Se amaron tanto como se odiaron. Se quisieron hasta los huesos, pero se traicionaron una y otra vez. La relación de Frida Kahlo y Diego Rivera fue tan tumultuosa, tan imposible y tan cierta que necesitaba una ópera. Convertidos, sobre todo ella, en una marca, ambos protagonizan la obra que estrena el día 14 de mayo el Metropolitan Opera House y que devuelve al español, pues está cantada en este idioma, al escenario neoyorquino. Peter Gelb, gerente del coliseo, lo ha subrayado una y otra vez: su apuesta por la nueva creación y por el idioma de Cervantes. Y este estreno (la obra ya se vio en octubre de 2022 en el Civic Theater de San Diego, aunque el montaje es nuevo) es un ejemplo. El último sueño de Frida y Diego no es una biografía, sino un retrato trufado de realismo mágico en el que el pintor, carente de inspiración para crear y abandonado a sus pensamientos, reclama, suplica la presencia de quien fuera su mujer, ya muerta. La acción transcurre el 2 de noviembre de 1957, año del fallecimiento de Rivera. Frida, desde el inframundo y con la ayuda de Catrina, la guardiana de los muertos, ha de volver a la tierra para ayudar al artista a cruzar hacia el más allá. Frida se reunirá con Diego. Tendrán 24 horas para verse, pero a ella le estará prohibido establecer contacto físico. Paseará por las calles, volverá a ver los colores que poblaron sus telas, regresarán ambos a la Casa Azul, hablarán, se susurrarán…, pero la pintora tendrá que regresar al inframundo, aunque esta vez ya no lo hará en solitario.
Carlos Álvarez: “Los autores han estado con nosotros a pie de escenario y eso no puede darte más que satisfacciones porque están pendientes y la comunicación con ellos es fluida y constante, una de las ventajas de que estén vivos y de que todos nos entendamos en el mismo idioma”
Hace treinta años el barítono español Carlos Álvarez, malagueño de nacimiento, debutó en el Met. Fue Giorgio Germont en La traviata verdiana. Y ahora regresa como el orondo Diego Rivera. “Fíjate. Uno está cada día queriendo dar lo mejor de su físico, estar en buena forma. Y mira por donde me colocan una barriga y voy a aparecer con bastante más volumen del que tengo”, adelanta con una media sonrisa. Cuenta que los ensayos no han podido ir mejor, pues “los autores han estado con nosotros a pie de escenario y eso no puede darte más que satisfacciones porque están pendientes y la comunicación con ellos es fluida y constante, una de las ventajas de que estén vivos y de que todos nos entendamos en el mismo idioma”. Opinión que comparte Jon Bausor, escenógrafo de la ópera y diseñador del vestuario: “La experiencia está siendo única e increíble. La partitura es rica y épica en sus colores. El lirismo y la poesía presentes en ella y el libreto de Nilo nos dan una lectura más simbólica y fantástica que no se basa en un hecho real ni en un momento histórico concreto, sino en algo imaginado que se sitúa entre la vida y la muerte. Gabi nos ha permitido dar rienda suelta a nuestra imaginación y nos ha animado a expresar nuestra visión sobre la ópera”.
No es la primera vez que canta Álvarez ópera contemporánea y define El último sueño de Frida y Diego como “audible y cantable, y eso es una rara avis. Estoy seguro de que el público saldrá tarareando la música del teatro. No obstante, creo que escuchar composiciones contemporáneas se está convirtiendo, afortunadamente, en un hecho cada vez más habitual. La obra ha de tener el refrendo del público, tiene que poder escucharse y esta está llena de timbre y me gusta mucho”, asegura. Antes de esta obra contemporánea de Gabriela Lena Frank ha cantado Antígona, de Rafael Díaz, Luz de oscura Llama, de Peréz Maseda y Tarde de poetas y Kiu, ambas de Luis de Pablo.
