ISSN 2605-2318

Perspectivas de Escucha

Paco Yáñez (Colaborador) 

Perspectivas de escucha #6: «SIGMA Project llega a Colombia en su periplo discográfico latinoamericano»


13/11/2025

Perspectivas de escucha #6: Críticas de Paco Yáñez para El Compositor Habla



 
New Colombian Music for Saxophone Quartet: Obras de Juan Antonio Cuéllar, Carolina Noguera y Rodolfo Acosta. SIGMA Project (Andrés Gomis, Laura Martínez, Alberto Chaves y Josetxo Silguero). Marcela Zorro y Jefferson Rosas, ingeniería de sonido, edición, mezcla y masterización. SIGMA Project, producción. Brian Brandt, productor ejecutivo. Un CD DDD de 60:20 minutos de duración grabado en la Sala Luis Ángel Arango del Banco de la República, Bogotá (Colombia), del 26 al 28 de abril de 2025. Mode Records 353.
 
Tras el lanzamiento, a finales de 2022, de New Mexican Music for Saxophone Quartet, un disco publicado por el sello neoyorquino Mode Records en el que se incluían obras de Víctor Ibarra, Hebert Vázquez, Hilda Paredes, Arturo Fuentes y Javier Torres Maldonado, SIGMA Project vuelve a dedicar un nuevo compacto a la música actual para cuarteto de saxofones compuesta en América: parte de una intensa relación a través de la cual SIGMA no sólo se ha convertido en uno de los conjuntos más importantes en la difusión de la nueva música latinoamericana, sino en una fuente de inspiración para los compositores que han escrito nuevas partituras para el cuarteto español desde la que fue, en noviembre de 2012, su primera visita a América (que tuvo como destino México, un país con el que SIGMA Project mantiene una muy sólida relación musical desde aquella primera gira).
 
Sin embargo, los vínculos de los integrantes de SIGMA Project con América son —tal y como señala Sebastián Wanumen en el último número de la Revista Tempo— anteriores incluso a la fundación en 2007 del propio cuarteto, como demuestran las giras de Josetxo Silguero por Sudamérica desde el año 2005. Es en este contexto y continuo histórico en el que hemos de situar la primera visita de SIGMA a Colombia como cuarteto, que tuvo lugar en el año 2018: comienzo de una serie de colaboraciones que le ha permitido a SIGMA Project venir estrenando, desde entonces, partituras de algunos de los compositores colombianos más destacados del siglo XXI, así como, en 2025, incorporar a su proyecto discográfico latinoamericano el compacto titulado New Colombian Music for Saxophone Quartet, un volumen, de nuevo, publicado por el sello Mode.
 
Como señala igualmente Sebastián Wanumen, las apariciones como cuarteto de SIGMA Project no se han circunscrito a las dos grandes capitales de la música en Colombia; respectivamente, Bogotá y Medellín, sino que se han descentralizado, alcanzando ciudades de muy distinto tamaño como Bucaramanga, Honda o Villavicencio; incidiendo, asimismo, en un diálogo bidireccional gracias al cual SIGMA tanto ha efectuado el estreno en Colombia de obras de prominentes compositores internacionales, como Philip Glass o Salvatore Sciarrino, al tiempo que promovía nuevo repertorio colombiano, por medio de sucesivos encargos que potencian ese acercamiento cultural entre los pueblos que es una de las más reconocibles señas de identidad de SIGMA Project desde su fundación.
 
El lanzamiento de New Colombian Music for Saxophone Quartet ha venido acompañado, asimismo, de toda una serie de charlas y conciertos de presentación efectuados por SIGMA Project en Bogotá, tanto en solitario como compartiendo escenario con la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, ocasiones en las que la crítica y la musicología colombiana se han referido a esta nueva producción discográfica como «paradigmática para la música de cámara contemporánea en Colombia».
 
Para justificar tal afirmación, musicólogos como Sebastián Wanumen (autor, asimismo, de las notas de este nuevo compacto de SIGMA Project) destacan la diversidad de las tres propuestas musicales recogidas en este disco, con sus diferentes conceptualizaciones artísticas y su personal expresividad. Todas ellas son fruto del encargo y de la grabación con el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y el Banco de la República: dos de los apoyos institucionales y privados que, con el Etxepare Euskal Institutua, han permitido llevar a buen puerto esta decimocuarta producción discográfica de SIGMA Project.

