Entrevistas

Ramón Humet | Entrevista con Ramón Humet


10/06/2019


La OCNE dirigida por Paolo Bressan estrenará la obra del compositor catalán, encargo de la Orquesta y Coro Nacionales de España con motivo de la conmemoración del II Centenario del Museo Nacional del Prado.




Los días 14, 15 y 16 de junio del 2019, a las 19,30, 19,30 y 11,30 horas respectivamente, en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, en el evento titulado «El muerto al hoyo», la Orquesta Nacional de España dirigida por Paolo Bressan estrenará la obra de Ramon Humet «Desert».
«Desert» es una obra encargo, estreno absoluto, de la Orquesta y Coro Nacionales de España con motivo de la conmemoración del II Centenario del Museo Nacional del Prado. El programa incluye también obras de Rachmaninov y Respighi.
Hemos hablado con el compositor y esto es lo que nos ha contado.



1. Ruth Prieto: El próximo viernes día 14 de junio del 2019, a las 19,30 horas, en el Auditorio Nacional de Música de Madrid, se estrena su obra «Desert» para shakuhachi y orquesta. ¿Qué nos puede comentar de este estreno - encargo?

Ramon Humet: «Desert» es un encargo de la Orquesta Nacional de España, para estrenar en el Auditorio Nacional de Música de Madrid a cargo del solista Horacio Curti y el director Paolo Bressan, en ocasión de la conmemoración del bicentenario del Museo del Prado.
El desierto es el ecosistema donde los anacoretas desarrollaban su vida de oración en comunión con el Todo. Un espacio baldío, de horizontes dilatados, abierto, donde la soledad es fuente de conocimiento y motivo de desapego de los asuntos temporales. El grabado Anacoreta del artista Mariano Fortuny y Marsal (Reus, 1838 - Roma, 1874) presenta una imagen poderosa de la naturaleza, con un cielo que presagia una inminente tormenta, donde el anacoreta está situado de espaldas, en un segundo plano, contemplando con humildad el panorama. Esta obra maestra es una de las fuentes de inspiración de «Desert», para shakuhachi amplificado y orquesta, y motivo de celebración del bicentenario de la pinacoteca.

2. R.P.: La obra está escrita para shakuhachi ¿Como ha relacionado Fortuny con el shakuhachi, con el desierto...?

Ramon Humet: Hay algo de rústico en la vida de oración en el desierto que enlaza directamente con la música para shakuhachi, la flauta japonesa de bambú que antiguamente soplaban los monjes peregrinos de la secta budista zen Fuke. Un instrumento austero, sin ningún artificio ni mecanismo añadido, únicamente con cinco agujeros y un bisel perfectamente tallado, una simplicidad de construcción que proporciona una gama de colores sonoros extraordinariamente rica en matices: timbres llenos y con cuerpo, sonidos de aire, una cierta inarmonicidad en el espectro, mucha flexibilidad en la modificación de la altura con posibilidades remarcables de glissandi y una interesante tradición -las melodías del corpus koten honkyoku- de sobrecogedora belleza melódica.
Contextos musicales tan divergentes como son la orquesta sinfónica y el shakuhachi confluyen en esta misma obra. Los instrumentos occidentales han alcanzado una importante precisión rítmica en la interpretación. El shakuhachi, y concretamente el género honkyoku, transita por parámetros menos medidos, con el ma -concepto que se puede traducir como “el espacio que necesita un sonido para existir”-, idea enraizada en las artes tradicionales japonesas y que se relaciona con una visión global -no lineal- del tiempo. Por ello, la parte solista está compuesta con la técnica de space notation, muy próxima a la concepción filosófica del tiempo del honkyoku, mientras que la parte orquestal se vertebra con la habitual métrica occidental.
Lejos de querer colorear el silencio, la obra es cercana a los versos de Jacinto Verdaguer en “Plus Ultra”: ...i aon tu veus lo desert / eixams de mons formiguegen.

Un arsenal de  diferentes elementos musicales que representan la inmensidad del desierto -lucha dialéctica entre solista y orquesta, magma acústico, planos cubistas cortantes, proceso de pérdida de la pulsación, cantos de pájaros circulares, barridos de armónicos, iteración irregular de un motivo repetitivo, etc.- se contraponen al vacío del sonido desnudo del shakuhachi. La dualidad entre los fenómenos musicales orquestales y el despojamiento del solista va evolucionando hasta disolverse en un motivo final, de carácter inocente, que recoge y une las dos cosmovisiones.

