ISSN 2605-2318

Atelier de músicas

Ismael G. Cabral (Colaborador) 

«Atribulado y valioso Orphée a la sombra de O corvo branco»


24/09/2022

Una crítica de Ismael G. Cabral para El Compositor Habla. El Teatro Real inaugura la temporada con una ópera de Philip Glass sobre el mito de Orfeo Madrid.




Teatros del Canal. 21-09-2022. Philip Glass: Orphée. Edward Nelson (Orphée), Sylvia Schwartz (Euridice), María Rey-Joly (La princesse), Mikeldi Atxalandabaso (Heurtebise), Pablo García-López (Cégeste), Karina Demurova (Aglaonice), Cristian Díaz (Un poète), David Sánchez (Le juge). Orquesta del Teatro Real. Director musical: Jordi Francés. Director de escena: Rafael R. Villalobos.



No se ha logrado aun difuminar en el recuerdo el fenomenal impacto que en 1998 causó el estreno en el Teatro Real de la ópera O corvo branco, de Philip Glass (1937), una de las obras más desconocidas de su catálogo y también más buscadas y deseadas por los seguidores del músico de Baltimore. No lo consiguió desde luego en 2013 The perfect american. Y este tercer encuentro del coliseo madrileño con la lírica glassiana no ha empequeñecido nada aquel misterioso y mitificado Corvo. Sin dudas Orphée (1993) es una pieza de indudable peso en el catálogo del compositor.

 
"Que sea pueda señalar fácilmente como obra menor, que lo es, no resta ni interés a su presentación ni nos impide volver a apreciar el enorme oficio y funcionalidad de las costuras con las que Glass teje unas piezas y otras"











Se encuentra aquí el autor de la insuperada Einstein on the beach con su admirado Jean Cocteau, en cuya obra seguirá profundizando pocos años después con Les Enfants Terribles. Lo hace en Orphée empatizando con aquel a través de la pérdida de un ser querido. Pero este es también un encuentro lógico, toda vez que los temas que animaron todo el rupturismo de Cocteau, la poesía, el amor y la muerte son la base de la tragedia clásica, entendiendo también esta secuencia de planteamiento, nudo y desenlace como la mayor y más funcional simplificación del mecanismo dramatúrgico que mueve la ópera. Pero en su sustrato dramático hay también una disquisición cultural acerca de la creación y del ímpetu de las vanguardias. Un poeta vive angustiado por lo efímero de su arte y de la propia vida, a la vez que deambula como acosado por nuevos artistas jóvenes que parecen tener mucha más pujanza que él. Por el camino se cruzan Euridice y, por supuesto, la Muerte en forma de esbelta y peligrosa princesa que deberá dirimir todas las cuitas emocionales de Orfeo.

De este estreno inaugural de la temporada del Teatro Real, realizado en coproducción con los Teatros del Canal, donde se ha presentado, el triunfador pleno fue la partitura de Glass y, con ella, los 31 músicos de la Orquesta del Teatro Real dirigida por Jordi Francés. Aunque los timbres y el tan fiero como magnético repetitivismo de las primeras piezas del compositor quedan lejos, Orphée es una obra escrupulosamente minimalista. Una creación de enorme fuerza rítmica que incide una y otra vez, durante sus 100 minutos, en células que se engarzan repitiéndose creando un característico efecto de fascinación en el oyente predispuesto a dejarse llevar por la música parcheada de Glass. No interesan aquí las transiciones ni acaso, en exceso, las texturas; toda la creación remite al barroco, a sus bruscos cambios de tono y tiempo y la obra, en fin, se crece cuanto más afila su consistencia reiterativa. Por el contrario se desdibuja algo cuando puntuales asomos de jazz y música de orquestina restallan en el foso.

 
"Jordi Francés no intentó hacer otra cosa que demostrar que el pensamiento de Glass volcado en las notas funciona, mueve la historia y la comenta".









Francés hizo todo esto con estupendas aceleraciones, apreciable rudeza en momentos de algarabía y también volcándose en el subrayado de algunas oportunidades muy camerísticas de especial belleza melódica, como en la secuencia en la que la celesta colorea un pasaje, o en un hermosísimo dúo de flauta y clave. Las voces entonan sus declamaciones, se mimetizan con la orquesta sin hacer lo mismo que ella, sin acudir al canto silábico de Einstein; en lo vocal lo minimal queda reducido a una idea concreta, totalizadora, no hay grandes matices entre unos y otros roles, salvo algunos arranques líricos no demasiado molestos en los que Glass pareciera dudar sobre si el público esperara otra cosa de él.

