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Entrevista con Jorge Fernández Guerra


27/11/2017

Entrevista. La Editorial hispano-alemana World Edition publica el CD "Angelus Novus" ópera de cámara de Jorge Fernández Guerra, con música y guion basado en textos de Walter Benjamin. Hemos hablado con él y esto es lo que nos ha contado:  





1. Ruth Prieto:
La Editorial World Edition acaba de publicar su disco CD #0031 JORGE FERNÁNDEZ GUERRA ANGELUS NOVUS, ¿qué nos puede comentar de este proyecto? 
 
Jorge Fernández Guerra: En rigor, el proyecto fue el del montaje para su estreno en Teatros del Canal de Madrid en mayo de 2015. La grabación se realizó a continuación por los mismos intérpretes aprovechando la dinámica de trabajo del estreno.
En cuanto al proyecto de la ópera, la posibilidad surgió cuando la Gerencia de Teatros del Canal me propuso la posibilidad de realizar una ópera de cámara en lo que iba a ser la apertura de su Sala Negra, un espacio hasta ese momento de ensayo y de fascinantes posibilidades para montajes con un escenario libre. A partir de ahí comencé a pensar en una temática que me interesara y llegué pronto a la idea de utilizar textos de Walter Benjamin.
 
2. R.P.: La música y el guion están basados en textos de Walter Benjamin, ¿qué vamos a descubrir en este CD?
 
Jorge Fernández Guerra: Lo que descubre el oyente es la parte musical de mi ópera. Es un material inestimable, dadas las escasas oportunidades que tenemos de llevar al disco cualquier grabación de una ópera. Pero, es obvio que se queda uno con ganas de disponer de un DVD con el vídeo en el que se pudiera contemplar la riqueza del trabajo de la directora de escena Vanessa Montfort, la sugestiva instalación lumínica de la artista plástica Darya von Berner y el exhaustivo aporte actoral del barítono Enrique Sánchez-Ramos y la soprano Ruth González.
"De todos modos, es un paso enorme en la buena dirección. Es mi tercera ópera, y es la primera que se graba y edita en CD."
 





3. R.P.: La Editorial hispano-alemana World Edition es un sello especializado en música de creación actual, ¿qué falta hoy en día a la difusión de la música contemporánea?
 
Jorge Fernández Guerra: La propia pregunta casi contiene parte de la respuesta. Necesitaríamos sellos discográficos como este. Es cierto que World Edition es una iniciativa de la compositora hispano alemana María de Alvear, pero su mecanismo de producción, situado en Colonia, y su lógica de distribución son alemanas. Esto es una riqueza enorme. Imagínese lo que es tener una distribución internacional como esa para una producción española.
Aparte de los sellos discográficos, una auténtica difusión a la altura de nuestro tiempo precisa de una intensiva presencia en redes. Los canales de YouTube son gratuitos, pero si hablamos de productos audiovisuales hay que tener las grabaciones realizadas y en buenas condiciones. Aparte de esto, la difusión automática en Internet no lo es todo, hace falta imagen de marca, una suerte de marca España a nivel de la música de creación. Y ahí vienen los problemas de fondo. En estos momentos nuestro país atraviesa una crisis de autoconfianza que yo había olvidado. Al desmantelamiento de instituciones encargadas de tutelar esta franja del repertorio lo único que le ha seguido es resignación, y el público, no menos apagado que los creadores y el propio sector, tiene muy poca motivación para seguir los pasos de una creación artística que desprende olor a ruina y desolación. Vendrán tiempos mejores, pero no será rápido. Yo quizás no los vea.
 
4. R.P.: Musicalmente, ¿cómo ha sido su proceso creativo para este CD?
 
Jorge Fernández Guerra: En una ópera, el proceso creativo es global, no solo se piensa desde la música. Y más aún si el propio compositor es libretista, como es el caso. Me gustaría contar cómo se produce esa compleja asociación. Yo soy libretista puramente ocasional (aunque lo he sido en mis dos últimas), pero tiene tantas ventajas que cuesta mucho desprenderse de ello. Para empezar, puedo realizar toda clase de cambios en el texto sin complicar a nadie ni discutir, y eso sucede constantemente y cuando menos lo esperas; de hecho, proporciona confianza ya que si una simple palabra se te atraviesa buscas un sinónimo y ya está. Por otra parte, te permite componer a un ritmo totalmente libre. En mi anterior ópera, Tres desechos en forma de ópera, tenía ya fragmentos significativos de la ópera compuestos y aún no había concluido el libreto en las partes que me faltaban. Incluso, las partes ya realizadas me podían dar ideas para el libreto aún pendiente.
En el caso de Angelus novus no fue así, ya que el libreto, esto es, la redacción de los textos y la confección de las escenas, estaba prácticamente hecho cuando comencé con la música, con la excepción del principio de mi trabajo musical, que no coincide con el comienzo de la ópera en su forma final.
​"En cualquier caso, poder jugar con el texto libremente durante la composición musical es una ayuda formidable."






