ISSN 2605-2318

Perspectivas de Escucha

Paco Yáñez (Colaborador) 

«Alberto Carretero ensancha, con Renacer, las fronteras de la ópera»


27/05/2024

Una crítica de Paco Yáñez para El Compositor Habla



ALBERTO CARRETERO: Renacer. Johanna Vargas, soprano. PHACE. Nacho de Paz, director. Joan Arnau Pàmies, productor. Alfred Reiter, ingeniero de sonido. Un CD DDD de 64:36 minutos de duración grabado en el Odeon Theater de Viena (Austria), el 27 de noviembre de 2022. Protomaterial Records PROTOM7.
 



«Un compositor español de gran talento, que pronto se puso a la cabeza de su promoción por su brillante inventiva e impecable oficio, es Alberto Carretero (1985). Su primera aproximación a la ópera la hizo con Renacer, una pieza que él denomina vídeo-ópera, aunque es perfectamente teatral, y que incorpora poemas de Francisco Deco e imágenes de Juan Lacomba».
 
Con estas palabras presenta Tomás Marco, en su reciente libro De la modernidad a más allá de la tradición (Galaxia Gutenberg, 2023), la que hasta ahora es única ópera finalizada en el catálogo del compositor sevillano Alberto Carretero, un trabajo que, tras su estreno el 27 de noviembre de 2022 en el Odeon Theater de Viena, conoció su primera interpretación en España nueve días más tarde, en el Espacio Turina de Sevilla, con los mismos intérpretes que dieron a conocer Renacer en Viena: la soprano colombiana Johanna Vargas, el ensemble austriaco PHACE y el director ovetense Nacho de Paz.
 
Es a estos músicos a quienes escuchamos en la primera edición discográfica de Renacer, la que nos ha hecho llegar el sello catalán Protomaterial, en un formato que se antoja el ideal para la naturaleza de esta vídeo-opera, pues, además de la edición en disco compacto de la grabación del estreno, una serie de enlaces en Internet nos permitirán (con la correspondiente contraseña, que encontraremos en el compacto) acceder a la ópera en formato audiovisual: el único modo en que Renacer cobra todo su sentido, tal y como fue concebida por el compositor Alberto Carretero, el escritor Francisco Deco y el artista Juan Lacomba, corriendo aquí la proyección de los vídeos a cargo de Miguel Alonso, mientras que la filmación de este estreno vienés fue realizada por Michael Loizenbauer.
 
Atendiendo a las intenciones de sus creadores, «Renacer dramatiza el meta-tema de la propia “creación”, es decir, la raíz (radicalidad) del acto creativo y todos sus significados, con el fin de insuflar vida a un universo musical original y personal. Tanto la música como los textos y la escenografía en vídeo guardan una unidad temática y dramática basada en los ciclos naturales de germinación, nacimiento y re-nacimiento, con tintes narrativos y reflexivos, siempre abiertos a infinidad de interpretaciones».
 
Con estas bases conceptuales, Renacer es una ópera en un solo trazo ininterrumpido de 64 minutos de duración y articulada sobre quince poemas de Francisco Deco recogidos en el poemario Wah-wah (Dilema, 2022), un texto repleto de reflexiones sobre la naturaleza, profusamente multicultural y perfecto hijo de un tiempo global sobre el que resuenan todos los pasados, cual avalancha de estadios superpuestos de la creación: palimpsesto de capas históricas, literarias, geológicas y naturales que se fertilizan y multiplican entre sí, de un modo orgánico al que la música no es ajena, pues ésta reaparece explícitamente, una y otra vez, en los versos de Francisco Deco, ya desde un primer poema en el que se explicita el efecto musical que da nombre al poemario en el que se recogen los versos del libreto: «wah-wah trombón procesión de los glissandos» —podemos leer en este dicho poema—.
 
No es baladí, esa referencia al efecto wah-wah, pues la partitura de Alberto Carretero se puebla de esos glissandi a los que se refiere el texto de Francisco Deco, así como de unos vínculos entre voz solista y ensemble tan fuertes como constantes, en una de las marcas más puramente operísticas de un título, Renacer, que realmente fuerza las fronteras del género hasta sus propios límites ontológicos, pudiéndose quizás hablar, en global, más de una instalación poética, visual y musical, que de una ópera en el sentido dramático tradicional, al no existir ni escena propiamente dicha ni personajes que actúen de un modo teatral (incluso, la existencia de una sola voz, de pie y en un lateral del escenario, nos remitirá más a un monodrama o a una pieza poético-musical, que a una ópera).
 
