ISSN 2605-2318

Perspectivas de Escucha

Paco Yáñez (Colaborador) 

Perspectivas de escucha #4: «Herencia(s) y actualización de la música catalana para clarinete y piano»


16/04/2025

Una crítica de Paco Yáñez para El Compositor Habla


 

Herència
: Obras de Joan Guinjoan, Robert Gerhard, Benet Casablancas, Joan Magrané, Josep Maria Guix y Marc Migó. Oriol Estivill, clarinete. Daniel Ruiz, piano. Sixto Cámara Moya, producción e ingeniería de sonido. Un CD DDD de 45:54 minutos de duración grabado en el Auditorio Josep Carreras de Vila-seca, del 4 al 6 de mayo de 2024. Ficta FD00048.


 



Quienes observamos, desde fuera de Cataluña, la encomiable efervescencia que su vida musical demuestra desde hace décadas, así como el incansable empeño de sus intérpretes por mantener un continuo diálogo entre la tradición y la renovación, no podemos evitar sentir una sana envidia por los sucesivos proyectos discográficos que allí se han ido produciendo a lo largo de los últimos años, como ya les dimos cuenta en  El Compositor Habla a raíz de las ediciones publicadas (en formatos físico y digital) por L’Auditori de Barcelona en 2024.

En esa misma línea (compartiendo, incluso, algunos compositores con los lanzamientos de L’Auditori) se encuentra el disco que el clarinetista Oriol Estivill y el pianista Daniel Ruiz han publicado en el sello Ficta: un compacto que pone en diálogo a sucesivas generaciones de compositores catalanes, desde una de sus figuras más prestigiosas e internacionales, Robert Gerhard (Valls, 1896 – Cambridge, 1970), hasta el joven Marc Migó (Barcelona, 1993), cuyas respectivas fechas de nacimiento distan casi un siglo: cien años caracterizados, en la música catalana, por la proliferación de muy diversas corrientes estilísticas que abarcan desde aquéllas de corte posromántico y folclórico hasta las más directamente conectadas con las últimas tendencias del siglo XXI.

En lo más sustancial de ese diálogo entre la tradición y la modernidad se encuentra la música de Joan Guinjoan (Riudoms, 1931 – Barcelona, 2019), compositor al que El Compositor Habla está dedicado una atención muy especial en 2025. Nos congratula, por ello, el poder incluir en este repaso a su música las excelentes versiones que, en su nuevo disco, titulado Herència, han incluido Oriol Estivill y Daniel Ruiz de dos piezas coetáneas en el catálogo de Guinjoan: Fantasía (1964) y Escenas de niños, n.º 1 (1964); ambas, compuestas para clarinete y piano.
 
Son sendas partituras pertenecientes al primer periodo compositivo de Joan Guinjoan; las dos, marcadas por un lenguaje sencillo y accesible, más diversificado y proliferante, en el caso de la Fantasía; más amable y cálido, en los requiebros rítmicos de esos juegos infantiles que Guinjoan evoca en sus Escenas de niños: parte de los retratos musicales que el compositor tarraconense realizó de su entorno familiar, por lo que el protagonista de estas Escenas bien podría ser Francesc Guinjoan, hijo del compositor, nacido en París cinco años antes de la creación de esta partitura.
 
Como señala el compositor Joan Magrané en sus esclarecedoras notas para esta edición discográfica, no estamos, aún, ante el Guinjoan de madurez, ante ese creador que estableció un diálogo tan fértil con las corrientes de la modernidad en Europa, si bien en su Fantasía ya se «apunta a la angulosidad calidoscópica típicamente guinjoaniana», partiendo de un denso comienzo del piano en pedal al que se suman los motivos de larga resonancia proyectados por el soberbio y tan límpido clarinete de Oriol Estivill; ambos, sentando una base, una suerte de lienzo musical para lo que, progresivamente, va cobrando vida y conquistando nuevos territorios acústicos, tanto en las series ascendentes del teclado como en los tremolados del clarinete, convocando ecos que van del jazz norteamericano a la música de salón francesa.
 
