ISSN 2605-2318

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La batuta no tiene género, pero la historia sí


30/03/2026

Sobre el podio, la música no distingue entre hombres y mujeres. Pero la historia que la rodea sí lo ha hecho. Durante décadas, la dirección orquestal ha sido un territorio casi vedado, un espacio donde las mujeres llegaban tarde, solas o bajo la etiqueta de excepción. Hoy sus voces resuenan con fuerza -firmes, lúcidas, necesarias- y nos invitan a mirar de frente una pregunta incómoda: ¿cuánto talento ha quedado fuera del relato? Entre datos, memorias y experiencias, este artículo propone escuchar no solo lo que suena… sino también todo lo que aún falta por sonar. Por Gema Pajares




 
Las directoras de orquesta lo dicen en voz alta: por qué todavía se distingue entre directores y directoras de orquesta. ¿Hasta cuándo? El mundo de la dirección orquestal es abrumadoramente masculino. El estudio “¿Dónde están las mujeres en la música sinfónica? Composición. Dirección. Solistas”, realizado por las asociaciones Clásicas y Modernas y Mujeres en la Música, en colaboración con la Fundación SGAE, y en el que se analiza el papel de la mujer dentro de este apartado, arroja cifras nada halagüeñas (aunque lo cierto es que es un estudio de hace 10 años). Los datos, los más recientes de que tenemos constancia, corresponden a conciertos ofrecidos por las orquestas sinfónicas españolas en la temporada 2018-2019. Solo el 1% de las obras programadas por las orquestas sinfónicas españolas tienen autoría femenina: 26 obras seleccionadas de mujeres frente a las 1.864 de hombres. Asimismo, solo el 8% de los directores de orquesta son mujeres, es decir, 13 directoras frente a 141 directores, mientras que en el resto de campos culturales la dirección de mujeres alcanza casi el 30%. Estas 13 directoras han dirigido en total el 5% de los conciertos programados (32 conciertos en total de 643 analizados). Si queremos revertir esta realidad es necesario conocer los datos, poder hablar con ellos en la mano. Sin embargo, la situación ha mejorado, aunque lentamente, con respecto a décadas anteriores.

Hoy las directoras de orquesta llegan cada vez con más frecuencia al foso. A ellas les damos voz en este mes de marzo -y todos los días del año-, para que hablen en primera persona. Hoy hablamos con algunas pero afortunadamente hay muchas más: Nathalie Stutzmann, Mirga Gražinytė-Tyla, Emmanuelle Haïm, Elim Chan, Anja Bihlmaier, Gemma New...
 
Faltaríamos a la verdad si obviamos que existe un ránking de maestras que trabajan en los mejores teatros de ópera y auditorios del mundo. Han llegado por su esfuerzo y su valía. Y lo subrayan.
Susanna Mälkki (Helsinki, 1969), estrecha colaboradora durante un par de décadas de la compositora Kaija Saariaho, es una destacada intérprete del repertorio contemporáneo, lleva más de veinte años en el podio y es una de las directoras mejor preparadas del panorama internacional. No lo tuvo fácil, como otras maestras de su generación y mantiene que poco a poco las directoras de orquesta van llenando teatros y auditorios. Si tiene que señalar el nombre de alguna colega no duda: Myrga Gražinytė-Tyla, y tiene muy buenas referencias de Oksana Liniv y de Karina Kanellakis. Cuando aterrizó en el mundo de la dirección, eminentemente masculino, ha confesado que sintió que la bienvenida no era tan calurosa como hubiera deseado:
 
“Nunca he utilizado mi condición de mujer como un activo, porque no es así como pienso sobre mi papel, el trabajo ha sido más importante. No sé si fue la decisión correcta. Creo que lo fue en términos de la credibilidad y de mis cualidades, aunque hoy en día la gente necesita tener este tipo de discurso”, ha declarado en alguna ocasión.

En el Gran Teatre del Liceu acaba de tener un significativo éxito con Tristan und Isolde, de Wagner, cuyo montaje firmaba Bárbara Lluch.
 
Para Isabel Rubio, su profesión se resume en una frase que tiene miga:
 
“Subir a la tarima es vivir el presente. En ese momento olvido todo lo que tengo alrededor y solo me importa la música”.

