Noticias

Entrevista con Luis Ángel de Benito


21/01/2019

Entrevista. Esta temporada 2018/2019 el programa «Música y Significado» de Luis Ángel de Benito cumple su décimo aniversario. Hemos hablado con él sobre música y muchas cosas más y esto es lo que nos ha contado.


 
1. Ruth Prieto: Esta temporada 2018/2019 su programa «Música y Significado» cumple su décimo aniversario, ¿cuál es el balance de estos años? 

Luis Ángel de Benito: El balance es muy feliz. La gente ha sido muy, muy amable. Cuando empecé me columpiaba de vez en cuando, y la gente fue muy tolerante con mis gazapos, sobre todo porque agradecían ese formato: un profesor diciendo dónde estaba el Tema A, y el Desarrollo, y la Reexposición, y que este motivo se derivaba de este otro, y que según el tratado de tal este giro musical indicaba dolor, o indicaba tema pastoral, o misterio de los bosques… Estoy muy feliz con esta aceptación y me siento muy unido a la gente que escucha este programa.
 
2. R.P.: El programa comenzó en la temporada 2009-2010 y empezó llamándose "El diván y la cábala". ¿En estos diez años cómo ha evolucionado de un diván y una cábala, a músicas y su significado?, ¿cómo ha cambiado el programa en esto diez años? 

Luis Ángel de Benito: Yo había trabajado en Radio Clásica (entonces Radio-2) en los años 90, cuando era muy joven. Me contrató Arturo Reverter para «La rama dorada» de César Ballester y luego me dijo que hiciese un programa mío propio para el verano, que se llamó «El Caballero de la Rosa» (por cierto, en honor de mi entonces novia y hoy esposa, que se llama Rosa).
A pesar del éxito de ese programa, me echaron cuando vino Miguel Alonso, porque yo creo que querían una radio más seria y más “musicológica”, de esto de anunciar 13 canciones en alemán y recitar todos los títulos seguidos en alemán bien pronunciado y luego poner todas las canciones seguidas esperando que la gente se acordase de los títulos en alemán y tal. Yo esa radio no la compartía y creo que se me notaba. Era para frikis de Celebidache y talibanes de la ópera y cosas así en alemán. Muy elitista. Así que salí (me salieron) de aquel club exclusivo.

Varios lustros después, cuando mi existencia radiofónica había perdido toda esperanza de resurrección y reconciliación con los frikis, en 2008, yo organizaba uno de mis cursos en la UIMP de Cuenca y dije unas cuantas ponencias con las payasadas inherentes a mi condición humana. Pero parece que eso le gustó a la pianista Menchu Mendizábal, que estaba allí de miranda (y de participanda) y le habló bien de mí a su esposo Fernando Palacios, el entonces director de Radio Clásica.
Así que ese otoño me puso a dirigir algunos programas de «La tertulia», y al año siguiente me encargó los centenarios de Mendelssohn y Albéniz. Palacios escuchó uno de mis análisis de una sonata de Mendelssohn y me propuso entonces que hiciese un programa de análisis musical. Lo llamé «El diván y la cábala», con resonancias de Borges y aspiraciones simbólicas junguianas: el diván representaba el psicoanálisis profundo al compositor / compositora, y la cábala era el método por el que descifraríamos los mensajes ocultos y subconscientes y divinos de la obra musical.
Un año después llegó Ana Vega Toscano a la dirección, y me dijo que ese título era muy esotérico, así que lo cambiamos –un poco a mi pesar- por «Música y significado». Y así hemos alcanzado la décima temporada.
 
