturas de España. Ningún otro compositor español se ha valido, como fuente de inspiración, de tan variadas manifestaciones del alma de su país, desde la historia de la España romana hasta los textos de los poetas contemporáneos. Su música es refinada, luminosa, fundamentalmente optimista, con evidente predominio melódico y con armonía original. Sus primeras obras acusan la influencia de compositores de su tiempo como Ravel y Stravinsky, pero muy pronto surge la voz personal que llegará a crear un singular capítulo de la cultura española del siglo XX, donde la originalidad de su inspiración musical va unida siempre a una devoción por los valores fundamentales de su tradición.

La fecunda y variada creación musical de Joaquín Rodrigo incluye once conciertos para distintos instrumentos, más de sesenta canciones, obras corales e instrumentales, y música para escena y cine. Algunos de los más destacados instrumentistas de nuestro tiempo le han encargado obras, entre ellos Gaspar Cassadó, Andrés Segovia, Nicanor Zabaleta, James Galway, Julian Lloyd Webber y el Cuarteto Romero. Sus escritos sobre música son numerosos y demuestran su profundo conocimiento de las artes, ya que tratan temas tan variados como la polifonía española del siglo XVI, los poemas sinfónicos de Richard Strauss, y la dirección de orquesta, entre otros.

Joaquín Rodrigo recibió a lo largo de su vida numerosas distinciones por parte de gobiernos, universidades, academias y otras entidades civiles y musicales de muy diversos países, pero son particularmente significativas las mencionadas a continuación, que reflejan el lugar destacado que ocupa el compositor en la historia cultural de España: Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio, Gran Cruz del Mérito Civil, Medallas de Oro al Mérito en el Trabajo y de las Bellas Artes, dos veces Premio Nacional de Música, Doctor honoris causa por diversas universidades, Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y Premio Fundación Guerrero. En 1991, con motivo del 90 aniversario de su nacimiento, se celebraron conciertos-homenajes dedicados a su música en todo el mundo, y Joaquín Rodrigo fue ennoblecido por S. M. el rey de España don Juan Carlos I, con el título de “Marqués de los Jardines de Aranjuez”. En 1996 recibió la distinción más alta concedida en España, el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, otorgado por primera vez a un compositor. El jurado destacó que “su nombre se inserta ya entre los de los clásicos de la música española, al lado de Falla, Granados o Albéniz y valora muy especialmente la definitiva aportación del Maestro Rodrigo a la dignificación e internacionalización de la guitarra como instrumento de concierto”.

Joaquín Rodrigo falleció en Madrid el 6 de julio de 1999 rodeado de su familia.

Con el fin de proteger y divulgar el valioso patrimonio artístico de Rodrigo, su única hija, Cecilia, casada con el célebre violinista Agustín León Ara, funda en 1989 las Ediciones Joaquín Rodrigo y, en 1999, constituye asimismo la Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo.

 
© Raymond Calcraft


 


Más información sobre el compositor en la web del compositor Joaquín Rodrigo

Nuestro agradecimiento al musicólogo Javier Suárez-Pajares, especialista en el compositor Joaquín Rodrigo y su música.

Nuestro agradecimiento a Cecilia Rodrigo Camhi, hija del compositor y directora de la Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo, Fundación que reúne un archivo y  un amplísimo fondo documental informatizado, compuesto por el material editorial, gráfico, audiovisual, musical y por la correspondencia, la prensa y los escritos de Joaquín Rodrigo acumulados por el compositor y su esposa a lo largo de cerca de cien años. El Archivo incluye también la Casa Museo, conservada intacta tal y como era en vida del compositor y su esposa. Agradecemos a Cecilia su valiosa colaboración. Esperamos que este perfil sirva para ayudar a difundir aún más la obra y figura del compositor Rodrigo.

Os aconsejamos la web del compositor Joaquín Rodrigo que está llena de muy valiosa información.


 


 Una breve Bibliografía:
 
  • Calcraft, Raymond y Matthews, Elizabeth. "Joaquin Rodrigo: Voice & Vision". Ediciones: Joaquín Rodrigo, 2016
  • Kamhi de Rodrigo, Victoria, "De la mano de Joaquín Rodrigo. La historia de nuestra vida". Ediciones Joaquín Rodrigo, 1995.
  • Laredo, Carlos, "Joaquín Rodrigo. Biografía". Sinerrata Ediciones, 2013.
  • Moyano, Eduardo, "Concierto de una vida". Maestro Rodrigo's Memoirs. Ediciones Planeta, S.A., 1989
  • Suárez-Pajares, Javier, "De Madrid, A Joaquín Rodrigo". Ayuntamiento de Madrid, 2001

Más información en la página web del compositor Joaquín Rodrigo









     
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