ISSN 2605-2318

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18 ciervas: historia de un viaje interior


11/06/2026

El Teatro de la Zarzuela estrena el 16 de junio el nuevo montaje de la compositora y pianista Sira Hernández, donde música, danza y palabra se entrelazan y fusionan formando un todo. Al frente del montaje, un elenco formado íntegramente por mujeres en el que los versos de Rosana Acquaroni son el germen y punto de partida. Por Gema Pajares


 
 
Un libro de poemas. Vivencias de una mujer. Una vida dura, muy dura, a veces. También un amor que llega cuando no lo esperas. Rosana Acquaroni escribió sus versos y Sira Hernández, compositora y pianista, les ha puesto música. Olga Pericet los baila. Y Olivia Molina los dice como nadie. Un espectáculo que tiene voz, o voces de mujer y que llegará al Teatro de la Zarzuela el 16 de junio con el nombre de 18 ciervas
 
 “un viaje de una mujer que mira de frente a sus heridas porque sabe que es la única manera de levantarse y de seguir. Las emociones están en cada uno de los versos y están en la música, en el baile y en la palabra. Habla de perdón, también, y de la posibilidad de volver a amar. Es una historia muy humana, muy reconocible”,

cuenta la compositora, que se sintió impresionada en cuanto leyó los primeros versos.
 
“Hemos entrado aquí,
desmemoriados y juntos,
como dos desahuciados
a los que les llegó la hora
de vivir”

y también
 
“Pero si ella regresa,
si la cierva viniera de nuevo a mis oídos
yo les pondría fin
a estas palabras”

y también 
 
“Aquel silencio suyo
después de una pelea
-siempre la misma-.
Y la vana promesa
de que no volvería a suceder”.
 
La Cueva de Covalanas, en Cantabria, un lugar conocido popularmente como “la cueva de las ciervas rojas”, fue el epicentro de ese libro. Acquaroni la visitó con cinco personas. Y la experiencia resultó reveladora para ella, tanto como para que la emoción que sintió se hiciera palabra. Y se encuadernara en un libro, 18 ciervas, editado en 2023. Ahí está el principio de todo.

Cuando Sira Hernández escuchó los poemas que salían de la garganta de Acquaroni en la Biblioteca Eugenio Trías del Parque del Retiro madrileño dice que sintió
 
“un flechazo. Escuché una historia de desamor que hablaba de un matrimonio fallido y que desembocaba en el renacimiento gracias a una relación tardía que llegaba cuando no era esperada. Hablé con Rosana de lo que me había impresionado y de que podríamos hacer algo y empecé a darle vueltas. Yo quería que se respetara el texto y la poesía y que hubiera una actriz que los dijera, y pensamos en Olivia Molina, con quien ya había colaborado en Tre Impressioni sulla Divina Commedia. Y también pensé en darle un toque de danza porque me interesan mucho los espectáculos interdisciplinares. Y me gusta ese flamenco nuevo, que va un paso más allá de la ortodoxia clásica y entra con pie firme en la danza contemporánea. Olga Pericet era el nombre que necesitaba, se lo propuse y accedió a participar. Posee una fuerza inmensa y era lo que necesitábamos. Y con todo sobre el papel salimos adelante con él”, cuenta.
 


Isamay Benavente, directora del Teatro de la Zarzuela, dio un sí rotundo al proyecto, que le encantó y respaldó desde el primer momento. A Olga Pericet, que habla recién llegada de Nueva York, le enamoraron también estas ciervas únicas y ese proyecto con varias artes:
 
“Y lo que más me gusta es esa capacidad que tiene para ensamblarse, para jugar con el arte, las artes. Ninguna está por encima de las demás y todas poseen el mismo denominador común que es el sentimiento de una mujer y es que yo creo que hay algo muy femenino a la hora de amar. Te puedes sentir identificado con los versos porque puedes haber pasado por una situación igual o parecida. Yo lo que hago en este montaje es poner el cuerpo. Olivia me va contando, me lo relata y yo lo expreso a través de mi cuerpo. Es una experiencia intensa y reconfortante. Y sanadora también”
asegura. Y añade que durante las primeras lecturas todas ellas lloraron porque se sentían tocadas por las palabras que no eran sino sentimientos y vivencias de otra mujer.
 
