ISSN 2605-2318

Atelier de músicas

Ismael G. Cabral (Colaborador) 

«Dante musitando al oído de Sciarrino»


30/05/2022

Una crítica de Ismael G. Cabral para El Compositor Habla




SALVATORE SCIARRINO

Musiche per Il Paradiso di Dante
Andrea Biagini, flauta. Lorenzo Gentili-Tedeschi, violín. Garth Knok, viola y viola d’amore. Orchestra di Padova e del Veneto. Marco Angius, director.

KAIROS 0015119. 76’15’’. 2022.


 




Con motivo del 75 cumpleaños de Salvatore Sciarrino (1947) el sello Kairos ha puesto en circulación el noveno monográfico que publica el sello austríaco y uno de los álbumes de esta colección llamados a ocupar un puesto central en la discografía del palermitano. Tras dos discos menores dedicados a la música para instrumentos a solo y a su obra para flauta, esta Musiche per Il Paradiso di Dante (1993) constituye una pieza de radical profundidad y resonancia en la fonografía sciarriniana; todo un fresco sinfónico para orquesta e instrumentos solistas que, como contemplaremos, conecta con una de sus creaciones más sobresalientes, el concierto para piano Un’immagine di Arpocrate (1974/79).


Si en la referida obra concertante hay un poso de música balbuceante y quejumbrosa que no llega a sustanciarse y que parece venir e ir a ningún lugar, en esta Musiche per Il Paradiso di Dante el sentido de inexactitud del discurso es parecido. También comparte idéntica ambición, hablamos de una obra que se extiende por más de 75 minutos, lo que la señala, si quiera solo formalmente, como una de las aportaciones orquestales más ambiciosas del compositor. Y si en el Arpocrate es un coro el que musita creando una veladura, una interferencia difusa, en esta ocasión, y durante más de 50 minutos, acompaña la escucha un esqueje de drone en la lontananza, un zumbido cavernoso producido, según detalla Marco Angius en las notas del álbum, por el leve e incesante retumbar de una placa de metal.
 


Como quizá a estas alturas se pueda atisbar esta Musiche… es una composición de rigurosa exigencia en el catálogo de Sciarrino, aunque su inquebrantable tono apocado (donde jamás se roza el forte) permeen la música de una habitabilidad singular. Dividida en tres partes, con dos movimientos externos muy breves y uno central que rebasa la hora, en el primero, Alfabeto Oscuro, el propio compositor da la clave exacta para comprender el por qué de estas sonoridades: “La orquesta parece querer hablar (…) la naturaleza de los instrumentos no lo permite, sin embargo, estos intervienen obsesivamente, los escuchamos casi sin entenderlos”. Luego Angius, de nuevo en sus notas, hila con la primera línea de L’Inferno, de Dante: “El final de cada viaje presupone y recuerda su comienzo…
En L’invenzione della trasparenza, verdadero corazón de la obra, Sciarrino realiza un profuso y pausado estudio de la textura sinfónica buscando “transparencias e iridiscencias”, conectando todo ello, no solo con la naturaleza transfiguradora del Poeta Supremo, también con los pensadísimos efectos cromáticos de la pintura medieval y toda su profusión de auras y halos. Otra transustanciación aquí mediante el sonido que se produce mediante el recurso del perturbador sonido de fondo que, literalmente, vela las aportaciones de los instrumentos solistas (flauta, violín y viola d’amore). El autor de Luci mie traditrici se renueva en esta pieza como un auténtico alquimista en la conjunción de efectos tímbricos sorprendentes que nos desarman y nos retan por igual en la escucha. Los muy afines a la gramática de Sciarrino harán después de la audición otro interesante ejercicio de escucha en espejo recuperando la tercera parte del tríptico Suei poemi concentrici (1987), para flauta, violín, viola d’amore y orquesta (Kairos 0012812), pieza con la que guarda numerosas afinidades, no solo orgánicas esta Invenzione della trasparenza que ahora comentamos.

Sonidos y respiraciones en el margen de lo audible redondean el fragmento conclusivo, Postille, “en ausencia de la oscuridad de fondo que envuelve al segundo tiempo” (Sciarrino dixit), todo se vuelve más “luminoso” aquí. Se trata más bien de una luz espiritual, nada cegadora, es cierto que los timbres se tornan más exactos, más reconocibles, pero la orquesta vuelve a actuar como elemento enrarecedor sobre los solistas y proliferan soplos, glissandos y brevísimos impulsos vitales que perecen con la misma rapidez con la que se exponen. Los instrumentistas Biagini, Gentile-Tedeschi y Knox realizan un sombrío y concienzudo trabajo en sus frases reiteradas y lastimeras. Esta Musique per il Paradiso di Dante queda por tanto como una de las creaciones más formidables en el proceloso catálogo del de Palermo.




La fotografía de Salvatore Sciarrino es de Luca Carra.

Enlace al Cuadernillo de las Notas del CD aquí
 
©Ismael G. Cabral



Aquí tenéis todas la entrevistas, críticas y noticias de Ismael G. Cabral en la sección de Ismael en El Compositor Habla: Atelier de Músicas
 


Ismael G. Cabral
Soy periodista (no solo) cultural en Sevilla. Pasé 16 años en la redacción de 'El Correo de Andalucía' (2002-2018). Actualmente escribo sobre música en las revistas 'Ópera Actual', 'Scherzo' y El Compositor Habla.
Y sobre animales en el portal 'Wamiz'. En el pasado, también investigué radio y televisión. Buscando nuevos horizontes.
Ismael G. Cabral








 

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