Respecto a la música misma, utilicé una serie dodecafónica de Stravinsky (de su obra Threni), como material de partida. No era necesario que fuera dodecafónica ni que fuera de Stravinsky, es una coquetería personal. Threni es una lamentación y esa idea me gustaba para Angelus novus. Pero la forma de usar la serie no solo no es dodecafónica, es que es casi un atraco. El único sentido de usar una serie era el de formalizar que no parto de materiales previos, de origen o atmósfera tonal, por ejemplo. Pero, no obstante, la atmósfera tonal llegó cuando se fueron formando configuraciones melódicas a partir de su propio desarrollo. No es una forma de componer fácil de describir porque no es metódica ni está formalizada, es como ver crecer el material pero desde la lógica auditiva. Aparte de que necesito esos resultados para la escritura vocal, no me gusta mucho la escritura vocal atonal en una ópera, creo que es un callejón sin salida.
En cuanto a la parte puramente instrumental, me he divertido mucho, tanto haciéndola como luego escuchándola a ese quinteto de virtuosos con los que pude contar (Joaquín Michavila, flauta; Mónica Campillo, clarinete; Gala Pérez Iñesta, violín; Isabel Requeijo, piano; y Rafa Gálvez, percusión; todos ellos muy bien concertados por Juan Carlos Garvayo), un lujo.
 
5. R.P.: Comenta usted sobre la obra que: “Aspira a comunicar y servir a la naturaleza expresiva de las ideas”, desde el punto de vista creativo y musical ¿cómo aborda usted esta idea?
 
Jorge Fernández Guerra: Si usted dice que yo he comentado eso, la creo, pero no recuerdo bien esa expresión ni me dice mucho, entre otras cosas porque tiene algo de obviedad. De todos modos, remanguémonos: supongo que la naturaleza expresiva de las ideas se da por supuesta, lo que no se da igual es la calidad que se alcance. Entiendo, que la manera más pura de alcanzar esa “naturaleza expresiva de las ideas” consiste en que estas se plasmen con total limpieza y claridad. Pero para eso hay que partir de un acuerdo respecto a lo que son las ideas “expresables”. Algunas de esas ideas podrían ser las emociones, otras podrán ser los conceptos abstractos. En el caso de una ópera, las ideas deben vehicularse desde la lógica de los personajes que se presentan; otro caso sería que los personajes fueran entes abstractos que transmiten conceptos, al modo de una cantata.
Si volvemos a la realidad de mi ópera, que nos trae aquí, yo he abordado las ideas en varios planos: el más inmediato es el de un personaje que transmite recuerdos, generalmente de su infancia, así como ideas más conceptuales. Todos los textos (con alguna excepción de poco relieve) parten de los de Walter Benjamin, así que utilicé esos textos como si fueran el itinerario de una persona (Benjamin, titular de esos recuerdos) que podría estar en un recordatorio de su vida, como si fueran sus últimos momentos. Está claro que se evoca la situación del filósofo en esa noche última pasada en un hotelucho de Port Bou, esperando y provocando su muerte para no seguir el calvario que se le anunciaba si se le entregaba a la Gestapo. Pero, aunque los textos evoquen esta situación, no la describen ya que Benjamin no ha dejado textos propios de esa famosa noche, salvo que alguna vez se descubra algo en la célebre maleta hoy desaparecida.
Otro aspecto clave de mi enfoque es que los textos de Benjamin se reparten en dos personajes, un hombre y una mujer. Podemos suponer que el hombre es el propio Benjamin, pero, ¿quién es la mujer? Yo no lo aclaro, pero es alguien que sabe todo lo que él piensa. Así que queda abierta la identidad de esa mujer sombra. ¿Quizá un ángel? ¿Una cuidadora, algo inverosímil en esa situación? ¿Una agente de la Gestapo? La idea más sugestiva y poética es la primera, ángel, pero es la más enloquecida dramatúrgicamente. Como yo no lo dejo claro, queda a la libertad de quien realice el montaje. La versión de Montfort, apostando por un universo de alto nivel simbólico y sin ninguna otra aclaración, me parece tan atinada como fascinante. Pero entiendo que cualquier otra tendría el mismo valor.
 
