ISSN 2605-2318

Atelier de músicas

Ismael G. Cabral (Colaborador) 

Ismael G. Cabral | «La música actual no es un territorio separado del gran repertorio, sino una prolongación lógica» Francisco Valero-Terribas

13/02/2026

Ismael G. Cabral entrevista para El Compositor Habla al director Francisco Valero-Terribas, una de las batutas españolas más interesantes del panorama actual: un director de mirada amplia, gesto preciso y una curiosidad musical que conecta repertorio, pensamiento y presente con naturalidad y rigor.



 
El valenciano Francisco Valero-Terribas es uno de esos directores que, sin aspavientos ni grandes titulares, está consolidando una importante y muy sólida trayectoria en base a proyectos bien afinados y éxitos pausados pero seguros. Estrechamente ligado a la música de creación actual pero también afín al gran repertorio, su nombre está de actualidad al ser uno de los protagonistas de la próxima edición del Festival FOCUS que programa la Orquesta y Coros Nacionales de España. Sobre esta ocasión, pero también sobre el oficio de dirigir una orquesta, la influencia de los maestros, la posibilidad de combinar propuestas de distinto tipo, la reivindicación de la banda de música como escuela y otras cuestiones más personales versa la siguiente conversación.
 


1. Ismael G. Cabral: Comenzando por el concierto que propicia la ocasión de este encuentro: ¿Qué puede contarnos del programa tan heterogéneo que presentará junto a la OCNE en el contexto del Festival FOCUS el próximo 13 de marzo?
 
Francisco Valero-Terribas: A primera vista, el programa del Festival FOCUS con la OCNE parte, efectivamente, de una heterogeneidad aparente, pero responde a una lógica interna muy clara y correctamente alineada con la esencia del propio festival. Se trata de un programa en el que la interrelación entre compositores y compositoras, a uno y otro lado del océano, muestra una coherencia extraordinaria en el uso de los temas populares y tradicionales. Lo que sucede es que, bajo nuestro prisma, la música popular y tradicional de otras latitudes adquiere un carácter exótico, del mismo modo que ocurre en sentido inverso. No obstante, lo verdaderamente interesante es percibir cómo, desde estéticas diferentes, mundos sonoros alejados y situaciones vitales antagónicas, coexiste la naturaleza de la música tradicional y popular. Cada pieza ilumina a la siguiente desde otro ángulo, y el oyente puede percibir cómo cambia el lenguaje, pero también qué permanece.

 
«Si a todo ello añadimos el contexto histórico, el exilio, la perspectiva de género y la falta de reconocimiento de trayectorias artísticas soterradas, nos encontramos ante una auténtica delicia programática que propone al público un reencuentro con nosotros mismos y con nuestras propias injusticias sociales»
















2. I.G.C.: ¿Tiene o ha tenido algún tipo de vinculación con los compositores presentados en el mismo? Pienso quizás en Sierra, Ginastera…
 
Francisco Valero-Terribas: Ojalá hubiera sido así. Mantengo, en cambio, una afinidad muy clara con la música de los grandes compositores latinoamericanos (Villa-Lobos, Revueltas, Chávez y, por supuesto, Alberto Ginastera), derivada de mi relación continuada con orquestas e instituciones de Latinoamérica. No he tenido una vinculación directa con las obras de las compositoras incluidas en el programa, aunque su lenguaje se inscribe con claridad en los procesos estéticos de su tiempo y sus líneas de trabajo y creación resultan perfectamente reconocibles. Mención aparte merece Roberto Sierra, un compositor actual cuya música conozco bien, tanto por la naturalidad e inteligencia de su creatividad como por unas orquestaciones de altísima escuela. A ello se suma su cercanía personal y su bonhomía. Es un verdadero placer tener su música entre mis manos en un marco tan acertado como este.

3. I.G.C.: En su trayectoria la música de creación actual posee un peso específico importante. ¿Lo asume como un empeño personal o esta música va llegando en función de las circunstancias, sin pretender entonces enarbolar ninguna bandera al respecto?

Francisco Valero-Terribas: La presencia de la música de creación actual en mi trayectoria forma parte de una manera natural de entender la dirección de orquesta y de asumir una responsabilidad dentro del ecosistema musical. He trabajado con música contemporánea desde mi etapa como instrumentista y la he incorporado a mi actividad como director de forma orgánica y desde una perspectiva muy concreta: el rigor estructural, la conciencia del sonido y la claridad del pensamiento musical. Todo ello permite un diálogo real con los creadores, con los intérpretes y con el público.