3. R.P.: ¿Y cómo ha cambiado usted como presentador, como analista musical, divulgador…? 

Luis Ángel de Benito: Digamos que he hecho la transición de aquella radio formal, con vestigios del antiguo régimen y las JONS, de usted y tal… hasta un acento más cercano, más pensando en el personal, en el pueblo que nos paga, en el pueblo llano, el pueblo bolivariano y eso. Ahora pensamos en gente real, no el club de señoritos-as. He tenido mi transformación en eso. Que conste que no hablo en plan de tronko, colegui, “qué passsada”, “¡al loro con la Yuja Wang!”, etc. Pero practico un acento franco (con minúscula, digo…), de conversación amistosa, confidencial.
La clave del éxito es la cercanía con las personas, y que sientan que les hablamos de cosas que tienen que ver con su vida, con sus afectos o sus lecturas o sus relaciones. El Premio Ondas a Martín Llade tiene que ver con esa postura de cercanía.
Vamos a llamarlo “Radio de Cercanías”, o “Radio de Clase Turista”.
 
4. R.P.: El programa se emite los viernes a las 23,00 horas y a pesar de su horario tiene unos muy buenos índices de audiencia. ¿Dedican la radio y la televisión españolas suficiente tiempo a difundir la música, a promover su conocimiento, comprensión y disfrute? 

Luis Ángel de Benito: Sí, se emite a la hora del botellón. Pero casi nadie lo escucha a esa hora. Más bien se lo descargan de la web al día siguiente, el sábado o el domingo, y lo escuchan mientras pasean o hacen pilates o planchan, según me cuentan. La temporada pasada acabamos los primeros en descargas, y esta temporada llevamos ya tres meses los primeros o los segundos también, compitiendo con el maestro Pagán y su Música Antigua, y siempre rozándonos con Martín Llade y con el Solo Jazz de Luis Martín. Perdón por el autobombo: esto lo digo no con alarde sino con gratitud.
En cuanto a si la radio y televisión españolas dedican esfuerzos a estas cosas, bien, yo es que creo que no es atractivo para las televisiones emitir un concierto desde no sé qué auditorio solemne o teatro solemne con gente vestida de chaqué con cara de mal fario en una atmósfera esotérica. Eso no es televisivo. Eso echa para atrás al personal. Si las teles no nos hacen caso, puede ser porque nos “vendemos” muy mal. Nuestros conciertos tienen un formato del siglo XIX o anterior, y eso queda bien si vas a un palacio o una catedral: aunque no seas melómano, un concierto decimonónico pega en un entorno decimonónico. ¡Pero la televisión no es decimonónica! Es del XX-XXI. Deberíamos pensar en otros formatos para presentar a Beethoven y Brahms and friends. Formatos que tengan que ver con la vida real de la gente.
Es un mito que a la gente no le gusta la música clásica: ¡mira las bandas sonoras modernas!, todas con armonías de Bruckner y de Wagner de toda la vida, y de Bartók y de Holst actualizadas. Mira qué bien las traga la gente. ¿Por qué?... Pues porque están en un entorno mágico y atractivo. Se relacionan con acciones, con héroes, con fracasos, con sueños.

Pero en una sala de concierto televisado, si no eres iniciado como nosotros, no relacionas nada. Es un rollazo.
 
5. R.P.: En su programa usted analiza obras musicales desde puntos de vista formales y estructurales, pero principalmente desentrañando significados extra-musicales, "traduciendo" a coloquio amistoso los procedimientos de la Semiótica Musical y la Narratología Musical, y digo yo ¿qué significa la música? ¿Tiene significado la música? 

Luis Ángel de Benito: La música siempre significa cosas. O bien porque representa todo ese mundo simbólico que tenemos dentro, para el cual no hay palabras (eso es lo que decía Susanne Langer), o porque nosotros proyectamos nuestros filtros en ella, igual que imaginamos formas con las nubes o pensamos que la expresión de un perro sanbernardo es triste, que eso es lo que dice Peter Kivy, aunque lo toma de Bouwsma (perdón por tanta cita).
 