Ésta se abre con la música de Juan Antonio Cuéllar (Bogotá, 1966), un compositor que ha tenido una considerable presencia tanto en los diarios generalistas gallegos como en los medios musicales españoles especializados a lo largo de los últimos meses, tras su nombramiento como nuevo gerente del Consorcio para la Promoción de la Música de La Coruña, organismo del que depende la Orquesta Sinfónica de Galicia, una agrupación que atraviesa un momento económico extremadamente delicado al que se suma una enquistada crisis artística debida a lo rutinario de su programación y a la pobreza en su relación con la mejor música actual, territorio que se antoja uno de los retos de Juan Antonio Cuéllar al frente de la OSG (si la orquesta herculina no quiere seguir su caída libre por los despeñaderos de la irrelevancia artística contemporánea).
 
Polémicas y retos de gestión al frente de la OSG al margen, nos quedamos, hoy, con el Juan Antonio Cuéllar compositor, por medio de sus Cuatro artificios (2025) para cuarteto de saxofones. Como señala Sebastián Wanumen en sus notas, Juan Antonio Cuéllar ha mantenido una relación habitual tanto con estrellas de la música pop como vínculos con la música religiosa, habiendo estado marcada su estética, en ambos casos, por la simplicidad y la inmediatez, con el objetivo de hacer su música más accesible al público y ahondar en ese tan sobado y cansino mantra de la ‘comunicación’ (¿acaso no comunica la música más experimental de vanguardia?) que, en la mayoría de los casos, no esconde más un considerable rebajamiento de la audacia artística, algo que, en el caso de Juan Antonio Cuéllar, se agudiza aún más por sus planteamientos de corte neoclásico.
 
Dichos planteamientos están presentes en estos Cuatro artificios para cuarteto de saxofones ya desde su propia estructura en cuatro movimientos, que responde a una forma clásica que el propio Cuéllar asimila a lo que sería un esquema Allegro – Adagio – Scherzo – Allegro. A dicha arquitectura se suma lo que Sebastián Wanumen define como una combinación de técnicas del Barroco y de comienzos del siglo XX, por lo que, al menos en cuanto a invención tímbrica y estética contemporánea, estamos ante una obra que dista de poder situarse entre los cuartetos más sustantivos estrenados por SIGMA Project (ya sean los de Alberto Posadas, José María Sánchez-Verdú, Raphaël Cendo, Liza Lim, José Manuel López López o varios de los reunidos en su álbum mexicano).
 
Los nombres de dichos movimientos también refuerzan esos vínculos con la tradición y sus esquematismos. Así, el primero de ellos (caracterizado por Cuéllar como un Allegro), Fanfarrias, incide en lo que será el parámetro más explotado en estos Cuatro artificios, el ritmo, con diferentes métricas que hacen girar al cuarteto en bucles obsesivos a distintas velocidades. Desde su apertura en slap en el registro grave (que marca, con su continuo, una suerte de base rítmica posteriormente variada de forma progresiva al integrarse el saxofón barítono en las líneas melódicas del conjunto), los miembros de SIGMA Project entonan melodías que se van fugando entre la linealidad y su giro circular, desfigurando su estructura armónica para que ésta se vaya convirtiendo tímidamente en textura y esfumado por acción de las distintas velocidades a las que la armonía se expande, hasta que ésta se satura de forma sincopada en el final de este primer artificio y un nuevo slap le confiere su rúbrica, deteniendo el inicial torbellino de estas Fanfarrias.
 
Pasando al segundo movimiento (adagio, en la estructura clásica a la que Juan Antonio Cuéllar referencia sus Cuatro artificios), Cantos es una página intensamente crepuscular en la que las melodías se suspenden de forma nostálgica, combinando desde primeras voces que evocan el canto solista a la formación de una textura cromática por densificación del cuarteto que sirve, bien de paisaje de fondo, bien como coro que acompaña a las primeras voces que van entonando los cantos a los que se refiere el título de este segundo artificio, el más afectado, romántico y lírico de los cuatro.
 
