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«Conmocionados por Ligeti» por Ismael G. Cabral


07/03/2019

Una crítica de Ismael G.Cabral sobre el programa «Los Gozos y las Sombras» del director Joshua Weilerstein junto al violinista Christian Tetzlaff y la ONE, para El Compositor Habla.

 
 

Conmocionados por Ligeti


 
Auditorio Nacional de Madrid. 2 de marzo de 2019. Programa: Concert românesc & Concierto para violín y orquesta, György Ligeti. Sinfonía 41 'Júpiter', K551, Mozart. Christian Tetzlaff, violín. Orquesta Nacional de España. Joshua Weilerstein, director.


 
Hace unas semanas un buen y admirado pianista amigo de quien estas líneas redacta se lamentaba de lo difícil que es escuchar en concierto a los grandes de la segunda mitad del siglo XX. “Ahí está Elliott Carter, un magnífico compositor poco o nada programado hoy y del que parece que algunos solo recuerdan que murió con más de 100 años”, decía. ¿Explicaciones? Diversas, del conservadurismo y desinterés de la mayoría de los programadores al flagrante desconocimiento en otros casos. Además, la obra de nueva creación goza de algunas prebendas (que una orquesta toque un estreno absoluto otorga vistosidad), y la música de los vanguardistas no genera, por otra parte, subvención alguna. Nos referíamos a Carter pero la reflexión es extensible, desde luego, al protagonista del concierto que la Orquesta Nacional de España ofreció el pasado fin de semana en Madrid, György Ligeti (1923-2006). Podríamos afirmar que, en España, solo la ONE recuerda muy de vez en cuando a grandes de la vanguardia. Pero para encontrar una formación de referencia que admirar en este sentido deberemos mirar a Portugal, donde la Orquesta Sinfónica do Porto Casa da Música tiene programados, esta temporada, a Varèse, Carter, Ligeti y Vivier, entre otros.
 
Se entenderá al hilo de lo anterior la enorme pertinencia de este programa de la ONE que comenzaba con el Concierto rumano (1951), una obra, no por temprana intrascendente. Música esta que escarba en las influencias folclóricas de la Transilvania natal de Ligeti y que no disimula la impronta de Bela Bartók. Hubo enorme imaginación en los arrebatos exóticos del concertino, Salvatore Quaranta, y un ejemplar tono de ensoñación en el Adagio. El director invitado, Joshua Weilerstein, manejó con exactitud los efectos en eco con las trompas dispuestas por el espacio. Lejos de pasar por encima, el director neoyorkino se tomó muy a pecho un Concierto que dice mucho más de Ligeti de lo que podría entenderse a partir de una lectura meramente circunstancial. De hecho, en el movimiento conclusivo, Molto vivace – presto, la ONE se tornó menos agreste y más agria, porque también la partitura empieza a enunciar texturas modernistas, como si el compositor ya fuese consciente de que estaba dispuesto a dejar muchas cosas atrás (sus raíces, geográficas y musicales). Una fiera y destemplada coda en ostinato clausuró una música que, en esta versión, ganó muchos enteros con respecto a otras versiones fonográficas y digitales conocidas.
 
Mucho tiempo ha pasado desde la primera grabación del Concierto para violín (1992) que Saschko Gawriloff registrara junto al Ensemble Intercontemporain y Pierre Boulez en 1993 en un disco mítico de Deutsche Grammophon. La lógica virulencia de aquella interpretación recién nacida era amainada, años después, por Frank Peter Zimmermann, el Asko Ensemble y Reinbert de Leeuw en la versión que grabaron para la desaparecida Teldec. Benjamin Schmid (Ondine), Christina Astrand (Chandos), Jeanne-Marie Conquer (Alpha) y, muy recientemente, Augustin Hadelich (Warner) son otros violinistas que han dejado constancia en disco del mismo, prueba de la enorme consideración de clásico del siglo XX que ha adquirido este Concierto. También lo ha hecho Patricia Kopatchinskaja (Naïve), la mejor embajadora hoy de esta partitura conjuntamente con quien la ha traído a Madrid, Christian Tetzlaff. El alemán, además, tuvo la oportunidad de trabajar la obra con el propio Ligeti.
 
Tetzlaff realizó, adelantémoslo ya, una interpretación soberbia de la obra, tal es la adjetivación que mereció la lectura. Todo el caleidoscópico universo de texturas, timbres y colores que desparrama la partitura -gracias, en buena medida, a un importante arsenal de percusión y a la inédita y fantasmagórica utilización de numerosas ocarinas- encontró acomodo en la interpretación del solista. No escatimó ni profundidad expresiva ni lirismo cuando este apresaba por unos pasajes la obra, pero tampoco rehuyó momentos más controvertidos, de esquirlas decididamente vanguardistas. El tiempo va pasando por esta música y la va dejando en un óptimo lugar, como pieza de síntesis, sí, pero también como una de las creaciones mayores de un compositor que nunca se desdijo de una gramática fervientemente propia y que no quiso abrazar postmodernismo alguno, ni tan siquiera (como algunos (pocos) quieren hacernos ver) en su Concierto para piano. La ONE, en formación reducida, se encontró especialmente cómoda en el diálogo cruzado, acaso conscientes de la importancia del momento que estaban brindando, y respondió con mucho más que solvencia a un director, Joshua Weilerstein, que buscó, como ya había hecho en la obra precedente, el contraste acuciado. Quiso transmitir toda la humanidad que se encuentra en una obra atravesada por el pasado y el futuro, por el terror y por la luz. Puro Ligeti. Tetzlaff, en la propina, sirvió una melancólica y profundamente decadentista Melodía, tercer movimiento de la Sonata para violín Sz 117 de Bartók, con lo que se abrochó de forma lógica y serena toda la primera parte del programa.
 
La Sinfonía nº41 'Júpiter' de Mozart vino a concluir el programa en una versión claramente adscrita a la tercera vía, aplicando criterios historicistas a la interpretación con instrumentos modernos. Weilerstein no se mostró aquí tan entregado como con Ligeti, pero nada hubo que desdeñar en su versión, de dinámicas muy antagónicas, ricamente expresiva, muy viva, un punto acelerada y con una sonoridad que buscaba más la rusticidad que el engolamiento sinfónico.
 
© Ismael G. Cabral

 
Ismael G. Cabral, es periodista (no solo) cultural en Sevilla. Pasé 16 años en la redacción de 'El Correo de Andalucía' (2002-2018). Actualmente escribo sobre música en las revistas 'Ópera Actual', 'Scherzo', 'Sul Ponticello' y El Compositor Habla. Y sobre animales en el portal 'Wamiz'. En el pasado, también investigué radio y televisión. Buscando nuevos horizontes. #atelierdemusicas





   

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