6. R.P.: ¿Siempre tiene significado extramusical? 

Luis Ángel de Benito: No somos “niños-lobo”: nada más nacer hemos sido “arrojados a la cultura” como decía Heiddeger. Eso es lo que hace que encontremos significados en las formas incompletas o imprecisas, aunque el autor no se los haya dado. Es el fenómeno estudiado por la Gestalt. Y Wittgenstein mismo ya propuso muy bien que el significado de algo reside en el uso que la gente le dé, dentro de unas condiciones, de un juego, decía él. A lo mejor te voy a aburrir con nombres de gente más lista que yo, pero lo dijo muy bien Greimas: “Toda creación del ser humano es antropomórfica”. (No sé si las Estructuras de Boulez están incluidas en esto, serían más bien marcianomórficas, pero bueno…).

La frase lapidaria para resumirlo todo sería la de ese Peter Kivy, que es filósofo analítico y músico: “La música absoluta es la nada absoluta”. La “música pura”, el “sonido puro”, no existe.
 

7. R.P.: El programa habla de figuras retóricas, de tópicos, de mensajes que encierran cosas, incluso mensajes crípticos y códigos. ¿Cuál es el misterio de la música? 

Luis Ángel de Benito: Huy, ojalá lo pudiésemos descifrar. Pero yo creo que su principal virtud es que es indeterminada, que es abierta, que no sigue una lógica verbal. La música de todas las culturas tiene lo que llama Reynoso los “universales” (las canciones de cuna siempre son suaves aquí y en Katmandú, y las danzas guerreras siempre son de ritmos fuertes), o lo que llama Stefan Koelsch (más arriesgadamente) el “innatismo musical”.
Pero más allá de esos “universales” muy básicos, los significados varían en cada época y cada cultura e incluso en cada subgrupo urbano. Aun así, siempre digo que hay maneras de objetivar los significados colectivos, como por ejemplo el estudio de los tópicos del siglo XVIII y del Romanticismo. Digamos que en mis programas lo que hago es poner “en coloquial” los estudios de Ratner, Agawu, Tarasti, Grabócz, Monelle especialmente, o incluso Robert Hatten con las estructuras significativas en Beethoven.

Pero, claro, a la gente no le voy a estar dando estos nombres todo el rato porque no quiero convertir mi programa en una de esas ponencias universitarias aburridas con powerpoints aburridos. Tengo que pasar a la acción. Bueno, puedo mencionar a Rubén López Cano, que es erudito y guay. Y también al otro capo de la Retórica en español, que es Daniel Vega.
Y luego están las cosas que no son científicas: cotilleos, cartas que revelan que Shostakovich estaba lanzando mensajitos ocultos a Elmira Nazirova o a Elena Konstantinovskaya, o que Brahms estaba pensando en Bertha cuando compuso su Segunda Sinfonía… Todo ese material te confirma que la música absoluta no existe, ni siquiera en Bach o Brahms. Lo siento por Hanslick y los neo-hanslickianos de Atocha que hay por ahí…
 
8. R.P.: Tiene usted varios colaboradores, ¿cuál es su papel en el programa? 

Luis Ángel de Benito: Son geniales. No son permanentes, porque no tenemos presupuesto (si yo te contara…). Pero vienen por ayudar y porque les hace felices compartir cosas. Hemos tenido a Enrique Rueda descubriéndonos las trampas encantadoras de Schoenberg; a Sofía Martínez Villar, que estuvo tan brillante con su especialidad en percepción auditiva; a Irene de Juan tocando y hablando con sus aproximaciones literarias y multi-multi; a la científica y artista Almudena M. Castro sobre la repetición en música; hemos tenido al gran Pérez Maseda, especialista internacional en Wagner-Nietzsche; a Enrique Igoa, capo de análisis musical en España, que nos habló de esto de los tópicos en Mozart que te decía. Ha venido mi amigo Fernando Velázquez a contarnos El orfanato con todas sus implicaciones motívicas y armónicas e incluso ¡la dirección melódica! de los temas en esa peli.
Y hay un joven youtuber asombroso, que cada vez que lo traigo me peta la audiencia y nos quedamos los primeros no sólo de Radio Clásica sino de todo Radio Nacional, que es Jaime Altozano. Ha venido a hacerme El señor de los anillos y Star Wars. Es un tipo admirable por cómo relaciona las cosas y esa metaforización tan atrevida que tiene y, claro, ha introducido a miles de milenials en el mundo de la música clásica. Este año nos va a contar más bandas sonoras (creo que haremos Harry Potter y alguna más), pero es que hay mucho que aprender de este joven tan inteligente y tan directo en materia de divulgación musical. Toda la carcundia española deberíamos ver sus vídeos. Ya tiene el millón y pico de followers, a base de vídeos que hablan de Mozart, de Bach, de anime, de K-pop, de La Bohème o de mil cosas más. Yo creo que el futuro de la divulgación musical va por ahí, mucho más que esos programas que anuncian una sinfonía de Brahms con voz resignada y circunspecta o como si fuesen a dar una mala noticia (o una sinfonía de Tomás Marco...).
 