Con este regreso dice el malagueño que cierra un círculo que se abrió en 2010, cuando no pudo cantar Attila, de Verdi debido a una dolencia en las cuerdas vocales. Y no había vuelto. “Cuando Gelb supo que el papel de Diego Rivera lo tenía que cantar un barítono español pensó en mí. La propuesta me llegó hace año y medio y era imposible decir que no. La partitura era la adecuada para una tesitura baritonal, estaba muy bien escrita, yo me sentía muy cómodo al cantarla y es un personaje bastante apetecible, aunque el uso que se le da no sea realista, no es una biografía. La relación entre ambos es lo que fue, tremenda. En escena se dicen de todo. Fue una bonita oferta a la que no me pude negar. Y coincide también con un momento en que el español, el idioma que hablamos tantos millones de personas, está sufriendo el ataque de Trump, que no lo permite como elemento vehicular, otro motivo más para aceptar el papel. Aquí nos comunicamos en español, lo hablamos cada día, es como estar en casa. Con todos estos mimbres a favor tuve que decir que sí”, explica y añade: “Este era el momento para cantarla”. Se trata de la tercera ópera cantada en español que se programa en la historia del Metropolitan Opera House.
La ópera, en dos actos, en un proyecto que empezó a cobrar forma hace veinte años. Entonces era prácticamente impensable soñar con una obra cantada en español, compuesta por una música de raíces peruanas y cantada en sus papeles por latinos y españoles. Se trataba, como la propia compositora, Gabriel Lena Frank, ha recordado de “apostar por un equipo de minorías” en un idioma de mayorías, que ella considera “el más hermoso”. La resistencia fue total. Sin embargo, el equipo confió plenamente en el proyecto y la idea no se abandonó. “Desde niña, mi madre hizo que me familiarizase y conociera la obra de Frida. Nos unía, me dijo, que ambas éramos mujeres bajitas, que teníamos el cabello oscuro y compartíamos una discapacidad, yo una pérdida auditiva que me obliga a llevar audífono y ella todos los problemas derivados del accidente de tranvía que sufrió”, ha contado la compositora.
Álvarez llegó a Nueva York el 4 de abril para comenzar los ensayos dos días después y está siendo testigo de todo lo que este estreno ha revolucionado. Frida Kahlo es un terremoto, un personaje imán y los actos alrededor de este estreno se suceden: “Son artistas personajes con mucho arraigo en Estados Unidos, dos creadores icónicos de Nueva York, dos auténticas marcas registradas”, comenta el barítono. Días atrás se celebró un acto en la Hispanic Society al que acudió el equipo junto con la compositora y el libretista “y se nota que el interés por la obra está creciendo. Además, es buena y eso se está poniendo de manifiesto a medida que se conoce. Es muy importante conseguir una reivindicación de la cultura mexicana, algo fundamental a través de dos creadores como ellos. Y ser conscientes de que el mundo de la cultura sigue demostrando su capacidad reivindicativa y crítica, a lo que yo me sumo con un personaje como el de Rivera”, añade el cantante. Un personaje subraya “del que se ha dicho de todo y al que no voy a juzgar porque no pienso que haya que tomarlo desde la perspectiva ética. La polémica que ha surgido alrededor de su comportamiento con Frida Kahlo y con las mujeres en general como hombre infiel , violento y maltratador, aquí no aparece y, por tanto, no hay que tomar partido”. Un hombre que, a través de esa llamada última, de esa súplica, demuestra “situaciones tanto de fortaleza como de fragilidad que acaba con su muerte. Ellos se aman a su manera, se dicen de todo en escena y en ese diálogo existen, claro, la poesía y el lirismo. Un diálogo que permite que ellos sean la excusa para contar una historia de amor. Diego Rivera, además, es un creador fabuloso, un muralista impresionante. Y el hecho de que fuera un intelectual de izquierdas y se relacionara con personajes de esa misma ideología de su época también ha facilitado mi conexión con él a la hora de interpretarlo”.