Aunque, siguiendo el esquema de velocidades ya mencionado, Danzas se correspondería con un scherzo, en realidad su estructura combina el impulso rítmico de Fanfarrias y la suspensión de Cantos, dando como resultado un movimiento más heterogéneo que se embebe, asimismo, de la música popular latinoamericana, como señala Sebastián Wanumen en sus notas:
 
«El tercer movimiento, Danzas, toma un bambuco tradicional andino y le otorga una estructura armónica basada en el cuarto modo de transposición limitada de Olivier Messiaen. [...] El tema principal de Danzas también evoca las melodías ágiles de los pasillos fiesteros tradicionales como Río Cali de Sebastián Solari o El Cucarrón de Luis Uribe Bueno».
 
Si bien las melodías latinoamericanas son más evidentes aquí, con sus machacones ostinati, se hace difícil encontrar en Danzas los ecos de un Messiaen cuya complejidad rítmica y, especialmente, armónica están a años luz de lo escuchado en estos Cuatro artificios. En todo caso, dichas evocaciones (estilizadas) de la música popular resultan más atractivas en este tercer movimiento, recordándonos trabajos análogos de compositores latinoamericanos del pasado siglo, como Alberto Ginastera.
 
Se cierran los Cuatro artificios con Tocatas, otro título más que descriptivo de lo que en este allegro nos encontramos, combinando —según el propio Cuéllar— «elementos de fugato con una forma de sonata que se contrae progresivamente, que se desarrolla mediante un “vertiginoso moto continuo” que culmina en un estallido de energía».
 
Hay en Tocatas, de nuevo, un continuo ímpetu rítmico, que combina el impulso de las músicas de raíz latinoamericanas con ecos del minimalismo estadounidense, lo que marca su tensión, abigarramiento métrico y búsqueda del impacto emocional a través de la reiteración. Técnicamente, SIGMA Project impresiona por cómo son capaces de mantener ese pulso rítmico de forma tan poderosa, incorporando a Tocatas lo que casi parecen procesos de oralidad expuesta con los saxofones, una búsqueda de apuntalar el aparato rítmico que es la seña de identidad por antonomasia de estos Cuatro artificios.
 
La segunda partitura del disco llega de la mano de la compositora Carolina Noguera Palau (Cali, 1978), de quien escuchamos Cánticos del Azar (2025), un cuarteto en el que las técnicas extendidas conviven con nuevas infiltraciones de la música popular latinoamericana; especialmente, en su aparato rítmico, lo que crea el gran contraste que Cánticos del Azar nos muestra entre sus compases más suspendidos (desde los que nace) y los más febriles, aquéllos que van sumando ritmos de danzas en distintos pasajes de la obra.
 
Según Sebastián Wanumen, Cánticos del Azar vuelve a evidenciar una relación que está detrás de una buena parte de la obra de madurez de Carolina Noguera: la que une al lugar con la persona, la constelación y el sonido en un todo indisoluble que hace que Cánticos del Azar se convierta tanto en el paisaje como en la que persona que observa dicho paisaje e, igualmente, en el propio hecho de observar; todo ello, profusamente intricando en una partitura en la que la densificación armónica prima en sus pasajes más sólidos e interesantes desde una perspectiva artístico-compositiva actual.
 
De nuevo siguiendo el libreto del disco, conoceremos que Carolina Noguera utiliza en sus composiciones un procedimiento, el de los asterismos, que porta reminiscencias del John Cage de inspiración astral, definiendo Sebastián Wanumen dichos asterismos como «los patrones de cuerpos celestes vistos desde puntos específicos de la Tierra en ciertos momentos»: determinación celeste-matemático-musical a la que Noguera Palau suma la disposición de las constelaciones relacionadas con el momento del nacimiento de personas para ella cercanas, uniendo, así, lo personal con lo estelar.
 
