ISSN 2605-2318

Atelier de músicas

Ismael G. Cabral (Colaborador) 

«La SWR y Roth; en Madrid, Mozart en lugar de Manoury»


27/01/2026

Excelencia orquestal, oficio interpretativo y un sonido de referencia: todo eso estuvo presente en el concierto de la SWR Stuttgart en Madrid. Sin embargo, la renuncia a incluir música contemporánea —una de las señas históricas de la formación— dejó una sensación de oportunidad perdida que empañó un programa, por lo demás, servido con rigor y brillantez. Una crítica de Ismael G. Cabral



Madrid. 21-02-2026. Auditorio Nacional de Música. Orquesta Sinfónica SWR Stuttgart. Emmanuel Pahud, flauta. François-Xavier Roth, director. Obras de Debussy, Mozart y Ravel.

Alemania sigue siendo un vergel en cuanto a orquestas de enorme calidad. Se podría hacer una larga enumeración de ellas. Sin duda, una de las que está a la cabeza por su solvencia técnica pero también por su repertorio es la SWR Symphonieorchester. Esta, en 2016, surgió como fusión de la SWR Radio Symphony Orchestra Sttutgart y la SWR Symphony Orchestra Baden-Baden und Freiburg. La primera, con Sir Roger Norrington como uno de sus grandes directores titulares, fue durante años un faro para conocer el repertorio clásico (con fabulosas interpretaciones históricamente informadas en las postrimerías del repertorio romántico); la segunda, una formación capital en la historia de la música contemporánea (su doble presencia anual en el Donaueschinger Musiktage vertebra el festival en su género más importante del mundo).

De aquella conjunción, la SWR de hoy es una suma de todas las fortalezas expresadas. Músicos de una y otra han convergido en la orquesta que es hoy y, en todo caso, más allá de sus profesores; es un conjunto que asume todo aquel legado y continúa repensándolo en cada presentación. Por eso se quedó algo cojo el reciente concierto en el Auditorio Nacional de Madrid bajo el auspicio del ciclo de conciertos La Filarmónica. Antes de partir a España, la SWR ofreció en casa casi exactamente el mismo concierto que ofrecieron en gira. Con una salvedad, no trajeron consigo Saccades, para flauta y orquesta, de Philippe Manoury (queda al menos la posibilidad de escucharla en esta grabación audiovisual de la ARD). En su lugar, el mismo solista, Emmanuel Pahud, interpretaría el Concierto para flauta y orquesta KV 313/285C de Mozart. Desconocemos si esta decisión obedece a un planteamiento hecho de antemano por Pahud y la orquesta o si fue -y esta sería nuestra apuesta- por sugerencia/imposición de los promotores que han movido a la formación en España. En todo caso, haber perdido la oportunidad de conocer la partitura de Manoury en los atriles de una agrupación especializada ha sido un grave fallo. Y una muestra más del agotador conservadurismo programativo, lo auspicie quien lo auspicie.


Así las cosas, Pahud con Mozart se mostró como un profundo conocedor del material que tenía ante manos, el Concierto K 313 sonó en una interpretación que podríamos deducir como una síntesis de la herencia interpretativa de la orquesta. Pahud conecta con la tradición de los flautistas clásicos (se piensa en Rampal, en Galway); sus frases son largas y no hay asomo de nerviosismo en la manera de cantar a Mozart. Se podría hablar de una ejecución romántica de no ser porque Roth y la SWR, como avanzábamos, se muestra hoy con un idiomatismo propio tomado de las enseñanzas de dos de sus anteriores titulares: hereda la ligereza de Sir Roger Norrington y cierto preciosismo más arrobado de Stephan Denève.

En el siglo XX francés el flautista titular de la orquesta, Matvey Demin, encandiló con la morosidad con la que lanzó el tema del Preludio a la siesta de un fauno de Debussy. Pero lejos de una aproximación canónica, Roth optó por un estado de ensoñación onírica, con pasajes en los que parecía suspenderse la escucha, como mecida por un vaivén de exótica pureza tímbrica. El intensísimo trabajo que llevan a cabo los profesores de la SWR con tanta y tanta música contemporánea les permiten entregar unas texturas diáfanas y trabajadas con precisión de orfebre. Fue tarea del director empacar todo ese caudal de excelencia.

Bajo los mismos parámetros evolucionó todo el ballet Dafnis et Chloé de Ravel que, en esta versión sin coro, adquirió un cariz aún más sinfónico; menos dionisiaco quizás, pero de colosal impacto en la forma en la que, como disfrutamos, Roth fue encaminando toda la partitura hacia la Bacanal conclusiva. Pero, a mayores, fue aquí -en toda la extensión de la partitura raveliana- donde la Orquesta de la SWR pudo demostrar que posee un sonido propio que hace de cada aproximación a una obra del siglo XX casi siempre un canon interpretativo. Ya fuera por la serenidad y majestuosidad de los metales (ambas cosas y a la vez son posibles), por la tersura de las cuerdas o por una percusión en su lugar, oíble en cada color, pero no impositiva. Tuvo la organización el detalle de facilitar el guión de los acontecimientos que veríamos en una versión danzada, lo que subrayó el carácter programativo de una página que Roth condujo con seguridad, sabedor de -y pocas veces se puede afirmar con tanta rotundidad- estar sentando cátedra.

Las fotos son de Rafa Martín

© Ismael G. Cabral
 
 

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