 
«En ese sentido, la música actual no constituye un territorio separado del gran repertorio, sino una prolongación lógica de una tradición que siempre ha estado en constante transformación»










He tenido la suerte de participar en numerosos estrenos, de rescatar repertorio poco conocido y de formar parte de procesos creativos y compositivos completos. Es un camino apasionante, en el que el director debe ofrecer lo mejor de sí mismo para optimizar la composición, facilitar la interpretación e incluso favorecer la comprensión y la escucha activa del público.
Muchas de estas obras han llegado en función de los contextos en los que he trabajado, de las instituciones implicadas y de los proyectos en los que se me ha confiado una responsabilidad artística concreta. Esa llegada, sin embargo, nunca ha sido casual. Me interesa abordar la creación contemporánea cuando existe una esencia musical real, cuando la obra dialoga con el programa, con el espacio y con la orquesta, y cuando puede integrarse de manera orgánica en un programa de concierto coherente. No se trata, por tanto, de enarbolar ninguna bandera, sino de asumir que la música de nuestro tiempo forma parte del presente de las orquestas y de su relación con la sociedad. Mi compromiso está con la música bien pensada, bien escrita e interpretada, con independencia de su fecha de composición.

4. I.G.C.: Ha presentado obras de compositores de estéticas muy diversas como Oliver Knussen o Nuria Núñez. ¿Se diferencia mucho el trabajo cuando prepara una partitura actual de cuando enfrenta una clásica?

Francisco Valero-Terribas: En lo esencial, no tanto como podría parecer desde fuera. El núcleo del trabajo es siempre el mismo: entender cómo está construida la partitura, qué elementos propone, cómo se organiza el discurso y qué necesita la orquesta para que todo eso funcione con claridad. Esa pregunta es idéntica tanto en una obra de creación actual como en una del repertorio clásico.
Lo fascinante es que, pese a la complejidad o la innovación del lenguaje, de la estética o de los recursos adoptados, en toda composición contemporánea bien construida se percibe un profundo conocimiento de los procesos compositivos tradicionales. Ahí reside, en gran medida, la responsabilidad del director: realizar una lectura correcta y favorecer, en el ámbito práctico, la materialización de la composición. Esto exige una lectura especialmente responsable del texto, con menos inercia y, por tanto, con una atención mayor a la notación, a los equilibrios y a las relaciones internas. En ese sentido, el trabajo puede ser incluso más directo, porque todo lo que ocurre debe estar explícitamente justificado por la partitura.
En el repertorio clásico, en cambio, el reto suele ser el inverso. Existe una acumulación de hábitos, versiones, tradiciones y soluciones heredadas, y el trabajo consiste muchas veces en limpiar, en volver a escuchar la obra como si fuera la primera vez, evitando automatismos que pueden desdibujar la estructura o el sentido del discurso. En mi opinión, la música debe estar siempre “actualizada”, tanto cuando hablamos de los clásicos como de la creación más reciente.

 
«La esencia del arte, y de la música en particular, reside en que siempre admite una nueva lectura, un nuevo enfoque, una nueva percepción»








Ese carácter multifacético es lo que mantiene viva la experiencia para el público y lo que los intérpretes tenemos la responsabilidad de preservar.

5. I.G.C.: En su formación ha recibido clases de maestros muy notables. Lógicamente destaca uno entre ellos, Lorin Maazel, que le invitó personalmente a cursar estudios con él. También sobresale el nombre de Marin Alsop. En líneas generales, ¿qué aprendió con cada uno de ellos?

Francisco Valero-Terribas: Efectivamente, he tenido el privilegio no solo de recibir clases, sino también de compartir tiempo, proyectos e incluso de colaborar estrechamente con muchas figuras eminentes de la dirección orquestal. Menciona dos ejemplos muy significativos, pero sería imposible citarlos a todos. La relación con muchos de ellos ha sido muy cercana y ha trascendido lo que tradicionalmente se entiende como un vínculo profesor-alumno, convirtiéndose en una verdadera mentoría basada en el interés mutuo por la figura musical y humana, así como en una confianza sincera. A los nombres que mencionas podría añadir, entre otros, a Bernard Haitink, John Nelson, Yoel Levi, David Zinman o Jesús López Cobos. Aun así, seguiría siendo injusto por las inevitables omisiones.
Sin embargo, más que detallar qué aprendí de cada uno de ellos de forma individual, prefiero responderle qué he aprendido de todos en común.