En el caso de Cánticos del Azar, dichos asterismos se materializan en el hecho de que este cuarteto de saxofones se estructura en siete partes ininterrumpidas: guarismo derivado de las siete mansiones o posiciones de la luna en el asterismo chino del Ave bermellón (朱雀), formación astral que Carolina Noguera tomó al ser éste —según nos vuelve a informar Sebastián Wanumen— el signo astrológico del esposo de la compositora colombiana.
 
Será el número siete, igualmente, el que estructure las siete notas en las que se basan las melodías que escuchamos en las tres primeras secciones de Cánticos del Azar, todas ellas emanadas de una rugosidad inicial que nos sumerge, con aire sin tono y proyecciones de armónicos, en lo que sería la noche de los tiempos o el paisaje indeterminado de la oscuridad primordial del cosmos, sobre la que se va perfilando cada miembro del cuarteto hasta adquirir una personalidad propia y ser capaz de establecer una línea con la suficiente consistencia musical como para poder definir melodías y campos armónicos en diálogo con la otreidad reconocida.
 
Es, por tanto, un bello y matérico comienzo que nos remite a una suerte de punto cero en el que dicha materia sonora se con-funde en busca de la individualidad, siendo fundamentales las resonancias para ir quebrando esa masa centrípeta que parece absorber, en el registro grave y de forma gravitatoria, al conjunto del cuarteto.
 
Será la final individualización del registro grave (en un poderoso saxofón barítono) la que acabe transformando la textura como paisaje del cuarteto en la final concatenación de líneas melódicas que desarrollan su diferentes formas de fuga, encadenamientos de evocaciones rítmicas populares y amalgamas armónicas, jugando una y otra vez Carolina Noguera con la unidad y la dispersión a lo largo de los casi veinte minutos que dura Cánticos del Azar. De hecho, en el ecuador de la partitura nos abismamos a otro pasaje en suspensión, aunque éste de naturaleza muy distinta a la inicial, más resplandeciente y lírico, pues si el comienzo nos remitía a la materia primordial, al atavismo físico, este segundo bloque ralentizado nos mostraría a quien contempla la naturaleza de forma serena, comprendiendo y haciendo dialogar su yo espiritual con ese mapa celeste del que su propia materia proviene.
 
Es, por tanto, una música de fuertes connotaciones panteístas, así como un proceso de búsqueda de una síntesis entre lo que diríamos música de vanguardia europea y música popular colombiana: uno de los anhelos y desafíos artísticos consustanciales al estilo de la propia Carolina Noguera, que no sólo incorpora a Cánticos del Azar elementos rítmicos de dicha música de raíz, sino timbres y texturas, procurando lo que ella misma define como una migración de recursos musicales y espirituales entre distintos pueblos y culturas. Como señala Sebastián Wanumen, una de las aportaciones de la Cali natal de Carolina Noguera a estas armonías del universo que son Cánticos del Azar viene dada por ritmos que en la partitura aparecen enfatizados con indicaciones como «sabor», «sonero» o «movido», enraizando aún más Cánticos del Azar en la música colombiana.
 
En esta grabación, SIGMA Project se embebe y refuerza notablemente dichos ritmos, que ya conocen de primera mano por sus giras colombianas, rubricando una soberbia primera grabación mundial de Cánticos del Azar que, como las otras dos reunidas en este compacto, han sido trabajadas mano a mano con los compositores específicamente para este proyecto, lo que le confiere su especial legitimidad a la hora de establecer el canon interpretativo de cada cuarteto.
 
Se cierra New Colombian Music for Saxophone Quartet con el cuarteto de Rodolfo Acosta (Bogotá, 1970) pidiendo agua, traían leña (2025), un título tomado de El primer nueva corónica y buen gobierno (c. 1615), manuscrito del cronista peruano Felipe Guamán Poma de Ayala que profundiza en paradojas comunicativas como a la que se refiere el título de la partitura: las habidas en el Perú de finales del siglo XVI y comienzos del siglo XVII entre las comunidades nativas en lengua quechua y los invasores españoles; una cuestión que, asimismo, servía a Felipe Guamán para denunciar la abusiva explotación y la progresiva aniquilación del pueblo inca durante la conquista española.
 