La directora de orquesta murciana es actualmente titular de la Jove Orquestra de les Comarques Gironines y directora asociada de l’Orquestra Simfònica del Vallès (OSV). Admira profundamente a Paavo Järvi, aunque no desdeña a Leonard Bernstein, pero se lo debe todo a sus profesores, los maestros con los que estudió y a quienes siempre tiene presentes. Entre las directoras imprescindibles sitúa en lo más alto a Marin Alsop, sin duda.
 
Marin Alsop, grande entre las grandes, comparte, según ha declarado, con Mälkki esa idea de que se está produciendo un avance a la hora de llegar al foso y que la situación hace más de una década era sensiblemente distinta, peor, lo que entiende como un avance continuado. Fue discípula de Leonard Bernstein y le gustaría ver el día en que no se hicieran distinciones entre ser hombre o mujer director de orquesta. Nació en Nueva York en 1956 y fue la primera mujer en dirigir la Sinfónica de Baltimore (de 2007 a 2021). El desaliento de los primeros años no la hizo sino más fuerte. Ella utiliza un verbo: “perseverar” y manifiesta un deseo:
 
“Espero que en los próximos años veamos que se dejen de lado titulares llamativos como "la primera mujer nombrada" u otra cosa similar, y que se nos valore por nuestro mérito artístico. Cuando lleguemos a ese punto podré respirar tranquila”.

El grado de exigencia para una directora de orquesta, dice, es mayor que el que se pide a un director: ellas han de ser mejores, tener más ímpetu, no vacilar, ser perfectas todas las horas del día, no fallar, en definitiva. Quiere que se rinda, no por el género, sino por la valía, la capacitación, el crecimiento artístico. Alsop dirigirá a la Orquesta Philharmonia de Londres el próximo mes de junio en el Palau de la Música Catalana en el estreno mundial de la obra sinfónica Los siete sueños de Gaudí, compuesta por Olivia Pérez-Collellmir.
 
A la actual titular de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid, la mexicana Alondra de la Parra (Nueva York, 1980), no le gustan las clasificaciones por géneros. Ya lo dejó claro durante una entrevista con El Compositor Habla: Lo masculino y lo femenino existen en la música, pero no tiene que ver con quién lo interpreta, sino con la obra en sí. Yo prefiero hablar de artista, que es lo que me considero. El rol de director de orquesta está atado a tantas expectativas y convenciones que nada tienen que ver con el oficio o la profesión… No creo para nada en ese papel de ser el maestro, casi reverencial, que está por encima de la orquesta, que incluso infunde cierto temor, tan ensimismado…”

Declaraba entonces que lo que su profesión le pide es “construir un arco dramático con la orquesta, saber extraer los colores a la música, entender una idea para comunicar una emoción y lograr esa sintonía y confianza con quienes tengo delante”. No quiere ser el centro, no lo considera justo en lo que define como una labor de conjunto:
 
“Situar el foco únicamente en una persona me parece atroz porque somos un equipo. El director tiene en su mano una enorme responsabilidad, pero el mundo no empieza ni acaba en él o ella, no somos principio ni fin de nada. Y así es como yo vivo mi profesión”.
 

Una idea que comparte Virginia Martínez, nacida en Molina de Segura (Murcia) y que ha sido directora artística y titular de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia y de la Orquesta de Jóvenes de la Región de Murcia, durante 11 y 16 temporadas, respectivamente. Actualmente es directora honorífica de la OSRM y catedrática de dirección de orquesta del Conservatorio Superior de Música de Murcia. Para la música




 
“se trata de una carrera muy dura, de fondo y al mismo tiempo, la más maravillosa del mundo. Es muy importante subrayar lo que ha cambiado la dirección de orquesta, desde épocas más autoritarias, en donde la batuta se imponía casi una dictadura musical, al momento actual, en que tenemos una concepción democrática, o eso es lo que yo pretendo hacer, que no tiene que ver con la autoridad ni con la jerarquía en una orquesta, sino con el hacer sentir que la música la hacemos entre todos. Es saber delegar musicalmente y confiar en el grupo que tienes delante, y eso es algo que digo y repito a mis alumnos cada día, aunque soy consciente de que se aprende con el tiempo”.

Martínez asegura que
 
“las veces que he sufrido el machismo en mi profesión, que lo hay, existe y yo lo he vivido en mis carnes, han sido afortunadamente, anécdotas. He tenido más problemas por ser joven que por ser mujer”.

