Atelier de músicas

Ismael G. Cabral (Colaborador) 

«Por la electrónica a la emoción»


29/03/2021

Una crítica de Ismael G. Cabral para El Compositor Habla.


STEFANO GERVASONI
Altra voce. Fu verso o forse fu inverno. Muro di canti.
Aldo Orvieto, piano. Alvise Vidolin, live electronics. Monica Bacelli, mezzo. Marco Liuni, electroacústica.
Es este un disco extraordinariamente a contracorriente en la discografía de Stefano Gervasoni (1962). Pero incluso lo es en el contexto editorial del sello Kairos. Un álbum que, en su escucha, parece configurarse como un fresco (semi)electroacústico con tres estaciones que son, en sí mismas, tres composiciones independientes que en la actual disposición que plantea el CD parecen reconfigurarse proponiendo una experiencia compacta.

Un disco este poblado por una fantasmagoría de voces, teclados y texturas en eco; una audición en la que apenas se levanta la voz y que tiene un cariz montañoso, partiendo de la amabilidad de Altra voce, omaggio a Robert Schumann (2015/17) y concluyendo en una obra completamente aislada en el catálogo del italiano, Muro di canti (2016), instalación sonora multicanal que aquí goza de una espléndida reducción a estéreo debida a Marco Liuni. Incrustada entre ambas piezas, Fu verso o forse fu inverno (2016), parece invocar toda una tradición de música vocal italiana contemporánea, hundiendo sus raíces en Luciano Berio y, desde luego, Luigi Nono, con una mezzo, Monica Bacelli, que en instantes nos hace recordar con su voz abierta y de profusa intencionalidad dramática a la histórica Cathy Berberian.

Voz, la de Bacelli, que ya despunta tímidamente en Altra voce, suerte de nocturno en cinco partes en las que el piano de Aldo Orvieto dialoga de muy distintas maneras (mediente la cita, la paráfrasis, la escucha en eco...) con distintas célebres páginas de Robert Schumann. La partitura, sin embargo, tiene más de Gervasoni de lo que cabría pensar de antemano. En ella encontramos el tono más amable (póngase entre comillas este adjetivo) del compositor de Bérgamo, el expresado parcialmente en obras anteriores como Antiterra (2008) y Le Pré (2016). Sonidos acústicos del piano que se entrecruzan hábilmente como fragmentos olvidados ya en el arpa del piano ya a través de un sistema de transductores que reproducen una amalgama queda de sonidos naturales y de síntesis.

En Fu verso o forse fu inverno percibimos, ya lo hemos apuntado, todo el peso formativo de Gervasoni, pero también sus influencias y querencias de una forma sincera. No parece haber ánimo especulativo en una partitura que, sobre el papel (voz y electrónica), podría tenerlo todo. Da respetuosa voz el autor a los textos del malogrado Lorenzo Calogero (1910-1961). Un "universo autista y egocéntrico" (Laurent Feneyrou) el de sus versos que da pie a una música que conforme evoluciona va adquiriendo tintes obsesivos, con el subrayado de una electrónica que, de manera casi imperceptible, asoma entre los intersticios de las palabras recitadas, cantadas, silabeadas por Monica Bacelli. Aunque su planteamiento nada tenga que ver con la obra que la precede; en la audición reposada notamos el engarce, el paso natural de una a otra que se acrecienta cuando, sin apenas reparar en ello, el disco se adentra en Muro di canti (2016), obra electroacústica que, en su conglomerado de voces, resulta llamativamente radiofónica, aunque su presupuesto de creación nada tenga que ver con este ámbito sonoro.

Desconocemos qué apreciación tiene Gervasoni sobre un trabajo que, a nuestro juicio, quintaesencia de forma sobresaliente buena parte del ideario estético de un compositor que, paradójicamente, ha abordado tan escasamente el entramado electrónico. Al menos de una forma exclusiva. Los casi 25 minutos durante los que se extiende este Muro di canti nos moverán mentalmente hacia un Nono que imaginamos encerrado en una torre de Hölderlin, ajeno a toda la conflictividad sociopolítica que vivió y que reprodujo terroríficamente buena parte de su música. Muro di canti, naturalmente, es hija del siglo XXI (o del Nono postrero, silencioso), pero parece concebida casi en una probeta, al margen de todo, críptica y serena en su entonación exploratoria. Obra que en su concepción original se insertó en Viale dei Canti, una instalación multidisciplinar impresa en un muro sonorizado firmada por Gervasoni y Giuseppe Caccavale que recoge, a su vez, voces y esquirlas poéticas de Giacomo Leopardi, Alfonso Gatto, Leonardo Sinisgalli, Lorenzo Calogero y Bartolo Cattafi. Privados ahora del sentido visual de la obra original, este Muro queda casi como un despiece arqueológico de una creación contemporánea. Un surco estrictamente sonoro que parsimoniosamente se va apagando; obra notabilísima.
 
  


 
Ismael G. Cabral
Marzo de 2021
 
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