¿Cómo vendería Carlos Álvarez esta ópera? “Como un resurgimiento de lo melódico y lo armónico que va a permitir que el público no se marche del teatro con la sensación de que no ha entendido nada, sino todo lo contrario. No creo, tampoco que haya que explicar en el programa de mano cuál es la intención de la obra. Y el hecho de que los espectadores puedan salir tarareando la música la van a hacer aún más apetecible. Por otra parte, estamos ante un espectáculo visual de una tremenda potencia en el que el color es un elemento clave y la escena es fantástica, con bastante movimiento. La directora de escena es una de las colaboradoras del Circo del Sol y trabajó en la gala inaugural de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, así que puedes imaginar el nivel”, cuenta. “No es una ópera realista y encierra un punto onírico. Se desarrolla a lo largo de un día, el Día de los Muertos en DF, cuando Diego le pide a Frida que regrese a la vida. A partir de esa premisa todo adquiere sentido y pivota alrededor de esa estética suya, tan llamativa y colorista y oscura también, a través de una escenografía móvil que se completa con el uso de proyecciones. Ambos son absolutamente reconocibles”, desvela. Pero, ¿cómo es la escena? ¿Han servido las obras de Frida y Diego como inspiración? Bausor lo explica de manera pormenorizada: “Me he inspirado en “Árbol de la esperanza: Mantente firme”, un cuadro de 1946 en el que vemos un suelo de tierra agrietado, quemado y seco que se abre para revelar las entrañas del mundo que yace debajo, con una dualidad típica de Kahlo, entre la sombra de la noche, su discapacidad y dolor expuestos, y, como contraste, la luz del sol y una presencia más desafiante de sí misma, ataviada con un vestido tehuano. Rodeando el escenario, como si fueran vendajes, hay paredes de malla de plástico reciclado como las que cubren los andamios de las obras en Nueva York, y que guarda paralelismo con los andamios que Diego creó para pintar sus murales. El azul es el color de la sangre desoxigenada, oscuro, sombrío. En el centro se levanta un árbol rojo arterial, un árbol de la vida y la muerte, con sus ramas y raíces rojas que recuerdan a un corazón o un pulmón humanos, de textura cercana a la cera, una imagen que se repite en la obra de ambos y que expresa linaje, herencia y familia, además de aludir a su interés por la anatomía y sus múltiples operaciones”. El color es una constante y se puede ver en cada prenda, algunas adquiridas, cuenta, directamente en viajes a México, y también en bordados encargados especialmente en Oaxaca a artesanos que conectan directamente con Kahlo y su legado. Bausor subraya los guiños al surrealismo y “a la expresión de las emociones en su obra. La pieza se convierte casi en un memento mori que explora la belleza de la creación artística y la conexión en medio del dolor, la pérdida, la toxicidad de las relaciones y la muerte”.
Jon Bausor: “Para la escenografía me he inspirado en “Árbol de la esperanza: Mantente firme”, un cuadro de 1946 en el que vemos un suelo de tierra agrietado, quemado y seco que se abre para revelar las entrañas del mundo que yace debajo”
Para el escenógrafo, como para el resto del equipo, enfrentarse a una ópera contemporánea es un desafío: “Diseñar una ópera clásica del siglo XIX, con una estructura sobre la que ya han trabajado otros creo que es en muchos sentidos mucho más fácil que enfrentarse a una ópera actual. El Último Sueño de Frida y Diego es una obra lírica en 22 escenas, menos lineal en su narrativa y más poética que, por ejemplo, Tosca. Una nueva creación permite mayor libertad de expresión y creación, sin la sombra ni el recuerdo de producciones anteriores; sin embargo, implica que gran parte del trabajo debe realizarse por primera vez. A esto hay que añadir que, al formar parte de la programación del Met se monta y desmonta a diario y no puede depender de elementos arquitectónicos fijos que se almacenan entre bastidores”. Bausor y la directora de escena, Deborah Colker, han sido uno, como los han sido sus dibujos y maquetas. ¿Ha habido tormenta de ideas? “Para mí es el momento más intenso y visceral, donde las ideas se crean y se destruyen con furia. La estructura y la dramaturgia de la obra siempre están en el centro del trabajo y nos proporcionan una guía invisible que hay que descubrir, comprender y materializar”, cuenta. Lo primero es la lectura y la investigación y después llega el momento de dibujar las ideas para acabar por darles forma y convertirlas en objetos tridimensionales “que se vuelven progresivamente más refinados y precisos. Mi visita a México y a la Casa Azul (que ya conocía anteriormente) me permitieron comprender mejor a Frida, su paleta de colores, la ropa que usaba. El lugar es mágico y sin duda se puede sentir tanto su presencia como la fuerza creativa de sus estudios y los de Diego. Gracias a la ayuda de la empresa mexicana de escenografías de carnaval El Volador hemos creado varias de las marionetas gigantes de papel maché”.