 
«Lo verdaderamente sorprendente de los grandes maestros que he conocido, y de aquellos con los que aún mantengo un contacto estrecho, es el territorio compartido que habitan»










En todos ellos he encontrado un amor genuino por la música, desprovisto de artificios: su principal interés es la música en sí misma. Conservan la capacidad y la inocencia de redescubrirla cada vez, lo que los convierte en auténticos apasionados no solo de su trabajo, sino del propio hecho musical.
Pero quizá lo más admirable sea su cercanía, su sencillez y su naturalidad. Nada es impostado. Mantienen un interés profundo por el ser humano, por la naturaleza de las personas y por su esencia, y están claramente alejados de intereses banales. Creo que este es uno de los mayores ejemplos y enseñanzas que pueden transmitir: amor por lo que hacen y estima sincera por las personas. Estas ideas siempre me han llevado a reflexionar sobre la conocida frase que afirma que “los más grandes son los más sencillos”, y en su caso, puedo afirmar que es absolutamente cierta. Por poner un ejemplo concreto, y ya que ha citado a Lorin Maazel, recuerdo que mostraba una preocupación particular por el concepto de la musicalidad y por su carácter innato. Le inquietaba que este valor estuviera perdiéndose en la actualidad y se preguntaba qué sería de la música dentro de cincuenta años si continuábamos por ese camino. Decía que:
 
“La musicalidad es la característica sin la cual no puede existir la música. La musicalidad está en una madre que canta a su hijo, en un niño que toca un instrumento con emoción. Y, sin embargo, cada vez está menos presente en las Salas de Concierto”.

6. I.G.C.: Comenzó profesionalmente como clarinetista trabajando en el ámbito orquestal. ¿Qué determinó el que reorientara su trayectoria hacia la dirección de orquesta? ¿Hubo alguna circunstancia / vivencia determinante?
 
Francisco Valero-Terribas: Si bien es cierto que el clarinete forma parte esencial de mi identidad musical, también lo es que la dirección no apareció como un cambio de identidad, sino como una prolongación natural de mi recorrido artístico. Como clarinetista pasé muchos años viviendo la música desde dentro, una experiencia que me proporcionó una perspectiva privilegiada en términos de repertorio, dinámicas de trabajo y vivencias musicales, y que influye de manera decisiva en mi percepción como director. De forma casi imperceptible, esa experiencia fue generando en mí la necesidad de intervenir en el conjunto, de asumir responsabilidad sobre el todo y no únicamente sobre una parte.
No hubo un momento concreto que actuara como detonante, sino una acumulación de vivencias muy precisas y profundamente enriquecedoras, unidas a una necesidad imperiosa de comunicarme musicalmente de otro modo. Desde niño me había fascinado la capacidad de los directores para articular el discurso musical. Todo ello comenzó a alinearse de manera natural con mis propias capacidades: la gestualidad, la experiencia previa, la comunicación no verbal, la propiocepción en la construcción de la arquitectura del sonido y de la obra, y la capacidad de extraer esa arquitectura de los intérpretes que tenía delante. Un conjunto de sensaciones que fue transformándose progresivamente en experiencia afirmativa.
Por todo ello, nunca sentí que estuviera “dejando” algo atrás. Seguía siendo el mismo músico, con la misma relación física y sonora con la orquesta, aunque con un campo de acción más amplio. Por esta razón, nunca he entendido la dirección como una capa añadida de autoridad, sino como una forma distinta, y más completa, de asumir la responsabilidad musical e interpretativa.

7. I.G.C.: Dado su origen valenciano, ¿el mundo de la banda de música, tan asentado en su comunidad, le ha sido cercano?
 
Francisco Valero-Terribas: Las bandas de música forman parte de mi ADN y del de mi tierra. Afortunadamente, hoy constituyen ya una pieza fundamental del paisaje musical de nuestro país y representan un verdadero vivero de música y de músicos. Tuve la suerte de crecer y formarme en el seno de la banda de música de mi pueblo. De no haber sido así, la probabilidad de haber desarrollado una vida plena rodeada de música se habría reducido casi a la nada. Por ello, considero que las bandas de música son un bien de interés cultural de primer orden, que debe ser protegido, valorado y dotado de los medios necesarios para sostener una actividad tan notable como altruista.