9. R.P.: ¿Qué queda por hacer en el programa, qué le gustaría abordar que no haya hecho todavía? 

Luis Ángel de Benito: Me gustaría meter rock bueno, Freddy Mercury, o rock sinfónico como el de Emerson, Lake & Palmer o Génesis o Dream Theater, pero tendré que hacerlo a cachitos porque no creo que Radio Clásica hoy sea el lugar idóneo para tener baterías y doble bombo sonando una hora. Voy a ver si dedico un rinconcito por aquí y por allá. También me gustaría recibir trabajos de compositores y compositoras actuales del mundo sinfónico. Pero, claro, tienen que sonar en consonancia con el público.
 
10. R.P.: También van a analizar obras de compositoras. Que una sociedad sea moderna, democrática, avanzada, depende de la posición de la mujer en ella. ¿Por qué durante tanto tiempo se ha ninguneado tanto a las compositoras? ¿Faltan mujeres en las programaciones? 

Luis Ángel de Benito: Lo lamentable con este tema es que en el siglo XVIII o en el XIX, de donde viene la mayor parte del repertorio que escuchamos, las formas musicales que imperaban (sonata, sinfonía, concierto...) eran formas muy “masculinas”, inventadas y forjadas por hombres. Eso lo cuenta muy bien Susan McClary. Se puso de moda esa manera “varonil” de conducir la energía sonora, que McClary equipara a las evoluciones de la líbido. Beethoven sería el más viril de los compositores, según esto. Y no había nada que hacer contra la fuerza de esa moda. Cuando Clara Schumann o Fanny Mendelssohn o Louise Farrenc quisieron hacer grandes formas, se pusieron a imitar a sus maridos o hermanos, en vez de crear una forma más propia. Clara se avergonzaba de que su Trío (que es genial y ya lo hemos dado en un programa que quedó el primero en descargas) resultase “afeminado” en comparación con el de su marido. Y, curiosamente, sus dos temas principales serían lo que Adolphe Marx llamaría “temas femeninos” (le pasa igual al Trío de Fanny Mendelssohn), pero su tratamiento es “masculino”, de pura forma sonata, que es un artefacto -creo yo- masculino, si es que ese término se pudiese objetivar. Las mujeres geniales estaban obligadas a escribir estructuras que tal vez les eran ajenas, y en las que los hombres geniales las superaban.
Podríamos destacar en el Romanticismo a Amy Beach. Dimos su Sinfonía Gaélica y también quedó la primera o la segunda en descargas esa semana. Esa sinfonía, de 1894 (sólo un año y pico después de la del Nuevo Mundo) ¡es preciosa!, y llena de implicaciones existenciales. Otro ejemplo de gran sinfonía romántica tardía sería la de Dora Pecjacevic. No vamos a decir que esas sinfonías son como las de Brahms o Bruckner (éstos les llevaban siglos de ventajas culturales), pero sí tienen la categoría de una Sexta de Dvorak, o una de Saint-Saëns o de Max Bruch, que estamos radiándolos todos los días, y a ellas no sólo porque son mujeres y “entendemos” que las mujeres están en el mundo sinfónico de prestado o algo así... Hay una gran lucha que hacer en ese aspecto. En esta cuestión me ayuda Míriam Bastos, la divulgadora feminista que también he traído al programa varias veces.
Pero yo creo que hasta las hermanas Boulanger o Germaine Tailleferre (a las que dedicaré espacio propio esta temporada) no podemos hablar de mujeres componiendo “en su salsa”, sin determinismos ni expectativas varoniles.
 
