ENSEMS, (casi) medio siglo tras un espacio propio
26/09/2025
En la recta final, el festival ENSEMS, decano de la música contemporánea en España, cierra su 47ª edición entre luces y sombras: una programación inteligente y de calidad que ha sabido sostenerse frente a recortes presupuestarios, retrasos en la comunicación y la ausencia de dirección artística estable. A las puertas de su medio siglo, la cita valenciana vuelve a demostrar su resiliencia, aunque sigue reclamando el lugar que merece en el mapa internacional de la creación sonora actual.
El lugar del festival de música contemporánea más longevo de España, el valenciano ENSEMS, es (más exactamente, debería ser), cuando está a punto de clausurar su 47ª edición, el de un espacio consagrado y relevante. Sin embargo, cada nueva edición se asemeja a una conquista; quizás sea que su contumaz insistencia por celebrarse lo hace mantenerse a flote en medio de las inestabilidades que aquejan al Instituto Valenciano de la Música. Tras el paso, en época reciente, por la dirección de este de habilidosos responsables que le dieron nuevos bríos: consecutivamente Voro García y Joan Cerveró (que regresó con nuevo ímpetu a la cita tras una primera y larga etapa al frente),y que fueron cesados por decisión política, ahora ENSEMS, cuando acaricia ya el horizonte de su medio siglo, navega sin director pero con un equipo de producción al frente que, in extremis, ha hecho bien las cosas; la programación de este 2025, aunque algo más reducida que la de años precedentes, ha sido pensada con inteligencia y se ha defendido por sí sola sin estrecheces.
Distinto asunto es que los contenidos se dieran a conocer solo unos días antes de su puesta en marcha -del 20 de septiembre al 3 de octubre- y que su presupuesto fuera considerablemente menguado con respecto a la edición de 2024; ambas situaciones derivadas como efectos secundarios del podado a los presupuestos para Cultura que la Generalitat Valenciana ha llevado a cabo en distintos ámbitos. Se aduce, por parte del Gobierno regional de esta comunidad, el efecto devastador de la Dana y las muchas necesidades de inversión; argumentario comprensible pero controvertido cuando es público, por ejemplo, cómo una entidad de más que dudosa filiación cultural como la Fundación Toro de Lidia ha recibido, en este ejercicio 300.000 euros (!)
Sea como fuere, y ciñéndonos ya a este inmediato ENSEMS, se han concitado en torno a él múltiples citas de gran interés, como la presencia del extraordinario conjunto inglés Apartment House, dueños de una estética y de un repertorio propio; también con la comparecencia del dúo LAB51, con la soprano Johanna Vargas, y un doble programa Lachenmann y Bernhard Lang. Se volvió a contar, atinadamente, con la Orquesta de Valencia, y en el mismo programa, con la violista Isabel Villanueva; otra cosa es que el lógico y necesario encuentro con este conjunto precisa una apuesta más desinhibida y menos cargada de escolástica. Programar, como ha sido el caso, al Penderecki más conservador (
Concierto para viola) y al Berio que mira a Schubert para citarlo y darle otro barniz de color (
Rendering) dejaba solo a la breve obra de Boulez (
Livre) como representante de un lenguaje más osado, el único que daba carta de sentido a un festival que, en espíritu y puesta en escena, quiere ser otra cosa, mucho más de aquí y ahora.
ENSEMS también ha pagado justos peajes, como el homenaje al compositor local Amando Blanquer, la Banda Sinfónica Municipal de Valencia ha actuado acompañada del ensemble Spanish Brass, los saxofonistas de Kebyart presentaron parte de su repertorio más actual, y el Cuarteto Cosmos puso en diálogo a Mozart y Brahms con Adès y Rodríguez Valenzuela. También estuvieron Camera Aperta, el percusionista Ramón López, el artista sonoro Alfredo Costa Monteiro, Llorenç Barber orquestó un homenaje a Fluxus y el pianista Juan Pérez Floristán estrenó a Josep Planells y puso en el atril a Berio, Ligeti y Crumb.
De cara al 2026, y en medio de un panorama que no hace presagiar una mejora en la estabilidad del encuentro, sería deseable para que la cita se situara en el lugar que merecería estar un posicionamiento más decidido por la presencia internacional y un ánimo programativo más combativo. El mismo Irvine Arditti, en la edición de 2024 y al recoger el premio que le otorgó Ensems, habló de que, en los escenarios donde se escribe la historia de la música actual la cita valenciana es conocida, por su persistencia, pero también por sus continuos vaivenes. Está en manos de quienes rigen la cultura en aquella comunidad que el festival, a poco ya de su medio siglo de vida, solo sea aludido por lo bueno que en él se ofrece y se presenta, no por unos achaques que lo aquejan, prácticamente, desde su nacimiento.
© Ismael G. Cabral