18 Ciervas: la buena música de Sira Hernández (…y luego lo demás)
23/06/2026
Entre la poesía, la danza y la música, 18 Ciervas propone un viaje escénico por los territorios de la memoria, el deseo y la herida emocional. Estrenada en el Teatro de la Zarzuela, la nueva creación musical de Sira Hernández reúne a la actriz Olivia Molina, la bailaora Olga Pericet y los textos de Rosana Acquaroni en una propuesta interdisciplinar donde la música de la compositora catalana la que termina convirtiéndose en el verdadero eje y principal fuerza expresiva del espectáculo. Una crítica de Ismael G. Cabral para El Compositor Habla
Madrid. Teatro de la Zarzuela. 16-06-2026. 18 ciervas. Compositora y pianista: Sira Hernández. Danza y coreografía: Olga Pericet. Actriz: Olivia Molina. Poemas: Rosana Acquaroni.
Entre el amor y el desamor los poemas del libro homónimo de Rosana Acquaroni representan una escritura de otro tiempo; un texto henchido de imágenes sublimadas y en el que subyace, todo el tiempo, un farragoso anhelo de trascendencia, de concederse importancia y gravedad en cada palabra. Es verdad que, desde luego, no retratan a una mujer movida por emociones previsibles; y aunque se conculquen numerosos tópicos, hay en su obsesivo laberinto de desengaños y crudas realidades pasajes en los que todas y todos, de alguna manera, podemos reconocernos.
En estas
18 Ciervas, que se han estrenado en una función única en el Teatro de la Zarzuela, hay más elementos. Está el baile de Olga Pericet. El gusto que tantas aventuras contemporáneas han tomado por lo flamenco adquiere ya contornos pandémicos. Y, desdichadamente, hasta la fecha, solo Luigi Nono pareció saber cómo incrustarlo en su pensamiento compositivo, cómo, efectivamente, logro dialogar con él. Aquí la bailaora cordobesa invoca -claro- al viaje interior y otorga teatralidad a un espectáculo sencillo que podría prescindir de ella y seguir funcionando. No beneficia a la expresión de realidades tan íntimas un taconeo que parece estar, todo el tiempo, persiguiendo exteriorizar la violencia interior que albergan los textos de Acquaroni. Y aunque Pericet sea una creadora muy notable en su ámbito, su gestualidad y baile no avanzó mucho más allá del sota, caballo y rey. Ilustró estos poemas o, con la misma coreografía, podría haberlo con una teatralización de Agata Christie.
Un gran acierto es no haber convertido las
18 Ciervas en una densísima colección de canciones. La actriz Olga Molina, desde el estatismo a la relación más intensa y teatral con el entorno, ha realizado un trabajo excepcional de interpretación de los poemas. Los enfatiza sin sobreinterpretarlos, los lee con una dicción idónea, que va de una relativa neutralidad a una identificación progresiva, como si evolucionara de un papel de recitadora a ser la actriz central y sufriente de todos los suplicios que aquejan a las múltiples mujeres que transitan los poemas.
Y está, finalmente, la música de Sira Hernández que cubre como un manto toda la representación. ¿Cuánto habría ganado de oírse este inmenso continuo a solas? Ensimismada en unas figuraciones cromáticas que atraviesan de principio a fin la partitura, la compositora ha dibujado un amplio mural pianístico construido en torno a la tonalidad y con algunas sutiles disonancias, también con la aparición de breves motivos que parecieran dar lugar a la configuración de una persistente melodía, algo que en seguida lograba eludir. Su estética es reconocible y no ha sentido la tentación de buscar lo ilustrativo; la música sencillamente -nada más, nada menos- está, acaece, y en ella reside el mayor interés de un montaje que se ve beneficiado por la dirección escénica de Janet Novás y, más incluso, por la acogedora iluminación de Olga García.
Fotos: Gemma Escribano
Ismael G. Cabral, Junio 2026