Fue becada por la Fundación Séneca para estudiar dirección de orquesta en el Conservatorio de la Ciudad de Viena y tuvo como profesores a Reinhard Schwarz y Georg Mark, estudios que finalizó en 2003. Recuerda aquella etapa con enorme felicidad: “En Viena, mis maestros me mimaron y cuidaron, me he sentido querida y apoyada por las orquestas, por los directores de los auditorios, pero es verdad que he tenido tres ocasiones en las que lo he pasado mal por el hecho de ser directora en lugar de director, aunque en mi caso el problema se centraba en la juventud y la inexperiencia y no en el género”. Desde que imparte clases en la cátedra del Conservatorio Superior de Murcia, y según una estadística realizada,
 
“hay más chicas que se han animado a estudiar dirección en comparación con lo que sucedía hace años, y eso me corrobora la importancia de tener referentes en el podio. Es importantísimo que las chicas que están empezando vean que se puede lograr. ¿Cómo? Simplemente viendo a una mujer dirigir una orquesta. Para mí es vital la labor que hacemos, dar visibilidad a nuestro trabajo de cada día. Ahora mismo, de 13 alumnos que tengo en 1º, 2º y 4º curso, hay dos chicas estudiando, Marina y Cristina. Nunca he considerado que sea diferente la dirección a cargo de una mujer que de un hombre. No me puedo quejar de ninguno de mis alumnos, que están totalmente implicados en su carrera. Para mí es absolutamente gratificante mi experiencia como docente”, concluye.

A lo largo de su carrera Virginia Martínez ha dirigido a orquestas de primer nivel como la Orquesta Filarmónica de Calgary (Canadá), Orquesta de la Radio de Viena, Wiener Kammerorchester, las Orquestas Nacionales de México, Festival de Singapur, Brasilia, Montpellier, Orquesta Filarmónica Arthur Rubinstein (Polonia), Orquesta Sinfónica del Conservatorio de Viena, Orquesta Sinfónica de Biel (Suiza), Orquesta Nacional de España, Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia la Orquesta Ciudad de Granada, entre otras.
 
El piano es el instrumento de Cristina Lucio-Villegas. Fue durante cuatro años pianista titular de la Joven Orquesta Nacional de España (Jonde). Llegó a la dirección de manera tardía, “aunque no por falta de vocación”, aclara. Y lo explica con detalle:
 
“Con un consolidado perfil como instrumentista, decidí, por fin, tomar las riendas de mi vocación e iniciar mis estudios oficiales de dirección, de lo que me alegro profundamente. Más allá de mi amor por el repertorio sinfónico, la orquesta me parece una formación fascinante: un espacio donde confluyen talentos individuales que, en equilibrio, dan lugar a una interpretación común y coherente. Como directora, poder actuar como catalizadora de ese proceso creativo, modelar, inspirar y dar forma a la versión final me resulta profundamente gratificante. A través de la dirección encuentro una vía de expresión plena, en la que puedo explorar al máximo la riqueza tímbrica y dinámica, y disfrutar de la energía y la conexión que se generan tanto en el seno de la formación como con el público. Es una labor apasionante”, cuenta.
 
La base se la proporcionaron tanto el piano como la docencia:

“El piano, por su naturaleza integral, favorece un desarrollo profundo del oído y de la lectura polifónica. Mi trayectoria como intérprete internacional (con estudios en Finlandia y Bélgica) y como profesora ha sido clave en la gestión de equipos humanos y en la comunicación con los integrantes de la orquesta”. Además, es madre de tres hijos de corta edad, lo que multiplica exponencialmente los retos “en una profesión que exige una gran dedicación de tiempo y energía. Con todo, he procurado sacarle partido a esa realidad, y probablemente el ámbito familiar me haya potenciado capacidades como la organización, la eficiencia y la optimización de recursos que sin duda son muy útiles para la dirección y gestión de la orquesta”, señala. Desde 2022 es directora musical titular de la Camerata Complutense, agrupación profesional con sede en Alcalá de Henares, con la que presenta propuestas innovadoras “orientadas a la difusión de repertorios menos habituales, con especial atención a la creación femenina, siempre en colaboración con destacados solistas. Un proyecto ilusionante que, progresivamente, va consolidando su reconocimiento”, concluye.
 

