ISSN 2605-2318

Atelier de músicas

Ismael G. Cabral (Colaborador) 

«La sutileza de Fernández Vidal frente a los decibelios» Ismael G. Cabral


11/11/2025

En el Auditorio Nacional de Música, la Orquesta Nacional de España y la directora Gemma New estrenaron Se sueña que se está soñando, una nueva creación de Carme Fernández Vidal que confirmó, una vez más, la solidez y coherencia de su universo sonoro. En un programa que contrastó delicadeza y exuberancia —de la introspección daliniana de Fernández Vidal al colorido de Copland, Gershwin y Rimski-Korsakov—, la compositora mallorquina ofreció una obra de ensoñación suspendida, capaz de brillar incluso frente al empuje decibélico de sus ilustres compañeros de cartel.




Madrid. 09-11-2025. Auditorio Nacional de Música. Juan Floristán, piano. Orquesta Nacional de España. Gemma New, directora. Obras de Fernández Vidal, Copland, Gershwin y Rimski-Korsakov.

No hay duda tras la escucha del estreno absoluto y encargo realizado por la Orquesta y Coros Nacionales de España (OCNE) a la compositora Carme Fernández Vidal que se ha tomado muy en serio la oportunidad brindada. Podrá argüir la autora, y seguro que es así, que toma con la misma consideración cada nueva obra que emprende. Pero cuando la directora Gemma New diluyó, en el pasado concierto de abono de la OCNE, las últimas notas de Se sueña que se está soñando, era fácilmente constatable que había alumbrado una pieza importante en su catálogo.

 
«Una partitura que sintetiza mucho de lo expresado en otras precedentes y que, más aún, parece abrir pistas de nuevos caminos a recorrer»








A poco que se conozca la música de la compositora mallorquina se podrán establecer una serie de coordenadas armónicas que, en la nueva página, no son negadas, pero sí generosamente ampliadas. A partir de la idea reflexiva de Eugenio Trías, Fernández Vidal traza un discurso musical de hechuras dalinianas, entiéndase esto con una cierta literalidad plástica: la música coherente y bien armada generó pasajes diluyentes y de una rara y encantadora maleabilidad que podían ejemplarmente conectar con una idea sui generis pero nada desatinada de surrealismo musical. Tanto Gemma New como los profesores de la Nacional afrontaron con pulcritud una creación enormemente formalista pero no por ello, envarada, sí con posibilidad de crecer en futuras reposiciones. Coherente y evitativa de adornos y follajes superfluos, fiel a la idea expresada por la propia Fernández Vidal, Se sueña que se está soñando queda en el recuerdo como una pieza de carácter suspensivo y raíz extraña; propiciando imaginariamente una dupla de obras que se complementan y se contestan; pensamos ahora en Stilleben, de Elena Mendoza, presentada en 2022 por esta misma orquesta; y con la que comparte ciertos flujos estéticos.

New, directora de escuela norteamericana, abrazó a la orquesta con trazos amplios, muy teatrales, pero más allá de lo escénico, válidos para redondear una visión apolínea del ballet Appalachian Spring, de Aaron Copland, una obra rebosante de espíritu USA que encarna, como quizás ninguna otra, la identidad sonora de aquel país. Con melodías ligeras y cierta epicidad, la OCNE dio con el color correcto de esta música agradecida hecha por un autor que debería programarse más (y con mayor amplitud de miras sobre su legado) en los auditorios europeos.

Otro tipo de música, más cincelada que la de Copland, quizás más importante pero menos sincera en su deseo de idear un jazz sinfónico propio es la Rhapsody in blue de George Gershwin. Tanto New como Juan Floristán al piano parecieron (o eso transmitieron) pasárselo en grande con esta eclosión de cascadas de endiablada técnica. Mano a mano amasaron un sonido corpulento, poco o nada jazzístico, pero válido para transitar una partitura como esta en la que diversas y antagónicas miradas son posibles. Debe ser que por eso esta es una gran obra.

No fueron buenos compañeros de jugada los que le tocaron a Carme Fernández Vidal. Su mistérica creación quedó en un buen lugar del recuerdo, pero con peligro de ser diluida por todo lo decibélico que vino después. Acabó el programa con el Capricho español de Rimsky-Korsakov, una obra potentemente rusa con temas patrios; un muralito de pintoresquismo brillante compuesta con un conocimiento de la orquestación apabullante. Se veía venir, New y la OCNE sellaron un acercamiento extrovertido de una música tan poco sutil y pegadiza que incluso cuando se hace mal (lo que no fue el caso) es recibida con alborozo.

Las fotos son de Rafa Martín cortesía de la OCNE
© Ismael G. Cabral


 

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