6. R.P.: ¿En qué momento como compositor se encuentra?
 
Jorge Fernández Guerra: Me encantaría seguir haciendo ópera. Creo que he atesorado una experiencia muy valiosa en un campo de extrema dificultad y, claro está, sería penoso no aprovecharla.
Por otra parte, hacer ópera es consustancial a poder representarla, no es asumible hacer óperas para el cajón. Yo he conseguido producir dos óperas de pequeño formato con un embrión de compañía, laperaÓpera, pero el tiempo corre en mi contra. Ahora mismo no veo en el horizonte perspectivas de que pueda seguir realizando lo que deseo y pretendo; pero es cuestión de seguir, las perspectivas podrían aparecer tras la siguiente loma. Tampoco tenía perspectivas de que Angelus novus se fuera a grabar y editar en CD y sin embargo se ha realizado. Por naturaleza, no suelo ser pesimista.
 
7. R.P.: ¿Cómo ve la panorámica en Europa de la música contemporánea?
 
Jorge Fernández Guerra: Al margen de que la composición sigue actuando como si el mundo fuera el mismo que hace cincuenta o cien años, veo que lo que no es lo mismo ni de lejos es Europa. Los compositores de creación seguimos con referentes tipo Schoenberg, Webern, Stravinsky, etc., y un salto generacional después, Stockhausen, Boulez, Ligeti, Cage, etc. Sin embargo ni el mundo ni Europa se parecen en nada a lo que vivieron esta gente. Ha desaparecido el interés que podía haber respecto a la producción de la creación musical; pintamos muy poco, por más que la fenomenal inercia centroeuropea se empeñe en no verlo. Así que los citados referentes no nos valen, o no más que Bach, Beethoven, Brahms, Mozart o Monteverdi (que cada cual ponga aquí el nombre que quiera).
La música contemporánea no solo tiene que ser nueva (siempre lo es cuando es buena), es que debe crear su propia justificación. Algunos hablan de que no se llega al público, y lo dicen con una ingenuidad digna de mejor causa. ¿Qué público? ¿Qué sociedades? Europa está en una situación de extrema fragilidad, apenas sabe quién es ni qué es. En este contexto, una pieza de música con algún ruidillo nuevo o una argucia técnica de nueva factura no puede frenar la marcha de un mundo que se nos echa encima. Ese era el sentido del famoso cuadro de Klee, Angelus novus, que Benjamin llevaba consigo casi hasta el final de su vida: el ángel de la historia que es prácticamente atropellado por un huracán de extrema violencia llamado progreso, pero que también podría tener otros nombres: crisis política, amenazas de guerras, conflictos autodefensivos, etc. Una Europa que se bloquea al mundo, que tiene miedo a unos emigrantes desnutridos y sufrientes, que no sabe reorganizar un mejor equilibrio de sus rentas; esa Europa, en fin… ¿qué clase de música contemporánea pretende tener?           
 
8. R.P.: ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
 
Jorge Fernández Guerra: Si me dejo llevar por un cierto desánimo benjaminiano diría que… sobrevivir ya es bastante. Pero, de momento no hay ningún drama a mí alrededor, así que pretendo seguir como si nada sucediera. Si la catástrofe me alcanza, hay varias opciones: la de Benjamin en Port Bou, la de la orquesta del Titanic, la de la heroica, la del cobarde…
Si la pregunta busca respuestas más artísticas, ya he dicho que lo que me apetece más que nada es continuar con la ópera. Y si no hay opciones claras de poner algo en pie, por más modesto que sea; seguiré pensando en fórmulas; seguiré haciendo cursos sobre ello, que me divierten mucho; quizá escriba algún otro libro más sobre la materia, ya he hecho uno y no me ha pasado nada; y no pierdo la fe, al fin y al cabo es igual de barato que mantenerla. Y, desde luego, cada vez que vea un proyecto musical sugestivo o “las musas” me soplen cosas al oído haré la música que corresponda a la ocasión. No parece un programa fascinante de trabajo, pero a mí me parece de una ambición insensata, la de seguir siendo compositor pase lo que pase. 

Más información sobre el CD en la web de World Edition

 


Nacido en Madrid en 1952, Jorge Fernández Guerra es uno de los compositores españoles más destacados de su generación. Además de su trabajo como compositor, que le ha valido el Premio Nacional de Música 2007 del Ministerio de Cultura, ha destacado como gestor musical y como ensayista sobre temas musicales, con importantes responsabilidades en prensa y en destacadas instituciones de la vida musical.Como compositor, su obra se enmarca en el ámbito de los problemas de cambio de paradigma estético que tomaron forma a partir de la década de los años ochenta. Posteriormente, durante su larga residencia en París, en la década de los noventa, amplió su visión de las transformaciones que la música de creación precisaba acometer en el cambio de siglo, entre ellas la revisión lúcida de la herencia vanguardista y una nueva estrategia de validación social de la composición musical de origen europeo.

Más información en la web del compositor Jorge Fernández Guerra

 

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