 
«Con frecuencia se mencionan proyectos emblemáticos como El Sistema u otras experiencias de gran impacto social a nivel internacional. Sin embargo, el fenómeno de las Sociedades Musicales cuenta ya con casi dos siglos de historia y representa un modelo ejemplar de la función social de la música»















Crecer en entornos integradores, diversos, inclusivos y tolerantes, y que todo ello tenga como culminación la interpretación musical colectiva, es una de las experiencias más valiosas que me ha dado la vida.



8. I.G.C.: El pasado año estuvo dirigiendo en Costa Rica. Aunque ya ha comentado algo al respecto, ¿cuál es su relación con Latinoamérica y cómo ve, desde su experiencia personal, la realidad sinfónica de aquel continente?
 
Francisco Valero-Terribas: Mi relación con Latinoamérica ha sido extensa y muy fructífera. He tenido la oportunidad de dirigir en muchos de los principales teatros y salas de concierto del continente y de desarrollar un trabajo sostenido que abarca ópera, música sinfónica, repertorio sacro, música contemporánea y estrenos. He colaborado tanto con las principales instituciones culturales como con orquestas vinculadas a El Sistema, lo que me ha permitido conocer realidades muy diversas desde dentro.
Existen una serie de características que hacen especialmente singular la vivencia de la música clásica en Latinoamérica y que, en mi opinión, deberían invitarnos a la reflexión. Los músicos latinoamericanos poseen una calidad extraordinaria y unas cualidades musicales que emanan de su propia identidad cultural. El canto, el ritmo y el sentido musical forman parte intrínseca de esa tierra. Si a ello se suma una actitud abierta, espontánea y desenfadada, se genera un clima de trabajo y de comunicación artística verdaderamente especial.
Desde un punto de vista estructural, la realidad es que el número de instituciones sinfónicas y la extensión de sus temporadas ofrecen una ratio menor en relación con la población y el territorio. En este sentido, la implantación sinfónica no está tan ampliamente distribuida como en Europa. Sin embargo, Latinoamérica ha sabido recordarnos, y mostrarnos con hechos, el valor esencial de la función social de la música, un propósito que atraviesa el continente de manera muy clara. Por otra parte, el nivel de creación y curaduría de proyectos artísticos, la atención a la conservación de su patrimonio musical y el profundo respeto por el arte están dando lugar a programaciones de un altísimo nivel, que en muchos casos tienen poco que envidiar a las de numerosos países europeos.

9. I.G.C.: ¿En el momento presente cuánto pensamiento le ocupa la posibilidad de alcanzar la titularidad de una orquesta?

Francisco Valero-Terribas: Es una posibilidad que forma parte del horizonte natural de una carrera, pero no ocupa mi pensamiento cotidiano ni condiciona mis decisiones inmediatas. Una titularidad solo tiene sentido para mí si responde a un encaje real entre un proyecto artístico, una institución y un momento concreto. No la concibo como un objetivo en sí mismo ni como una meta que haya que alcanzar a cualquier precio, sino como una consecuencia lógica cuando existe una base de confianza mutua y una visión compartida a medio y largo plazo.
 
Hoy por hoy me interesa más la calidad y la coherencia del trabajo que la formalización de un cargo. Seguir construyendo relaciones sólidas con orquestas e instituciones, mantener la excelencia en contextos exigentes y profundizar en un repertorio cada vez más amplio y complejo me parece una preparación mucho más decisiva que anticipar estructuras que todavía no se han dado. Cuando una titularidad llegue, si llega, debería hacerlo de manera orgánica, como una prolongación natural de un trabajo ya reconocido, no como un cambio de rumbo ni como una necesidad. Mientras tanto, el foco está en hacer bien el trabajo que tengo delante y en mantener una trayectoria que tenga sentido a largo plazo.

10. I.G.C.: ¿Cuáles son los proyectos que tiene sobre la mesa en este 2026?
 
Francisco Valero-Terribas: En estos momentos estoy centrado, de manera muy especial, en el concierto con la OCNE. Puedo adelantar, además, que estaré presente en las temporadas de la Orquesta Sinfônica Brasileira, en diversos proyectos en Latinoamérica (entre ellos el Festival de música de Bogotá) y en el Palau de la Música junto a la Orquesta de Valencia. Asimismo, tengo previstas varias colaboraciones en países nórdicos, lo que supone la apertura de un nuevo eje en mi trayectoria profesional.
 
 



Más información sobre el director en Francisco Valero-Terribas

Las fotos son de ©KOEPhotos.

 
© Ismael G. Cabral



 

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