De la mano del gran Robert Gerhard escuchamos su Sonata para clarinete y piano, una partitura fechada en torno a 1928, cuando Gerhard estaba finalizando sus estudios en Berlín con Arnold Schönberg; de ahí, la impronta tan acusada del compositor vienés que se percibe desde el comienzo en el clarinete y la respuesta a la misma por parte del tan riguroso piano de Daniel Ruiz. De soberbia escritura armónica y cuidado balance dinámico entre ambos instrumentos, la Sonata de Gerhard muestra un evidente gusto por la danza, llevando, como lo hacía Joan Guinjoan, los ritmos de los salones (en el caso de Gerhard, berlineses) a una partitura cuyo planteamiento interválico evidencia su sólida y militante formación dodecafónica, dejándonos una Sonata de gran vitalidad al tiempo que de refinada elegancia y de severa solidez en el contrapunto, desplegando una y otra vez Robert Gerhard espejeos y diálogos entre los campos armónicos de ambos instrumentos.


Tras escuchar las obras de dos de las figuras más importantes de la música catalana del siglo XX, con Benet Casablancas (Sabadell, 1956) entramos en el territorio de los compositores en activo, y de forma muy prolífica, como lo es la producción de Casablancas. Buena muestra de ello son las dos obras que aquí Oriol Estivill y Daniel Ruiz han reunido: Poema (1996) y Momento musical (2000), orden que el propio Casablancas recomienda para su interpretación, apostando así por el contraste entre la mayor lentitud y circunspección del Poema y la más vital efervescencia del Momento musical.
 
Poema es una transcripción para clarinete y piano, sin apenas modificaciones, de la canción És per la Ment..., partitura del año 1993 compuesta para voz y piano a partir de un texto del escritor barcelonés Josep Vicenç Foix. De Poema existen, igualmente, versiones que, en lugar del clarinete, utilizan la viola o el saxofón, si bien, sea cual fuere la instrumentación, todas las versiones presentan un halo sombrío y crepuscular que casa de forma muy adecuada con la Sonata de Robert Gerhard escuchada previamente, casi filtrando su impronta schönberguiana a través de un aroma francés.
 
En su versión, Oriol Estivill hace del clarinete un instrumento de un nocturnal lirismo, dado a una prosodia que parece remedar la declamación poética, con gran templanza, serenidad y capacidad para la evocación. Resulta fundamental, en su planteamiento, cómo Estivill sostiene las líneas melódicas, confiriéndoles cierta ingravidez que, así, resuena más empastada y consecuente con el piano de Daniel Ruiz y su reverberante uso del pedal, que multiplica nuestra sensación de estar transitando una región poética suspendida en el seno de la noche.
 
Frente a lo que Joan Magrané define en Poema de «aire brahmsiano, de pasión contenida y colores aterciopelados, que se desarrolla casi bien en un solo trazo», el Momento musical supondrá un inmediato contraste, pues, si Poema nos invitaba a la contemplación, este Momento musical nos llamará a una poesía musical veloz y repleta de requiebros, en lo que —de nuevo citando a Joan Magrané— parece «la libertad propia de una cadencia, a momentos de un recogido lirismo pasando por el preciosismo cristalino de su refinada escritura pianística».
 
De marcado virtuosismo en cuanto a digitación, contrastes de tempo y requiebros melódicos, Momento musical se estructura en un solo movimiento de gran variedad estilística, que va de lo rapsódico a compases de apariencia improvisada, para así redoblar la sensación de naturalidad en el diálogo entre ambos instrumentos, con más desparpajo, el clarinete; mientras que el piano muestra un lado más intelectual y concentrado que sirve de base armónica para los desarrollos melódicos en verso más libre y personal del clarinete, que en diversos pasajes parecen convertirse en una cadencia, por su extroversión en el fraseo. La gran complicidad que Oriol Estivill y Daniel Ruiz muestran en ésta y en todas las versiones del disco hace que esa sensación de oralidad y diálogo se multiplique y evidencie aún más, dejándonos una lectura muy disfrutable y de un sofisticado virtuosismo.
 