11. R.P.: A veces también nos encontramos con programaciones que obedecen más a criterios de cuotas mal entendidas que a un valor real de las obras programadas, ¿qué piensa de esto? ¿Qué piensa de las cuotas, se debe/puede programar solo atendiendo al género? 

Luis Ángel de Benito: Ja, ja, ja... Sí. Bueno, hay diferentes conceptos de cuotas. Está la cuota de obra “contemporánea” (generalmente tostones por encargos oficiales) que hay en todos los conciertos de las orquestas españolas antes de darnos la sinfonía de Mahler, que es a lo que vamos. No sé en otros sitios, pero en Madrid la gente ya sabe que debe llegar 15 minutos tarde para no tragarse “la cuota” ésa...
Yo creo que, en cultura, las cosas pueden hacerse desde abajo y no desde arriba. Soy muy escéptico del dirigismo estatal (bueno, soy incluso ateo del dirigismo estatal). Las cosas no hay que forzarlas. Si tal autor o autora hace cosas que interesan o que gustan, pues prográmense. Un año serán siete chicas y tres chicos, otro año al revés, otro año fifty-fifty, etc.  Yo este año en mi programa ya he sacado obras de Paloma Gómez Angulo, Sanja Phlöl o Andrea Casarrubios, y creo que sólo he sacado a un compositor varón, que es Guillermo Iriarte. E incluso, en los programas de Radio-1 He venido a hablar de lo mío, a los que me invita Lara López, he llevado músicas de Cristina Mora y de Alicia Nurho, muy crossover, y sólo llevé a un “chico”, que era Fernando Velázquez.

Según me vienen las composiciones, las escucho, miro si cuadran en mi programa y las pongo. Lo que menos miro es el sexo de la gente o si son de Madrid o de Pontevedra.
 
12. R.P.: Aunque las cosas han mejorado mucho, ¿Por qué esta invisibilidad, cuando hay muy buenas compositoras? 

Luis Ángel de Benito: Hay que derribar estos muros extraños. Yo no diferencio, en música vanguardista atonal, la calidad de ellos y ellas. Me parecen todos-as iguales. Si se pone una de estas creaciones de un compositor ¿por qué no poner de una compositora?... A la gente le da igual, va a seguir llegando un cuarto de hora tarde.
Y en bandas sonoras, por ejemplo, chirría que sólo haya habido dos Óscars femeninos: Rachel Portmann y Anne Dudley, que son buenísimas. Tiene que haber muchas más. No sé si las razones para esta desigualdad hay que buscarlas en la herencia decimonónica, esa vaga idea de autoridad “sacerdotal” o algo así con que se ha conceptuado al compositor... Eso irá cambiando.
 
13. R.P.: También incluye la presentación de música de reciente creación, ¿Cómo ve el panorama actual de la música contemporánea en España y en el mundo? 

Luis Ángel de Benito: Sí, espero presentar música de creadores y creadoras actuales. Sobre este panorama, yo creo que no estoy al tanto. En el conservatorio y en Radio Clásica llamamos “música contemporánea” a esta corrientita muy localizada y muy reducida Schoenberg-Webern-Boulez-Tomás Marco, que no ha tenido apenas eco en el mundo real. Sin embargo, en las cadenas de pop-rock, los disc-jockeys llaman “música contemporánea” al pop-rock, y yo creo que es más propio. No es que yo sea muy rockero, pero la auténtica música contemporánea es el rock, el pop o la banda sonora, porque es la que más congéneres contemporáneos escuchan, unos cuantos miles de millones. Pero la que llamamos los académicos “contemporánea”, haciendo una especie de ilusión metonímica, puede que la escuchen en el mundo 20.000 personas. O sea, que caben todos en Villanueva de la Cañada. Quizá estoy exagerando, no sé si por bajo o por alto.
 
