Entrevistas

«Las crisis son la expresión de algo de lo que somos responsables»


13/07/2020

Sexta entrevista de la serie «Nuevos tiempos, nuevas músicas» con el compositor Fabià Santcovsky. Hemos hablado con él y esto es lo que nos ha contado.




























1. R.P.: ¿Dónde estaba y qué estaba haciendo justo antes del confinamiento?
 
Fabià Santcovsky: Justo el 12 de marzo había vuelto a Barcelona después de unos días en Berlín preparando en estudio la electrónica para mi última ópera, que iba a ser estrenada en la Bienal de Múnich en mayo, y estaba a pocos días de volver a ir a Alemania (hacia Brunswick) para empezar los ensayos, pero justo el fin de semana que en España se decidió aplicar el confinamiento, yo estaba en casa.
 
2. R.P.: Venimos de una situación de confinamiento muy larga y complicada, ¿cómo ha vivido usted toda esta situación?
 
Fabià Santcovsky: El confinamiento para mí ha tenido varias caras que resultan en un balance intensamente agridulce. Primero el respiro de que las cosas pararan, por un momento, en un mundo frenético que se lleva al extremo de sus propias capacidades en todo. Segundo un desconsuelo muy hondo ante la combinación de lo más trágico de este proceso, lleno de muertes y de una incertidumbre fatídica, con la banalidad del nerviosismo o del cinismo que se ha ido expresando en aquellos quienes han entendido o han experimentado el confinamiento como una prisión o como un recorte de libertades contingente o exagerado.
En relación a la composición, soy de esos que ya trabaja muchas horas y días seguidos desde casa, con lo que por un lado mi vieja normalidad era extrañamente parecida a la del confinamiento; por el otro, he lamentado, aunque sin dramatizar demasiado, la interrupción de la producción de uno de los proyectos más grandes en los que he trabajado.
 
3. R.P.: Hemos pasado una situación de desescalada, de una cierta incertidumbre, y ahora ya estamos en lo que se ha venido a llamar la nueva normalidad ¿pero en qué momento se encuentra usted ahora? 
 
Fabià Santcovsky: Yo personalmente sigo con una cotidianidad parecida a la de la fase 0. Para mí, mi hogar es un santuario de comodidad y de concentración, pero me considero con suerte de vivirlo así, casa con mi temperamento. Mis proyectos no se han reordenado de un modo que me convoquen a salir inminentemente.
Pero debo decir que hay algo de convicción en este “quedarse (aún) en casa”: pudiendo elegir, no creo en ejercer la libertad de un movimiento para el entretenimiento ni una libertad de consumo de lo que no necesito. Temo que ejercer, con la desinhibición que estamos viendo, estos “derechos” (insisto, en aquello no ligado a las necesidades, no ligado a las obligaciones) pueda tener consecuencias graves que por otro lado ya empiezan a temerse.
 
4. R.P.: ¿Cómo ve el futuro de la cultura en general y en concreto de las artes escénicas presenciales?
 
Fabià Santcovsky: Tengo 31 años y en tres décadas ya recuerdo al menos tres cosas que debieran haber cambiado la historia para siempre: el “efecto 2000”, la crisis del 2008/10, y ahora esto, por mencionar algunos sucesos de alcance totalmente global. Pero como en los anteriores casos, creo que ahora también se reubicará todo con los matices, con lo perdido (¿y algo ganado…?), pero con gran parecido. Creo que como mucho se incorporarán algunos aspectos de cultura de contacto distintos, y protocolos, más “streaming”, más trámites telemáticos de carácter rutinario o de importancia menor. Pero creo que las costumbres, la costumbre de encontrarse en un espacio a ver, escuchar, sentir y pensar en compañía, pesarán más que todo, en este caso para bien. Y creo que se trata de intentar pasar sin que los proyectos, colectivos o personas que dependen de actividad a corto plazo no queden en un limbo por no poder atravesar este período económicamente hablando.
De todos modos vivimos en un mundo que lleva unas décadas funcionando así: las crisis suceden por falsa sorpresa, porque luego resulta que se sabía y se conocía, y vienen a dejarlo todo parecido pero peor para la mayoría. Esto es preocupante, no conozco a nadie que haya sanado realmente anímicamente de la crisis del 2010, desde luego no económicamente. ¿Cuántas crisis puede aguantar una generación antes que colapsen las cosas como desgraciadamente lo han hecho tantas veces en el pasado?