De Joan Magrané (Reus, 1988) escuchamos Nuages blancs, ciel bleu (2020-22), una partitura para clarinete solo que el propio compositor presenta así en sus notas para este compacto: «Se inspira en los sugestivos estudios de nubes y cielos del pintor romántico francés, y precursor del impresionismo, Eugène Boudin y que no quiere más que transmutar en música su efímera ingravidez y volátil poesía. Cómo dice un verso de Josep Carner: “Só de qui em vegi. Mira’m, i no em veuràs mai més” [texto que Magrané traduce así al castellano: “Sonido de quien me vea. Mírame, y no me verás nunca más”]».
 
Ese juego de equívocos y continuas transformaciones se hace música en una partitura que, como las nubes en el cielo, se mueve sin cesar, cambiando los perfiles cromáticos de sus líneas melódicas: desde un registro agudo que tanto se mantiene en tenuto, cual haz luminoso, como se convierte en formas mutantes espoleadas por los vientos. La parte más sombría de dichas nubes es evocada por Joan Magrané por medio de unos graves que, si bien menos presentes que el registro agudo, cuando hacen su aparición nos dejarán, en manos de Oriol Estivill, un muy bien traído eco del Pierre Boulez de partituras como Dialogue de l’ombre double (1985), enriqueciendo sustancialmente lo ya escrito por Joan Magrané con la impronta de uno de los grandes compositores del siglo XX, lo que rubrica una de las partituras técnicamente más logradas y artísticamente más potentes del disco.
 
Igualmente nacido en Reus (tierra de buenos compositores actuales, pues de allí es también oriundo Joan Arnau Pàmies), de Josep Maria Guix (1967) se incluye en este disco su breve Bagatelle num. 1 “Upon Six Notes” (2019), una delicada partitura inspirada en la música de Ludwig van Beethoven, tomando como punto de partida, de forma más concreta y según el propio Josep Maria Guix, «las últimas bagatelas del compositor de Bonn, un testamento pianístico sorprendente, en el que la sofisticación compite con una cierta dosis de ingenuidad, el atrevimiento abre la puerta a lo discontinuo, y el registro agudo y el contraste centran el discurso musical. Mi primera intención fue, asimismo, adoptar un carácter naíf: partir de un juego simple y muy limitado (seis notas), e intentar explorar —y sobre todo sugerir— algunas implicaciones que escondía el material empleado (colores armónicos, choques métricos, ritmos de superficie)».
 
Daniel Ruiz nos deja una versión enormemente refinada de esta Bagatelle num. 1, que puebla de ecos de la música francesa de comienzos del siglo XX, de un halo impresionista que, como la precedente Nuages blancs, ciel bleu, también hace que las líneas melódicas en el piano se encuentren en continua transformación a nivel cromático, partiendo de un denso pedal en el registro grave, en los seis primeros compases de la obra, para después ir abriendo progresivamente la armonía y jugar con su expansión por medio de arpegios que son sucesivamente matizados a través tanto del ritardando como de un delay que, realizado de forma acústica, hace que Daniel Ruiz enriquezca nuestra percepción de dichas líneas melódicas al cambiar sus perspectivas y su posición en primer/segundo plano. Todo ello se concentra y resuelve en los últimos nueve compases de la partitura, con resplandecientes destellos en el registro agudo y dinámicas progresivamente silentes sobre un fondo de pedal que se expande hacia el silencio en un último acorde que Ruiz prolonga con gran sensibilidad en las resonancias que habilita ese postrero calderón dispuesto por Josep Maria Guix para dotar a su Bagatelle num. 1 de un carácter, como las bagatelas del propio Ludwig van Beethoven, intemporal.
 