El diario argentino “Clarín” definió a Lucía Zicos hace unos años como “la directora de orquesta de música clásica del momento”. Nació en la ciudad argentina de Avellaneda, en la zona sur del Gran Buenos Aires. En su casa se escuchaba música, mucho folclore de los setenta y ochenta. Recuerda que, de niña, cuando la preguntaban qué quería estudiar y ella respondía sin titubear que dirección orquestal siempre pasaba lo mismo:
 
“Sorpresa, incomprensión y una pregunta que aún resuena con nitidez: ¿por qué quieres dedicarte a una “carrera de hombres”?
Nunca había imaginado que el amor por el sonido orquestal y por la expresión colectiva de un hecho artístico pudiera tener género. Sin embargo, desde ese momento comenzó un recorrido marcado por una particular sinfonía: la de las “primeras veces”.


 
“Sos la primera mujer en dirigir esta orquesta”. “Es la primera vez que veo a una mujer en el podio”. “Aquí ninguna mujer había hecho ópera”. “Sos una de las pocas directoras que tenemos aquí”. Cada frase era, al mismo tiempo, reconocimiento y evidencia de una ausencia histórica. Sin embargo, otras frases resonaban en mi cabeza ¿somos pocas las directoras o solo algunas tuvimos la fortuna de abrirnos camino?”, se interroga.
 
Así, en 2020 decidió “mapear” la cuestión. Junto a la también directora María Laura Muñiz elaboró un censo sobre las profesionales de la dirección en Argentina. La investigación les sorprendió: “Logramos reunir el contacto de alrededor de 300 mujeres entre estudiantes, directoras de bandas, orquestas infantiles y juveniles y orquestas profesionales. Lo más revelador no fue solo el número, sino constatar cuánto desconocemos nosotras mismas sobre el estado de la cuestión. Si quienes formamos parte de este campo apenas teníamos un mapa parcial de nuestra propia presencia, no resulta descabellado pensar que programadores, gestores culturales y directores de teatros tampoco cuenten con una visión completa de cuántas somos, dónde estamos, quiénes somos y de qué somos capaces las directoras de orquesta, al menos en mi país”. se dio cuenta de lo necesario que es saber y conocer porque “reconocer esa presencia es el primer paso para transformar el paisaje musical. Visibilizar a las directoras no responde a una lógica de excepción, sino a la necesidad de que el talento, la formación y la sensibilidad artística encuentren su lugar natural en los escenarios. Cuando eso ocurre, la música deja de hablar en términos de “primeras veces” y "géneros" y comienza, simplemente, a sonar con todas sus voces”.
 

Esa visibilización casi se la impuso como tarea Simone Young (Sídney, 1961), en el ranking de las imprescindibles.
Lo suyo fue ir abriendo caminos y tratar de que saltaran por los aires algunos techos de cristal (que casi parecían de hormigón por lo que costaba derribarlos) y denunciar una situación que consideraba totalmente injusta hacia las mujeres en el foso.
Fue la primera directora residente de la Ópera de Australia en 1986 y posteriormente asistente de Daniel Barenboim en la Ópera Estatal de Berlín y en el Festival de Bayreuth, así como la primera directora de la Ópera Estatal de Baviera. Con 65 años, no piensa en jubilarse. Y si la salud la acompaña seguirá dirigiendo:








 

“Ser directora de orquesta es una profesión peculiar: a los 40 todavía eres una principiante y a los 60 estás en la cima. Nunca antes habíamos tenido a una mujer que envejeciera en esta profesión, solo hombres, así que es un terreno inexplorado que estoy dispuesta a explorar», ha asegurado con cierta ironía.
 
 
 
Para leer: 
 
https://www.mujeresenlamusica.es/wp-content/uploads/2022/03/Estudio.pdf
 
https://fundacionsgae.org/publicacion/donde-estan-las-mujeres-en-la-musica-sinfonica-2/


La foto de Susanna Mälkki es de Chris Lee, la de Isabel Rubio es de , la de Marin Alsop es de Nancy Horowitz, la de Alondra de la Parra es de Felix Broede, la de Virginia Martínez es cortesía de la compositora, la de Cristina Lucio-Villegas es de Tania Lacey, la de Lucía Zicos es de Nicolás Tabbush y la de Somine Young es de Kasskara Foyer. Todas las fotos son cortesía de las directoras.

Desde El Compositor Habla agradecemos a las Directoras su colaboración para la realización de este artículo y su presencia en los podios que llena de música e inspiración nuestras vidas. 


 
 
 
 

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