5. R.P.: Se habla mucho de ‘volver’ a la normalidad, pero antes, ¿estaba todo tan bien?, ¿deberíamos volver a cómo estábamos? ¿reinventarnos?... ¿cómo?
 
Fabià Santcovsky: Yo creo que nunca podremos volver realmente. A nada, ni en la vida personal ni en la sociedad. Pero quien quiere volver, proyecta una imagen de lo que era, y eso se convierte en otra cosa. Y de hecho creo que en realidad esta pandemia es la primera crisis que vivimos verdaderamente como planeta, es decir, con una clara simultaneidad en todo el planeta, y que lejos de reinventarnos, estamos contactando con la realidad que viviremos en las próximas décadas cuando la “planetización” (como renombran algunos a lo que se venía llamado “globalización”) se vaya haciendo cada vez más efectiva o evidente. No creo que estemos en un punto de inflexión, creo que lo que experimentamos es el primer fruto evidente del sistema que hemos venido construyendo en las últimas décadas. Y para mí no está todo bien, en absoluto. Tampoco soy de los que creo que todo está peor que nunca, porque la historia de la humanidad es tremenda y atroz, si hablamos de crisis y de sociedades. Pero no creo que sea posible tanto la reinvención como una adaptación consciente y consecuente a lo que nos cueste aceptar de cualquier cambio.

El cambio siempre corre más hondo y más arriba que cada uno de nosotros y que cada sociedad aislada, y yo creo que el único modo de no albergar ni responder con violencia es no olvidarse de que las crisis son la expresión de algo de lo que somos responsables y que no hay que reaccionar ante ellas, tampoco desde las buenas intenciones, sino intentar comprender qué nos perdimos como para que esto nos cogiera por sorpresa como sociedad y entender que ese estado de intentar entender y comprender debe ser constante, no sólo para después de las crisis.
 
6. R.P.: ¿Qué eliminaría usted de cómo estaban las cosas antes y qué añadiría usted?
 
Fabià Santcovsky: Tengo una opinión algo futurista al respecto. Creo que hay varios aspectos de la manera en cómo nos relacionamos entre individuos, como humanos, como especie, y de qué prácticas son vigentes de las distintas culturas sobre el planeta que tienen tradiciones (valores, y prioridades) distintas, que deberían ir cambiando. De hecho, un virus de origen zoonótico es en realidad el contexto perfecto para reevaluar las cosas de un modo muy transversal, porque entrecruza lo ecológico con lo cultural y con lo tecnológico. En este caso en concreto, el trato a y el tráfico de los animales, en general, en industria pero no solamente; las prácticas culturales de distintas tradiciones como los mercados tradicionales o eventos masificados, inercias macrogregarias de las distintas culturas; y la higiene, no solo como parámetro científico sino como aspecto que puede modular la conducta e impactar así costumbres sociales de distintas culturas. Al menos en estos tres ámbitos hay cosas que repensar si queremos salir de esta crisis transformándonos a consciencia o seguir a merced de nuestras limitaciones y errores. Yo sería de los progresistas.
Creo que hace tiempo que deberíamos haber sido más consecuentes con la globalización, que conlleva el precio de pensar en términos globales o poder verse arrastrado por procesos incomprensibles para una mirada demasiado enmarcada, incluso aunque sea en todo un continente. No le veo ninguna ética a muchos de los factores que estaban en el fondo de éste fenómeno, que ha sido posible por una falta de higiene global, por un sistema que despilfarra combustible contaminando y fomentando mucho movimiento histérico más que necesario, por unas deficientes inversión y reconocimiento para la investigación científica y médica, y por una forma mezquina e imprudente (o por el puro hecho en sí mismo) de perseguir, tratar y comercializar con los animales y con otros seres vivos en general. Todos estos defectos tienen raíz en costumbres, modos de vida y valores que yo no dudaría en revisar de modo radical si las nuevas realidades de las que todo el planeta se beneficia plantean posibles revisiones para intentar aproximarse a una mínima sostenibilidad.
 
7. R.P.: En concreto en el mundo de la música, de los conciertos: ¿cómo ha cambiado su visión como creador?, ¿cómo piensa que esta pandemia va a cambiar la realidad de los compositores e intérpretes?
 