3. R.P.: ¿Qué papel tiene la orquesta en esta obra, cómo es la orquestación?

Ramon Humet: El color orquestal tiene diversas peculiaridades en función de la presencia y ausencia de algunos instrumentos. La presencia de dos flautas piccolo, ligeras y penetrantes, potencia los gestos melódicos, especialmente en los paisajes sonoros con pájaros. La ausencia de oboes y de flautas en do mengua el peso específico de la sección de madera para darle protagonismo al solista. La ausencia de trompas y timpani posibilita un timbre general alejado de la sonoridad convencional de la orquesta clásica y, en cambio, se potencia el uso de los trombones -más timbrados- y dos bombos de diferentes tamaños -profundos y con notoria capacidad de modulación tímbrica en el registro pianissimo. Destaca también el uso de percusión de madera —log drum, temple block y wood block- que crea un contrapunto de articulación enérgica complementario al fraseo penetrante del shakuhachi, conservando una expresión rústica, atávica, primitiva.

4. R.P.: ¿El solista va a tener cadenza?

Ramon Humet: La cadenza -improvisada, aunque hay disponible un modelo escrito- constituye el punto culminante de la evolución de los dos mundos -el desierto y el eremita- para concurrir a la conclusión de la obra, donde un tema minimalista se repite circularmente con mínimas variaciones métricas, alternándose con la sombra del sonido del bambú. La repetición del tema se disuelve en el sonido único del shakuhachi, que exhala las últimas notas en el registro agudo para transformarse en aire, en silencio.
 
5. R.P.: ¿Cómo ha sido el trabajo con el shakuhachista Horacio Curti?

Ramon Humet: A la vez intenso y extenso. Éste es, sin duda, el estreno en el que he trabajado de una manera más estrecha con el intérprete. De hecho, debido a que Horacio es mi maestro de shakuhachi desde hace 12 años, conozco perfectamente su manera de tocar y las posibilidades del instrumento. Mientras escribía la obra, le planteaba pasajes para probar y experimentar. Y muy especialmente, durante los últimos meses en que él está trabajando la parte solista, nos hemos reunido varias veces más para trabajar los aspectos interpretativos. Además, son incontables las conversaciones telefónicas y los correos electrónicos para resolver dudas y aspectos de la obra. Me siento afortunado y contento de que sea él quien estrene «Desert» junto con la Orquesta Nacional de España dirigida por Paolo Bressan. La obra no puede estar en mejores manos.
 
6. R.P.: ¿Cómo ve el panorama actual de la cultura y la música contemporánea?

Ramon Humet: La cultura contemporánea se convierte en un reflejo muy certero de la situación actual de la sociedad, con sus incertidumbres, miedos, aceleración, dispersión, complejidad, riqueza, contraste, etc. Particularmente, la capacidad actual de viajar a cualquier parte del mundo fácilmente hace que las fronteras entre países se diluyan culturalmente, que haya mayor intercambio de literatura, cine, música, teatro. A la vez, ésto genera un elevado grado de dispersión y de distanciamiento hacia lo esencial, con el peligro de perderse en un mar de basura y desperdicio (de recursos y de tiempo), que degrada al ser humano y su obra. El reto consiste en encontrar ese siempre frágil equilibrio entre la hiperestimulación exterior actual, y la paz interior. La verdadera obra de arte surge de la calma y la serenidad, nunca del estrés. Por ello, el reto es vivir integrado en la sociedad moderna actual, pero con el adecuado distanciamiento para poder tener el espacio vital para, simplemente, vivir y crear.

7. R.P.: Después del estreno de «Desert»  cuales son sus próximos proyectos?

Ramon Humet: Me espera un año apasionante de actividades que nunca me hubiera imaginado que sucederían. Una semana después del estreno de «Desert», se ha programado Ekstasis en el Festival de Música y Danza de Granada con la Martha Graham Dance Company, obra que se ha interpretado en la Opera de Paris, en la National Centre for the Performing Arts de Beijing, en el Teatro Real de Madrid, y en las principales salas de Europa y Estados Unidos.

Pero lo mejor está por venir: en la temporada 2019-2020 seré compositor invitado en el Auditori de Barcelona. En octubre se hará el estreno absoluto del ciclo completo de “Homenaje a Martha Graham” (grabado en un doble CD en Neu Records), con Sarah Maria Sun, Alberto Rosado, Kakizakai Kaoru y Neopercusión, y con una coreografía especialmente encargada a la Martha Graham Dance Company que la bailará su bailarina principal.

En noviembre tendré el estreno de mi primer cuarteto de cuerda con electrónica, con el Cuarteto Armida. Por cierto, que estoy escribiendo un segundo cuarteto de cuerda para el Cuarteto Gerhard, que me hace especial ilusión, y en el que investigo con la afinación justa y scordatura microtonal.

Y en la temporada 2020 se hará el estreno absoluto del ciclo completo para coro a cappella «Llum», con el Latvian Radio Choir. Una obra que ha nacido de la necesidad imperiosa de traducir a sonidos la experiencia del retiro solitario en una ermita dentro del bosque.



Más información en la web de la OCNE

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