Jon Bausor: “Mi visita a México y a la Casa Azul me permitió comprender mejor a Frida, su paleta de colores, la ropa que usaba. El lugar es mágico y sin duda se puede sentir tanto su presencia como la fuerza creativa en sus estudios y los de Diego”
Aprovechando el estreno, el MoMA acaba de inaugurar “Frida and Diego, the last dream”, una exposición, que reúne obras de ambos, alrededor de cuarenta, entre pinturas, dibujos, bocetos y secciones de murales, para la que se ha contado con la ayuda de Bausor, que ha creado una puesta en escena acorde con esta pareja universal: “La exposición no pretende establecer una versión definitiva de Frida y Diego, sino que explora cómo sus vidas y obras continúan transformándose y evolucionando a través de nuevas interpretaciones, idea sobre la que hemos creado todo el proyecto. Son figuras que siguen influyendo, no solo en el arte, sino también en debates sobre cultura e identidad. Y en este sentido la exposición trasciende el mero homenaje, plantea preguntas y abre nuevas lecturas. Se trata, no de cerrar una historia, sino de mantenerla viva. Creo que deberían darse más colaboraciones entre este tipo de disciplinas como son la ópera y las exposiciones, tanto para ofrecer una mayor visibilidad como para ampliar el discurso artístico”, explica. Además, Netflix prepara a medio plazo una serie basada en su relación, cuyo guión está en fase de escritura.
La función del 30 de mayo del Metropolitan Opera House se retransmitirá en directo en cines de todo el mundo dentro del programa The Met: Live in HD. Además, tanto el estreno del 14 de mayo como esta función especial serán emitidos en directo a través de la radio del Met en la plataforma SiriusXM.
Un artículo de © Gema Pajares
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El último sueño de Diego y Frida
Ópera en dos actos y 22 escenas
Libreto: Nilo Cruz
Música: Gabriela Lena Frank
Estreno en el Metropolitan Opera House
Funciones: 14, 17, 22, 26 y 30 de mayo
Nueva producción del Met
Equipo artístico
Director musical: Yannick Nézet-Séguin (14, 17, 26 y 30 de mayo)/ Steven Osgood (22 de mayo)
Directora de escena y coreógrafa: Deborah Colker
Diseño de escenografía y vestuario: Jon Bausor
Diseño de iluminación: Adam Silverman
Reparto
Frida: Isabel Leonard
Diego: Carlos Álvarez
Catrina: Gabriella Reyes
Leonardo: Nils Wanderer
Primera Imagen de Frida: Kresley Figueroa
Segunda Imagen de Frida: Mary Beth Nelson Zaros
Tercera Imagen de Frida: Cecilia McKinley
Primer aldeano: Paul Corona
Segundo aldeano/ Hombre joven: Ángel Raii Gomez
Tercer aldeano: Scott Conner
Photos of the opera El último sueño de Frida y Diego are by Marty Sohl/Met Opera and have been kindly provided by Emily Tanner and Zoe Pigott from The Metropolitan Opera House.
We thank Maestros Carlos Álvarez, Jon Bausor and the Metropolitan press team for their help in carrying out this article.
Thank you very much. Muchas gracias.