Fabià Santcovsky: A nivel creativo, la verdad es que el confinamiento me ha invitado a fantasear con la idea de ir trabajando en proyectos con otro tipo de desarrollo e incluso de presentación. Por un lado, poder trabajar ahora ya sí con una más incuestionable interacción telemática. Por otro lado, pensar en clave de producción más que de estreno con concierto. Grabarse, en separado incluso, ¿por qué no? Yo la verdad es que sí creo que es posible tocar con el otro aunque sea sin el factor de simultaneidad, o transmitir una idea musical al otro aunque sea sin la presencia física. En todo caso esto ofrece otras ventajas que pueden compensar las desventajas naturalmente dando un resultado distinto, pero no necesariamente “peor”.
Esto abre también la pregunta de cómo se realiza, para un compositor, la presentación de la obra. ¿Por qué a los compositores nos cuesta tanto tener nuestra música “producida” (que no puntualmente grabada en concierto o por la radio)?
En la música moderna eso ocurre desde el inicio, no hay otra, se produce, como sea, y se presenta, y si no hay discográfica o promotor, igualmente, lo subes a internet, de hecho así se comienza, nunca como nosotros a la espera de que llegue el sello mítico para hacerte el álbum monográfico. Pienso en el potencial artístico que tendría poder plantear lo que entendíamos como “álbum” (entendiéndolo ahora como “sesión” producida) como obra en sí misma, como formato, con una línea, con un desarrollo, con una dramaturgia incluso, producido a pesar de barreras físicas con los medios que la actual tecnología nos ofrece y poderlo plantear con esta radical independencia o con esta radical incondicionalidad, al menos.
Muchos colegas han hecho obras electrónicas en estos meses, yo mismo he estado produciendo parte de la electrónica de mi ópera desde casa y coordinado con el realizador de la electrónica del proyecto en Berlín. O por ejemplo, ¿por qué no estrenar en digital y en streaming? La pandemia para mí nos ha mostrado cuántos recursos estaban ya disponibles para la comunicación e interacción no físicas que no considerábamos en su variedad de posibilidades o en la intensidad y potencial de éstas. Y estos medios pueden ser empuñados por y para el arte.
 
"Creo que la realidad será cada vez más híbrida, y creo que la sorpresa es que no nos resultará tan extraño."






 
8. R.P.: Parece mentira que a estas altura tengamos que estar hablando de esto pero, ¿por qué la música y la cultura es importante para la sociedad?
 
Fabià Santcovsky: Si me permites la irreverencia en relación a la formulación de la pregunta, yo propondría que nos recordáramos que la cultura y la música no son ni dejan de ser importantes para la sociedad, sino que son maravillosamente estructurales e inevitables en ella. No conseguiremos valorar la cultura y la música si no recordamos esto y neutralizamos todo debate sobre cuán importantes o cuán prioritarias son.
Para mí, la cultura, en el sentido en el que la comentamos ahora (como creación, como arte, como cultivo y alimento de la mente, de los sentidos y del espíritu) es como el agua; donde hay vida no falta, corre y se infiltra llegando siempre tan lejos como le sea posible; no se detiene por malas que sean las condiciones, porque si no es ramificándose de un modo se ramifica de otro. Y como la creación de cultura no nace de la lógica de lo financiero, los que la hacen la siguen haciendo más allá de toda precarización (y más allá de todo lujo también), lo que de algún modo es un sino, que conlleva estragos a nivel práctico en un mundo en que la cultura se monetiza a la baja o a la nada, pero este sino nace de lo más virtuoso de ella.
Uno piensa que deberíamos poder organizarnos como sector, pero eso de nuevo es aplicar la lógica de lo comercial, eso implicaría que como colectivo nuestro objetivo es vender algo, y no creo que la cultura ni el arte se vendan, sino que se comparten, aunque el que la cree pruebe de intentar vivir materialmente a través de un valor económico asociado a ella. En todo caso hay que recordar que quienes nos dedicamos a hacer cultura también tenemos que poder tener un lugar en esta economía de mercado, pero nunca pensar que hay una importancia entredicha porque la cultura es un aspecto estructural de la sociedad, no una opción.
Quien quiera menospreciar la importancia o la propia existencia inherente de la cultura proyecta perversamente y corruptamente una idea de distinción entre una cultura útil y válida y una no útil y no válida, y sobre todo, se engaña en la inconsciencia de quien se nutre de un fruto de la labor de los demás sin reconocerla. Eso desde luego hay que responderlo en lo cotidiano y denunciarlo en lo político, pero nunca olvidarnos de que no hay contingencia en su valor.
 