Más allá de estas disquisiciones sobre lo que hoy en día es o no es ópera (cuestión sobre cuya tan flexible (in/re)definición en las últimas décadas tan bien ha reflexionado Tomás Marco en el libro al que nos referimos en el comienzo de esta reseña), el efecto de sordina wah-wah parece insuflar a Renacer, asimismo, todo un abanico de estilos musicales que convergen y fertilizan el trabajo de Alberto Carretero, llevándolo a un terreno de lo ecléctico y de la fusión tan afín al ámbito vienés contemporáneo, aunque en dicho poliestilismo podamos encontrar improntas que en Renacer abarcan desde Heiner Goebbels a Bernhard Lang.
 
También de ese ámbito centroeuropeo, del que tanto ha bebido la música de Carretero, llega lo que en el libreto de esta edición de Protomaterial se define como una trama que «bascula entre lo figurativo y lo abstracto, lo racional y lo irracional, a medio camino entre lo visible y lo indescifrable, “entre la realidad y el deseo”, binomio que Alberto Carretero toma frecuentemente en su música.
 
«Se propone una dramaturgia poliédrica, casi laberíntica, que se proyecta desde el presente hacia el futuro», con un punto fuertemente expresionista que se imbrica con el pensamiento científico: el propio de una mente en tal ámbito tan privilegiada como la de Alberto Carretero»
 











Estamos, en todo caso, ante una dramaturgia que prácticamente ha de ser imaginada por el espectador (en términos más puramente teatrales), pues lo propiamente visual sí está presente, a través del trabajo de Juan Lacomba que vemos en pantalla. Es una propuesta pictórica que, como los versos de Francisco Deco o la música de Alberto Carretero, evoluciona durante los 64 minutos de la ópera en un constante proceso de transformación, cual ente orgánico que, desde un impulso inicial a modo de Big Bang musical, fuese multiplicando cuantas formas latían en su interior de forma embrionaria.
 
La voz de Johanna Vargas será crucial en dicho proceso, pasando del puro recitado a una coloratura virtuosística (que nos informa de lo buen conocedor de la historia de la ópera que es Alberto Carretero), del sprechgesang a formas propias del pop o del musical, lo que superpone varios registros estilísticos que no siempre rinden al mismo nivel de excelencia artística: cuestión, por otra parte, comprensible en términos conceptuales, pues esa arborescencia meta-creativa pretende, en sí misma, mostrarnos las muchas ramas evolutivas de la creación musical: de las más clásicas y vanguardistas a las más cercanas a los estilos comerciales (aunque ello haga decaer en varios momentos el atractivo de Renacer; especialmente, en dicho apartado vocal, cuando se entrega a lo más pop).
 
Más sólida y coherente me ha parecido la escritura instrumental, con profusión de técnicas extendidas bien conocidas en la paleta de un ensemble que se precie en el siglo XXI, así como con resplandores de una armonía muy seriamente tratada por Carretero, cuyo mayor o menor grado de transparencia y apego a la tradición viene dada, en buena medida, por la propia Johanna Vargas desde la voz solista, en función de si la soprano colombiana se acerca a un canto más melódico o si, ¿por el contrario?, ataca un despliegue más ruidista, gutural y extendido de su voz (dejándonos el ecuador de Renacer algunos pasajes realmente logrados en cuanto a modernidad en el tratamiento vocal). En esa vinculación tan heteróclita entre voz y ensemble, con sonidos que parecen descomponerse, infiltrarse mutuamente o pasar de los sinuosos portamenti de Vargas a los tensos glissandi de PHACE, están algunos de los pasajes técnicamente más interesantes de una ópera que, en todo caso, quedaría incompleta si únicamente nos refiriésemos a esta dimensión literario-musical.
 
Y es que (siguiendo aquí el libreto de Protomaterial), «inspirada en las estructuras y procesos de la vida», en la arquitectura visual de Renacer «los colores y formas orgánicas parecen danzar, en un juego de tensiones de apertura, cierre, expansión, entrelazado, hundimiento, emersión, etcétera», conformando «los distintos espacios sonoros, textuales y visuales» que nos sitúan «en el umbral de la génesis artística».
 
