ISSN 2605-2318

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Cómo hemos cambiado


24/04/2026

Dieciocho años después, El Compositor Habla mira atrás para entender cuánto ha cambiado el paisaje de la creación musical actual. Una mirada lúcida, afectuosa y combativa a la historia reciente de ECH: una revista que nació para documentar, acompañar y pensar la música de nuestro tiempo, y que hoy celebra su mayoría de edad como testigo de una revolución lenta, pero imparable. Gema Pajares

 

 
“La principal tarea en El Compositor Habla es la de crear un repositorio neutral, independiente e imparcial de entrevistas, perfiles, noticias e informaciones sobre creación musical actual”. Con esta idea, muchas ganas, un gran conocimiento de la creación contemporánea y el deseo de cubrir una carencia nació hace dieciocho años esta revista musical especializada que ha sabido ser punto y lugar de encuentro de compositores y que hoy es una referencia que enfila las dos décadas de vida. Fácil no ha sido, que se lo pregunten a Ruth Prieto, directora, impulsora, alma mater y voz cantante que ha sido capaz de lidiar con marejadas y tormentas y llevar el timón con pulso firme. Porque sin ese pulso habría sido imposible no encallar o perderse en la tormenta. Incluso abandonar el navío.
 
Hace dieciocho años el universo musical contemporáneo, aún hoy con importantes carencias, era casi un páramo en el que abrirse un hueco, ser programado y, sobre todo, mantenerse, no resultaba tarea baladí. Me viene a la cabeza la imagen de los dibujos animados de Popeye, capaz de abrir una lata de espinacas de la nada y zamparse el contenido en un verbo cuando más exhausto estaba. E imagino a Ruth casi a lo Popeye, con una lata en la mano para coger fuerzas y no claudicar. Nadie dijo que el camino fuera fácil, pero aquí está y aquí estamos quienes la acompañamos en este viaje.
 
La pregunta está ahí y es necesario hacérsela para ver cómo hemos cambiado. ¿Qué pasaba en el mundo de la música en 2008, cuando nacía ECH? En el Auditorio Nacional por ejemplo, la “Carta blanca” se dedicaba a Elliott Carter, que cumplía ese año cien (falleció en 2012) y de quien se programaron varias obras. Se estrenó también una pieza de Aurelio Cattaneo y se programó a Voro García y Fernando García Márquez. Las compositoras estaban, sí, pero su cuota era prácticamente residual. Desde 2008 hasta 2025 seis han sido las compositoras distinguidas con el Premio Nacional de Composición frente a los 12 autores galardonados y cinco mujeres con el de Interpretación. Ese año, 2008, el Nacional recaía en Carles Santos (Composición) y José Luis Temes (Interpretación). Las cosas van despacio, pero van. Poco a poco.
 
Los debates sobre la necesidad de incluir partituras contemporáneas brotaban como las setas y las conclusiones eran prácticamente las mismas de un coloquio a otro: están, pero tienen que estar más. Y una mayoría de edad después se nota una presencia más constante. Ya no son una rareza, una isla. Es necesario programarla para que se conozca porque no se puede querer lo que nunca se ha escuchado. Y en ello andan los responsables de la cosa. En el Teatro Real, por ejemplo, junto a Tännhauser (se volverá a verse el año que viene), Rigoletto, Bodas de Fígaro o Katia Kabanova, se sumó en la temporada 2008-2009 la presencia de Eduardo Balada (1933) con el estreno absoluto de Faust Bal, ópera que llegó en febrero de 2009, con libreto de Fernando Arrabal. Fue todo un acontecimiento que dejó en el intermedio el patio de butacas semivacío. No estaban aún los paladares acostumbrados a las óperas fuera de repertorio y a las del siglo XXI aún les quedaba la llegada de Gerard Mortier. Con Joan Matabosch cada curso ha contado al menos con un título o dos de compositores vivos, lo que sí es un cambio. Este año han sido Enemigo del pueblo, de Francisco Coll, y Los Estunmen, de Fernando Velázquez  (que acaba de estrenarse en el Liceu). La temporada próxima será Bodas de sangre, de Manuel Busto.
 
En el Metropolitan Opera House de Nueva York la situación no era tan distinta. En 2008, por ejemplo y con su estrella de cabecera en lo más alto, René Fleming, se celebró el 125 aniversario de la casa y se apostó por dar peso y relevancia a la tecnología y por no hacer demasiados experimentos. Ahí estaban Verdi, Donizetti, Strauss, Puccini o Berlioz para llenar el patio de butacas y evitar sorpresas. Peter Gelb ya estaba a los mandos de la nave. Dieciocho años después el coliseo ha apostado por tres producciones contemporáneas, en su línea de los últimos años (en los que se apuesta por los afroamericanos, mujeres y colectivos LGTB: la excepción deviene en norma), con The Amazing Adventures of Kavalier and Clay, de Mason Bates, El último sueño de Frida y Diego, de Gabriela Lena Frank (cantada en español), que llega a mediados de mayo, e Innocence, de Kaija Saariaho, que cierra el mes de abril y que tiene una particularidad que habría sido impensable a comienzos de los dos mil: además de su compositora, las mujeres dominan el cartel: Sofie Oksanen (autora del libreto), Susanna Mälkki (directora de orquesta), Chloe Lamford (escenógrafa), Joyce DiDonato (mezzosoprano), Vilma Jää (soprano)...
 
Los festivales, además, han profesionalizado la difusión de la creación actual, algo que también ha sucedido con los grupos residentes, cuyos conjuntos han pasado casi de tocar en la clandestinidad a convertirse en reclamo de las programaciones. Durante estas casi dos décadas ECH ha estado ahí mes a mes para dejar constancia de que la revolución silenciosa de la música contemporánea, aunque suene a paradoja de manual, es un hecho. Una rebelión lenta, pero para la que no hay vuelta atrás. Ha estado ahí para reflexionar sobre la importancia de que lo que hoy se compone debe poder estrenarse, debe poder escucharse y viajar fuera de los circuitos de las grandes ciudades. Ha estado ahí para dar fe del avance de las nuevas tecnologías y confirmar, por ejemplo, que los androides pueden protagonizar una ópera (que se lo pregunten a Pedro Halffter), algo que en 2008 nos hubiera parecido un tanto marciano. La música contemporánea hoy es más que sonido, una experiencia multimedia capaz de atraer a un público joven, que se ha convertido en la gran apuesta de los teatros, salas de conciertos y auditorios. Si la pintura y la escultura se pueden explicar relacionando obras de diferentes siglos, por qué no hacer lo mismo con la música. Renovarse para seguir viviendo. Y poder cumplir otros dieciocho años más, claro que sí.
 



 
 


 
Las fotos y videos son de El Compositor Habla

Más información  en la web de El Compositor Habla


 
© Gema Pajares

 

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