14. R.P.: Hace unos meses en otra entrevista el compositor Ricardo Llorca me comentaba que la música contemporánea ha ido por un camino y el resto de la sociedad por otro. ¿Qué piensa usted de esta afirmación? 

Luis Ángel de Benito: Llorca siempre es lúcido y cabal. Si llamamos “contemporánea” a eso que decíamos, digamos que ha ido, no por un camino, sino por una vereda, un sendero oculto, y la sociedad ha ido por una gran autopista.
Yo sigo pensando es que el problema es el autismo. El otro día escuchaba en la radio a un compositor “contemporáneo” decir con orgullo: “Yo hago la música que yo quiero”. Y hace muy poco, otro pianista-compositor decía en una revista: “El compositor no debe tener en cuenta al público”...
Pero... ¿no es un poco locura todo eso?... El acto mismo de dar un concierto o grabar un disco ¡ya es un acto público!... Si no quieres público, no des un concierto, o no grabes un disco... Haz música en tu casa, para tu placer solitario. Pero todo es un gran contrasentido ontológico.
"Ese autismo y ese orgullo tontilán han llevado la “música contemporánea” al agujero en que está ahora."







Todo viene de aquel falso mito pseudo-romántico de Beethoven solitario, fracasado, rechazado por la canalla y reconocido sólo 200 años después, por la posteridad... Pero ¡eso es una trola!... Beethoven fue muy comercial y muy reconocido. Publicaba todo lo que componía. Lo vendía muy bien. Por su Missa Solemnis le dieron el equivalente a 64.000 euros, y ese día de la taquilla se llevó unos 30.000 euros. Beethoven fue muy famoso y muy mimado por Viena. Que se lean el estudio de Tia DeNora o las recopilaciones de Robin Wallace o, sin ir más lejos, el libro Beethoven: las 8+1 Sinfonías de “nuestro” Xoan Carreira. Beethoven no fue el Schoenberg de su época, para nada, ni el Tomás Marco de su época.
No hay ninguna dignidad ni ninguna grandeza en hacer “la música que me dé la gana”. Eso lo llaman “honestidad”. Pero yo creo que lo honesto es reconocer que somos una especie interconectada, comunitaria, socializada, y lo honesto sería no pedir dinero público para tus estrenos absolutos si tú desprecias a ese público. Eso es honestidad.
 
15. R.P.: Muchas veces se estrenan obras contemporáneas y no se vuelven nunca más a programar, ¿qué le parece esa “política cultural” de encargar obras y no apoyar la programación de compositores que algunas instituciones tienen? 

Luis Ángel de Benito: Yo es que estoy un poco ajeno a ese submundo de los conciertos y los encargos. Los conciertos ya no son lo que eran en 1850. Llenar teatros entonces no es lo mismo que llenarlos ahora, en auditorios donde, como mucho, caben 2.500 personas. Ahora el “teatro” es youtube, Spotify, etc. con millones y millones de espectadores. Nuestra presencia ahí es mínima. Me parece que es un club muy pequeñito. Lo dijo muy bien José Luis Temes el otro día en el programa de Martín Llade y Mikaela: “Estamos perdiendo la batalla de la música contemporánea”. Pero bueno, también a los músicos del Titanic los recordamos con cariño...
 
16. R.P.: ¿Qué le falta hoy en día a la difusión de la música de los siglos XX y XXI, el problema está en la difusión o en el contenido de lo que se difunde? 