Génesis artística, pero, también, génesis de la propia naturaleza, los efectos plasmáticos que escuchamos en la música de Alberto Carretero se convierten en formas visuales en la enorme pantalla sobre la que se proyecta el trabajo pictórico de Juan Lacomba: igualmente plural, híbrido e informado por muy distintas tradiciones artísticas que, sobre la pantalla del estreno vienés (a modo de gran tótem o monolito) convergen. La propia forma de dicha pantalla, en la parte central del escenario y al fondo, no es, ni mucho menos, casual, pues parece remitirnos al gran monolito de la película 2001: A Space Odyssey (1968); además de que, precisamente, las formas visuales de Lacomba en algunos momentos actúan cual eco de la celebérrima escena de la puerta espacial en el film de Stanley Kubrick, en la que, por acción del efecto Doppler, se producían cambios en las texturas de los campos cromáticos, así como en la elongación de las formas, debidos a una velocidad acelerada (en Renacer, esto mismo parece deberse a la paralela acción del ritmo musical, creando una unidad acústico-visual realmente firme e interesante entre el trabajo de Alberto Carretero y el de Juan Lacomba).
 
Por lo que a la interpretación de Renacer se refiere, y aun con la dificultad que supone el valorarla en una ópera que conocemos a través de un único elenco, sin duda transmite muy buenas sensaciones. La siempre versátil y arrolladora Johanna Vargas es una de las piezas clave en esta lectura vienesa, desplegando un abanico de técnicas, colores, registros e intensidades deslumbrante. En la entrevista realizada por Ismael G. Cabral a Johanna Vargas (publicada el pasado 12 de febrero por El Compositor Habla), la soprano colombiana nos daba una de las claves para comprender esa potente hibridación de estilos que se da en Renacer, poniéndola en el contexto de nuestras jóvenes generaciones de compositores, con las que Vargas ha trabajado en diversos proyectos, incluyendo sus programas con los venerables Neue Vocalsolisten de Stuttgart:
 
«Creo que aquí hay que tener en cuenta la condición de “nómadas” en la que muchos compositores tanto españoles como latinoamericanos se encuentran. La raíz musical con la que se crece queda grabada en uno y se intensifica al uno encontrarse lejos. Esto es por lo que la fusión de estas raíces con los lenguajes musicales aprendidos fuera del lugar de uno se convierte en un resultado muy nuevo y personal».
 
Es curioso que, aunque hispanohablante, en muchos pasajes de Renacer la dicción de Johanna Vargas parece más propia de alguien que no hablase castellano, lo que redunda en esa suerte de otredad que multiplica el cruce de estilos y ámbitos geográficos en diálogo en la ópera de Alberto Carretero.
 
Muy ligado a las técnicas vocales de la soprano, el ensemble PHACE funciona aquí como una auténtica filigrana, demostrando por qué es uno de los grupos de música contemporánea en mejor forma en esta tercera década del siglo XXI. Su plantilla en Renacer es la de flauta, clarinete, trompeta, trombón, violín, contrabajo y percusión, a los que se suma una electrónica regida en el estreno vienés por Alfred Reiter y Alberto Carretero.
 
Al frente de todos ellos nos encontramos con uno de los directores de música actual más versátiles y emocionantes del panorama europeo, Nacho de Paz, características a las que suma su proverbial precisión rítmica: uno de los pilares de sus interpretaciones. Para coordinar a soprano, ensemble y un vídeo cuyas cambiantes formas, tan plasmáticas y heterogéneas, plantean un reto mayúsculo al director (incluso a alguien tan acostumbrado a trabajar con bandas sonoras en directo, como Nacho de Paz), el ovetense utiliza claqueta para no perder esa sincronía entre imagen y música, rubricando una poderosa unidad de estilo, como la que consigue de un grupo de instrumentistas capaz de pasar del lirismo y las evocaciones paisajísticas a auténticas sonoridades industriales, con un poderío y una virulencia impresionantes.
 
Así pues, muchos son los elementos poéticos, musicales y plásticos que convergen en esta ¿ópera?, ¿instalación? que es Renacer, una propuesta cuyo estreno podemos disfrutar gracias a su lanzamiento en Protomaterial Records con unos estándares de edición muy notables que incluyen la grabación de la première vienesa (disponible en el disco compacto) y la antes citada posibilidad de acceder a esta misma función del estreno en formato audiovisual a través de la página web de Protomaterial (a la que pueden acceder desde esta misma reseña).
 
Dicha realización audiovisual se ofrece con calidad de imagen de hasta 4K y subtítulos en castellano, alemán e inglés. Aunque los encuadres nos ofrezcan, en diversos momentos, primeros planos o tomas de conjunto de los intérpretes en perspectiva, priman en la realización de Michael Loizenbauer los planos frontales, opción que se justifica por la importancia que cobra la pantalla sobre la que vemos el trabajo artístico de Juan Lacomba.
 



Más información en la página web del sello Protomaterial Records

Más información en la página web de Bandacamp



 
© Paco Yáñez, mayo de 2024

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