Cierra el disco otra partitura de carácter ligero, repleta de ecos de la música catalana de comienzos del siglo XX, así como de la fuerte impronta que, en ella, tuvo la música francesa. Se trata de una obra firmada por el más joven de los compositores aquí reunidos (aunque cuente ya con un catálogo realmente amplio y en muy diversos géneros musicales), Marc Migó, de quien escuchamos Extinct Bestiary No. 2 (2023), dúo para clarinete y piano encargado y estrenado por Oriol Estivill y Daniel Ruiz, lo que redobla el valor de esta grabación, además de que vuelva a hacer explícito su compromiso con la creación actual y la perpetuación de ese gran diálogo entre la tradición y la modernidad, haciendo de las herencias musicales una realidad en constante reinterpretación, un rizoma vivo.
 
De Extinct Bestiary No. 2 nos dice Joan Magrané que «sus cinco movimientos de plástica y lúdica capacidad descriptiva son una buena muestra del oficio y la imaginación desbordada de este joven músico, un chorro de virtuosismo compositivo que demanda unos intérpretes capaces del mismo con sus instrumentos y capacidades», si bien técnica y estilísticamente se mueven estas cinco piezas por derroteros un tanto conservadores, con una concepción del sonido y de la técnica instrumental que bien se podría haber firmado unas cuantas décadas atrás.
 
No se lo pone difícil, por tanto, Marc Migó a Oriol Estivill y Daniel Ruiz, que en su versión se adentran en este universo de evocaciones fantásticas, para recrear las bestias imaginarias que pueblan estas cinco piezas, eso sí, con profusión de detalles, rubricando un disco de estéticas, por tanto, muy variadas que se convierte en un buen reflejo de la fértil arborescencia estilística de la música de creación catalana a lo largo del siglo que este compacto recorre.

Así pues, y como señalamos en el principio de esta reseña, produce una sana envidia el comprobar ya no sólo esa vitalidad de la música contemporánea catalana, sino el hecho de que muchas de estas partituras gocen ya de muy buenas versiones discográficas en manos de intérpretes como Joan Enric Lluna, Cristo Barrios, Oriol Romaní, Josep Colom, Gustavo Díaz-Jerez o Àngel Soler, entre otros (prolijidad fonográfica que escasamente se da en otras comunidades autónomas de nuestro Estado). A esta nómina se unen, ahora, Oriol Estivill y Daniel Ruiz, destacando su gran dominio técnico, su evidente afinidad con cada una de las obras que han seleccionado y un estilo interpretativo que diría muy propio de nuestro tiempo, aligerando el discurso y quitándole toda afectación y peso innecesario, lo que confiriere a cada partitura un estatus de clásico, al destacar de forma tan fiel los presupuestos artísticos que escuchamos en la música de estos seis compositores.


Las tomas de sonido, a cargo de Sixto Cámara Moya, son sobresalientes todas ellas, tanto en los dúos como en las piezas para instrumento solista, lo que nos permite disfrutar, de forma aún más inmersiva, espacializada y transparente, de las versiones de Oriol Estivill y Daniel Ruiz a nivel técnico, así como, a comprender mejor cada una de estas partituras en su contexto, las notas que para esta edición firma Joan Magrané, cuyas últimas palabras definen con precisión la idea central que articula este disco, como propuesta artística, en su conjunto:
 
«Una herencia musical que generación tras generación va continuando, complementándose y regenerándose continuamente, ahora cogiendo un camino y ahora otro, adelante o atrás, sin prejuicios ni apriorismos, con la libertad creativa como bandera, explorando cada rincón de este nuestro campo sonoro».





Más información en la página web del sello Ficta


 

Las fotografías en orden de aparición son de Marc Colilla, 2024, May Zircus/Fundación Guinjoan y Andrej Grlic.







 

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