9. R.P.: ¿Por qué se infravalora tantas veces la cultura, el trabajo del artista…?
 
Fabià Santcovsky: Un poco en la línea de lo que decía antes, mencionaría que creo que la cultura no se comporta con una lógica que el capitalismo pueda engullir verdaderamente, aquí la separaría del entretenimiento, aunque haya formas de entretenimiento que puedan integrar o albergar el arte y hacer espacio al sentimiento, a la conexión y a la reflexión.
Creo que el capitalismo financiero ha logrado algo mucho más oscuro y perverso de lo que a menudo se comenta a nivel popular o mediático. El verdadero monopolio del capitalismo financiero actual es el monopolio de lo simbólico. El porcentaje en bolsa, la puntuación por la agencia de análisis, el dígito en la cuenta corriente. Eso ha desterrado de toda posible valorización otras cosas que dependen de su dimensión simbólica para poder, aunque sea algo impropio de ellas, ubicarse como “productos” en un mercado o como “servicios” en una sociedad.
Creo que es mucho más grave la sobrevaloración de algunos sectores, trabajos y actividades que la infravaloración de otros, o en todo caso, es que creo que una cosa no existe sin la otra y la causa original de la segunda es la primera.
En esta infravaloración la cultura no está sola: están la ciencia en general, el sector sanitario, la enseñanza y la educación, y tantos otros ámbitos, muchos de ellos muy centrados en la dimensión relacional humana, en la atención al que aún no se vale por sí mismo o al que busca o necesita ayuda, conocimiento o cura. Hablamos mucho de la mala distribución de la riqueza y muy poco de la mala atribución del valor. Este capitalismo es, ante todo, deshumanizado y antihumanista.
 
10. R.P.: ¿Qué papel van a jugar las plataformas digitales, el streaming, la tecnología ahora mismo tras el confinamiento? ¿Tendrán utilidad estas herramientas tecnológicas en el futuro cercano y cuando la pandemia acabe?
 
Fabià Santcovsky: Estoy convencido de que sí. Y aún así no todas las infraestructuras y personas se habrán puesto al día de la virtualidad y la digitalización tras acabar esta pandemia. Vendrá otra circunstancia que lo incentivará nuevamente. Mientras no provoquemos un invierno nuclear, la tecnología avanzará en su propia dirección, que es implacable. La tecnología la hacen aquellos de nosotros que crean e investigan siguiendo una lógica determinada que tiene su forma de desplegarse desde la eficiencia y desde la funcionalidad. Es uno de los lenguajes de este universo, el de la adaptación por mejora y refinamiento en su eficacia y eficiencia. Lo que quiero decir es que los avances tecnológicos raramente son caprichosos, su sentido es su solidez, ocurren optimizándose y para cubrir necesidades preexistentes o generar posibilidades muy anheladas, y por eso vienen no sólo para quedarse sino para mejorarse, expandirse y hacerse más presentes, siguen una lógica de retroalimentación y de avance.
 
11. R.P.: ¿Saldremos de todo esto mejores?, ¿qué ha aprendido usted en todo esto?
 
Fabià Santcovsky: Intento aprender otra vez a no juzgar y a aprender otra vez a aceptar, por si se me había olvidado, que las cosas no siguen el rumbo de nuestras expectativas sino su propio rumbo.
Sobre si saldremos, sí (crucemos los dedos), pero mejores, no lo creo, ni peores. No me parece que esta pandemia haya generado un cambio de consciencia de fondo en la humanidad. Mientras nuestra especie no dé un salto evolutivo de verdad, creo que ya podemos estar agradecidos de un “saldremos”, sin adjetivos.
Me permito aquí igualmente compartir una corazonada un poco distópica. Esta pandemia tiene tono de preludio a retos mucho más desafiantes. Es el perfecto toque para contribuir, junto con cosas que aún no podemos predecir del todo, a acabar de desequilibrar un sistema globalizado que juega con el límite de los gobiernos y de las personas, que vive endeudado y es fraudulento consigo mismo y con el planeta.
 
12. R.P.: Avances tecnológicos, comunicación… ¿cómo se imagina los conciertos del futuro?, ¿habrá cambios en la experiencia artística?, ¿en los conciertos?…
 
Fabià Santcovsky: Si mi memoria no lo ha distorsionado, recuerdo leer a Valéry decir algo en relación a cuán inimaginable sería para él la forma que tomaría el arte en el futuro. A mí me pasa lo mismo. Y a ambos nos diría que también se dará la coexistencia. Mientras seamos humanos, nos juntaremos a escuchar música, aunque haya otra iluminación, otra acomodación,  co-espectadores virtuales, (algunos) artistas holográficos en el escenario, etc.