Luis Ángel de Benito: Se difunde estupendamente. Jamás se ha escuchado tanta música actual como hoy día. Pero me refiero a música actual de Imagine Dragons, Coldplay, Shakira, Rosalía. Ésa es la música actual. Pero lo que llamamos académicamente “música de los siglos XX y XXI” yo creo que tiene difícil solución: se basa en sonidos cuya codificación semiótica es imposible. El lenguaje tonal había llegado a un cierto código, un sistema de tensiones, por el que unos y otros nos entendíamos. Todos sabíamos cuándo la música era tierna, agresiva, misteriosa, grandiosa, divertida... Pero la corriente que siguió al atonalismo optó por un no-lenguaje. Es decir, entiendo por “lenguaje” un sistema de signos interpretables con arreglo a un código. Si no hay código, no hay semiosis, no hay comunicación de contenidos significativos.
De manera que un grupo muy pequeñito de compositores inteligentes y musicazos desde Schoenberg, que hicieron mucho follón y salen en nuestras enciclopedias oficiales con caras muy serias y muy pontificias, encontraron que producir sonidos así, a-semiotizados, era muy díver para ellos.
Bien, pues ahí se ha quedado su experimento. Tras más de 100 años de atonalismo, con todas las facilidades (en Radio Clásica se ha pasado dos veces la obra completa de Luis de Pablo, por ejemplo) y todas las subvenciones y todos los millones que puso Darmstadt, que puso Franco, y que se siguen poniendo aquí en el INAEM, ya hemos visto que el experimento histórico no ha resultado. La gente ya ha dicho que le interesa la música que le suene bien.
Y yo apunto a causas biológicas, en vista de las conclusiones del Dr. Masataka, o la Dra. Maslennikova, o el Dr. Fish, o el mismo Stefan Koelsch: la membrana basilar del sapiens reacciona a la disonancia, pero le mola la consonancia. Puede que haya una minoría muy minoría de personas que puedan vivir bien en la disonancia, pero el género humano actual, por lo general no. Incluso las disonancias del jazz las toleramos porque nos recuerdan al sistema de funciones de los acordes consonantes.
"No digo que la biología tenga que determinar nuestros gustos, pero es algo que no podemos obviar así como así"
 






17. R.P.: ¿A la hora de programar música contemporánea, cuenta la estética, la escuela, la calidad? 

Luis Ángel de Benito: Yo pongo cosas que suenen bien, que gusten a la gente que me paga, que es el pueblo llano español de momento. Si pongo serialismo integral o espectralismo o atonalismo libre o tostonalismo libre, me quedo el último en descargas, por detrás de mi amigo Besada, y entonces siento que no estoy devolviendo a la gente lo que le debo.
Hay excepciones: por ejemplo, la banda sonora de Ran, que es de Takemitsu, es mayormente atonal, y ha funcionado genial en mi programa porque esa función del atonalismo la gente la entiende estupendamente: ilustrar, acompañar escenas terribles, sórdidas, incomprensibles... Otra banda sonora atonal estupenda es la de El planeta de los simios de 1968, que la compuso Jerry Goldsmith.
 
18. R.P.: ¿Para cuándo un programa en la televisión? 

Luis Ángel de Benito: Jajaja... Pues yo creo que hay más gente buscando música en Youtube que asomada a las televisiones oficiales. Mi amigo Altozano dice que me haga youtuber. Pero, claro, en divulgación musical ya está él y es imposible competir. Tendré que peinarme a ver. De televisión hay proyectos, Ya te contaré.
Y, oye, mil gracias por este balcón que abres a la humanidad melómana en tu web todos los días. Te agradezco tu elegancia conceptual o como quieras llamarlo y tu sentido de la diversidad: entiendo que mis opiniones no favorecen a La Secta del Fénix (título de Borges, claro), y hacerle un hueco aquí al discrepante, al apóstata de la religión verdadera, te honra. Felicidades por esa apertura tan infrecuente que te caracteriza. Muchas gracias.



Más información en la web de RTVE - Música y Significado

Más información en la página de Facebook de Música y Significado
 

Destacamos ...



Sistema RSS
© 2019 ElCompositorHabla.com
Todos los derechos reservados
Aviso legal y política de privacidad
Créditos