El dúo de amor entre Edward Nelson (Orfeo) y María Rey-Joly (Princesa) fue, al hilo de lo anterior, uno de esas islas de la ópera en las que el canto sobrevuela por segundos el clima que imprime la composición instrumental. La emisión de ambos cantantes fue dúctil durante toda la función, pese a que puede no evidenciarse como en otros ámbitos estéticos, las dinámicas que emplea el compositor se mueven en los extremos y las voces pueden caer en incómodas tiranteces, cosa que no ocurrió aquí. Muy aplaudido fue Mikeldi Atxalandabaso (Heurtebise), uno de los personajes más humanos por su condición de sobrante, de quien se bate en retirada. Gran actor, además. Cégeste, el poeta pujante que hace tambalear a Orfeo, fue encarnado por Pablo García-López, rol con más enjundia reflexiva que canora y que solventó bien lo que tenía ante sí. Completó un elenco sin escollos Sylvia Schwartz (Eurídice), voz de timbre introspectivo, bello y con gran desenvoltura escénica.



No alcanzamos a entender el empecinamiento de algunos medios en señalar a Rafael R. Villalobos como el más transgresor de los directores de escena españoles. Él mismo rechaza tal etiquetado (aunque sea lógico beneficiario de este) y, de nuevo en Orphée, ha tenido ocasión de demostrar que su camino ni busca la provocación ni tampoco resulta especialmente habilidoso en la concepción de cuadros escénicos epatantes (como en su momento conseguía Calixto Bieito en cada nueva presentación). Que dos divos del repertorio clásico como Roberto Alagna y Alexandra Kurzak salieran haciendo ruido del cast de la Tosca que se verá en el Liceo de Barcelona y en el Maestranza de Sevilla no significa probablemente más que no supieron (o no quisieron) entender la relectura de Villalobos.

"Esa es justamente su principal aportación como director de escena, el sevillano abunda, como otros colegas de su generación, más en un replanteamiento profundo de los libretos que en una visualización radical de sus pensamientos sobre los textos"

Por ello mismo, y Orphée es buena muestra de lo que decimos, su creación muchas veces queda más en el terreno del programa de mano que visualizada en el escenario. Hay traslación de época (del París de los 50 al Nueva York de los 90) y mensaje político (el poeta que pierde su autenticidad por abrazar empresas de producción creativa más liberalizadas). También mostró un sutil descenso a la caverna de la Parca tiñendo de naranja un escenario por el que a menudo deambulaban unos personajes demasiados ágiles en su movimiento escénico; la música de Glass pedía un hieratismo mayor, no tanto senderismo de un lado a otro. Hubo otro potente trasvase de ideas entre su creación para la ópera Marie, de Germán Alonso, y este título. Si allí una iluminada e imponente cruz empequeñecía a los protagonistas, que se sentían amenazados por ella y que incluso la transitaban, aquí es una parsimoniosa maraña de pantallas encerradas en una gran estructura la que sube y baja, asfixia y oprime a los personajes. No deja de resultar curioso que el mayor impacto dramático de la concepción de Villalobos recaiga sobre un elemento escenográfico y no en la acción que los protagonistas desarrollan.
 
©Ismael G. Cabral Septiembre 2022




Las fotografías son de Pablo Lorente facilitadas por el Teatro Real

Más información en la página web de Teatro Real

Aquí tenéis todas la entrevistas, críticas y noticias de Ismael G. Cabral en la sección de Ismael en El Compositor Habla: Atelier de Músicas


 


Ismael G. Cabral
Soy periodista (no solo) cultural en Sevilla. Pasé 16 años en la redacción de 'El Correo de Andalucía' (2002-2018). Actualmente escribo sobre música en las revistas 'Ópera Actual', 'Scherzo' y El Compositor Habla.
Y sobre animales en el portal 'Wamiz'. En el pasado, también investigué radio y televisión. Buscando nuevos horizontes.
Ismael G. Cabral








 

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