"La experiencia artística para mí no sucede en el escenario o en la platea, ni siquiera tanto en la carne de las personas, sino sobre todo en el espíritu, y habrá siempre alguien siguiendo un concierto por streaming más conmovido que algún espectador en primera fila."

Por otro lado, sólo de pensar que existen tecnologías virtuales de altísima definición y que los ordenadores que las permiten aún pasarán otra revolución (la cuántica), no puedo evitar pensar que el arte deberá poder hacerse nicho también generando mundos de experiencia, torciendo, reformulando, estilizando todo aquello que permitan generar lo que en un inicio se haya concebido como funciones prácticas de una tecnología dada. El arte también encuentra su camino para subvertir la funcionalidad de las cosas y convertirlas en espacios, cuerpos y significados hechos para la admiración, la contemplación o la conmoción.
 
13. R.P.: ¿Qué espacio tiene la música de vanguardia en la nueva normalidad, en los futuros conciertos?
 
Fabià Santcovsky: Me resulta muy interesante esta pregunta, plantearla podría parecer algo tan obvio como para eludirla, y no es obvia en absoluto. Primero de todo, cabe decir que la vanguardia será de las primeras en plantear extremos de toda esta dimensión tecnológica y virtual, de un modo artístico, especulativo, experimental, innovador, y eso de por sí tiene valor y habrá que hacerlo valer.
Pero creo también importante comentar la parte más política de esta pregunta. ¿Acaso no vive la música de vanguardia en una cronificación de una cierta marginalidad? ¿Cómo algo que de algún modo parece haberse instalado en un estado crítico sobrevive o se adapta ante una crisis de orden superior, del sistema en el que habita de un modo ya muy restringido?
Puede ser un momento como para aprovechar que muchos espacios necesitarán redefinir cosas de su lógica interna para intentar revalorizar una mayor presencia de la vanguardia. Los únicos vectores o direcciones “morales” que creo que tienen poder de verdad para hacer valer la vanguardia son la necesidad de la diversidad y la necesidad de pensar el futuro a medio y largo plazo.
Defender los éxitos de abono y de taquilla sólo se explica con la lógica del mercado a corto plazo; para el medio y largo plazo vale tanto lo conocido como aquello por conocer, aquello que funciona como aquello por innovar. Aunque en L’Auditori de Barcelona ya se venía preparando un cambio mucho antes de la pandemia (un cambio que conlleva una presencia más normalizada de la vanguardia, pero también de muchísimas otras cosas), se nota que para quienes plantean un cambio con entusiasmo, esta pandemia puede acabar resultando un impulso a reafirmarse e incluso a ambicionar más, o como mínimo, saben navegarla con mucha más pericia en contraste con otras posturas de otras instituciones o equipamientos que intentan reorganizar su vieja normalidad en una futura agenda.
 
14. R.P.: ¿Cuál es el futuro de las artes presenciales?
 
Fabià Santcovsky: Podría ser que las artes presenciales se hibridaran con la tecnología permitiendo fórmulas de mestizaje entre la presencia física y la no física. Yo mismo he seguido conciertos del festival de Donaueschingen por Youtube live y me han encantado tanto como me ha parecido que ya tardábamos en normalizarlo. Quizás se puedan plantear cuotas de distinto precio entre la adquisición de una entrada virtual o física para el mismo evento, y habrá quien preferirá una cosa o la otra, o quién a falta de una posibilidad podrá optar por la otra. Como especie aún somos gregarios, por lo que dudo que se agote la necesidad de una mayoría de asistir a la reunión colectiva.
 
15. R.P.: Un pensamiento sugerencia para la situación actual ….
 
Fabià Santcovsky: Haciendo a la vez referencia al título del próximo libro de mi querido amigo Ramón Andrés, buscar consuelo en la música, y también en el arte, para aquellos que más lo necesitan en estos tiempos, dejándose acompañar no sólo de las personas sino también de aquello que les conectan con la vida y con el sentirse en relación con las cosas, porque la pérdida y el dolor se elaboran y se sostienen en el interior. Para los que están algo más liberados de dolor, al menos en lo inmediato personal, pensar que la espera puede quemar al principio pero fortalece en la medida en que la mirada se va al interior y se ensancha nuestra capacidad de paciencia, que es seguramente lo que nos permitirá actuar y pensar desde la prudencia y con mayor libertad. Aprovechar estos tiempos para soñar e imaginar intensamente antes de que vuelva el ruido.



La fotografía de Fabià es de Emma Navó

Más información en el perfil de Israel en nuestra web ECH-Fabià Santcovsky



 
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