El especial interés que Rodolfo Acosta ha mostrado en su carrera como compositor por las cuestiones políticas, filosóficas y sociales asociadas a la música, hacen que la realidad denunciada por Felipe Guamán esté, para él, de nuevo de plena actualidad, por los choques que a escala global se están dando entre pueblos, culturas e idiomas en distintos lugares del mundo; de forma muy especial, con las corrientes migratorias globales y las nuevas formas de tiranía planetaria, ya sea desde los despachos presidenciales, ya desde corporaciones empresariales ni tan siquiera sujetas a las urnas pero cuyo poder excede, de facto, al propiamente legislativo.
 
Las paradojas en la comunicación a las que nos remite el título del cuarteto se hacen patentes en una obra acusadamente episódica a lo largo de sus veintidós minutos de duración, en los que visitamos las que Rodolfo Acosta denomina «islas» que, formando todo un archipiélago musical, iremos recorriendo, entre momentos de fuerte unificación armónica, otros en los que cada voz adquiere un rol solista y pasajes en los que se rompe cualquier lógica unitaria, en línea con los desencuentros lingüísticos recogidos por Felipe Guamán en El primer nueva corónica y buen gobierno.
 
Los slaps y los efectos percusivos en los saxofones son un buen ejemplo de dichas incoincidencias: discrepancias entre los miembros del cuarteto que se agudizan por la profusión de distintas métricas, como forma musical de las lenguas y prosodias aquí en choque. Son compases en los que, además de un aparato crítico de denuncia, Rodolfo Acosta deja espacio para el humor, dadas las paradojas rítmicas que, a modo de absurdos, una y otra vez se suceden en el cuarteto. Ahora bien, dicho humor se alterna con pasajes más tensos y dramáticos, en los que los pálpitos de los saxofones se convierten en ahogo y temblor, así como en amenazantes presencias conformadas por distintas agrupaciones de unos saxofones contra los otros, las que aquí van realizando sucesivamente Andrés Gomis, Laura Martínez, Alberto Chaves y Josetxo Silguero, integrantes de SIGMA Project en este compacto, que firman una primera grabación mundial de pidiendo agua, traían leña con los mismos niveles de excelencia interpretativa mostrados a lo largo de todo el disco.
 
En todo caso, también se dan en pidiendo agua, traían leña fragmentos en los que el cuarteto muestra mayores atisbos de una unidad, de un lenguaje compartido en sus armónicos de síntesis, cantados cual coro sobre una misma nota que va resplandeciendo en la afinación y el timbre de cada saxofón. Como señala Sebastián Wanumen en sus notas, el hecho de que un conjunto español, Sigma Project, y tres compositores colombianos hayan firmado un disco como éste, es de por sí un canto a la esperanza, una búsqueda del «reconocimiento mutuo y el respeto por la diferencia», conduciéndonos felizmente a los antípodas de lo denunciado en el siglo XVII por Felipe Guamán.
 
pidiendo agua, traían leña, con sus compases en los que cada voz se presenta de una forma más individualizada, es un perfecto ejemplo de la soberbia espacialización que presenta este disco, fruto del gran trabajo de Marcela Zorro y Jefferson Rosas en unas tomas de sonido y en una masterización que aúna la transparencia y el realce tímbrico. Completan esta edición las ya varias veces citadas notas de Sebastián Wanumen, profesor de la Universidad del Norte de Barranquilla y nuestro guía para recorrer las bases históricas, sociales y conceptuales de cada partitura, ofreciéndose sus detalladas explicaciones tanto en inglés como en castellano.
 
Tras haber lanzado ya al mercado sus compactos respectivamente dedicados a la nueva música para cuarteto de saxofones mexicana y colombiana, el periplo discográfico de SIGMA Project por tierras americanas se dirigirá, en los próximos meses, hacia Brasil, así que es de suponer que los frutos de dicha estancia se materializarán en un tercer disco de SIGMA Project en el sello Mode Records que estaría dedicado a la música brasileira. Esperamos, para entonces, poder volver a contárselo. 
 
Más información en la página web del sello Mode Records.

Las fotos son de Aitor Izaguirre cortesía del cuarteto
 
© Paco Yáñez, noviembre de 2025


 

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