Sira Hernández tiene su método de trabajo. Suele leer y releer las veces que haga falta:
 
“Hago una lectura pormenorizada y después veo lo que me puede evocar. Y es entonces cuando me siento al piano con las sensaciones que me han movido en la lectura. Y es también cuando surgen las armonías, los silencios, los tiempos. Se trata de un trabajo de escucha interna del poema y externa de la reacción que produce en mí. Es como meter las manos en el río que corre, que es la música y que está dentro de nosotros”, narra. No hay en esta obra un sumatorio de piezas al piano, “sino un cuerpo musical único que gira alrededor del piano que actúa como la voz no verbal del personaje. Una voz que se compone de diferentes leitmotiv que se asocian a diferentes emociones, las que dicen los versos, desde la herida hasta el renacer. Y también se escuchan los silencios que son muy importantes para crear una sensación de suspensión en el tiempo”
explica. Y ese todo es un compendio, y lo subraya, de emociones en el que la palabra habla por encima de la música o se diluye en ella
 
Ha trabajado poema a poema hasta un total de 21 y los ha colgado en el pentagrama. Tienen su música y su latido. Un latido hecho de varias disciplinas artísticas que tejen una trenza porque son tres lenguajes, la palabra, la danza y la música. La palabra es el germen, la base y la que inspira la música y esta es la que motiva el movimiento “y entonces se produce ese diálogo entre las tres sin que haya una jerarquía de unas sobre otras”, añade. Cuando llega a ese punto es cuando sucede la magia:
 
“Esa conjunción de música. La danza y el texto son pura emoción. Ha sido maravilloso durante los ensayos poder escuchar los poemas de la voz de Acquaroni, saber de dónde salen, nos ha tocado bastante y el resultado no puede ser más satisfactorio para todas. Es un regalo compartido”
dice. No es este un trabajo más para ella, acostumbrada a conectar artes y disciplinas y que aquí convierte en un diálogo a tres voces en el que incluye la voz de la propia poeta.
 
Pericet, con su jet lag a cuestas y un viaje entre medias hacia el Festival de Flamenco de Manchester, se siente fascinada por este proyecto de mujeres que define como
 
“un proceso rápido, aunque bastante intenso. Hemos tenido encuentros, pero los de los últimos días van a fraguar realmente lo que es. Yo he trabajado mucho dejando una parte importante a la improvisación. La música es el pilar que sostiene a estas 18 ciervas. Me gusta la manera de decir que tiene Olivia Molina y no quiero que la parte que me toca esté cerrada, sino que puedan suceder cosas, no quiero que esté atado, sino que vaya evolucionando y que tenga vida, que se vaya haciendo con los ensayos y con nuestros encuentros. Habrá una sola función en el Teatro de la Zarzuela, pero sé que cada vez que se represente en otro escenario será un espectáculo nuevo el que vea el público. Siento que siempre va a estar vivo y que es salvaje como lo son las ciervas”

 
Y aunque, de momento, tendrá una única función es “fácilmente transportable”, como dicen ellas, y puede viajar. “Tiene demasiada vida dentro”, apostilla Pericet, “como para quedarse solo en la Zarzuela. El escenario se puede adaptar y no requiere espacios grandes ni grandes complejidades técnicas. Y por otra parte, es tan poco usual que una pianista clásica, entre comillas, como lo es Sira haya puesto el pie en este proyecto que merece tener un recorrido y seguir un camino”.
 
Un espectáculo que huye de las etiquetas porque no se puede guardar en un cajón estanco. Hernández añade que

“al ser un espectáculo interdisciplinar quizá cueste que encaje en programaciones más clásicas o tradicionales porque no es fácil. Son lenguajes que rompen, pero sí que tenemos buenas perspectivas. Y sé que ese día, para lo que pueda venir en el futuro, vamos a ser muy escuchadas, vistas y observadas”.

Pericet se ciñe a su propio cuerpo, taconea, juega con las manos y va dibujando formas, baila de pie y baila tumbada en el suelo, donde siente cada latido de los versos. Es una batalla, por momentos, con su propio yo, quizá con el pasado o con el presente
 
Si a la compositora le tocaron la piel los versos de Acquaroni a la bailaora le sucedió lo mismo:

“Cuando los escuché las primeras veces me producían algo en el cuerpo, preguntaba por el significado de determinadas palabras. Me parecía genial que yo lo pudiera dibujar en el aire, lo pudiese ver. Veía la acción, era como transcribirlo en una acción. Existía una transmisión de sensaciones y de sentimientos”.

El trabajo ha sido largo y ha llevado su tiempo. Los primeros ensayos empezaron a finales del verano de 2025 y han ido evolucionando y tomando cuerpo y dando forma y lugar a esas ciervas. Los versos de una mujer han parido un espectáculo que se escribe en femenino y en el que Cortana forma el vestuario, Janet Novás dirige la escena y Olga García está a cargo de la iluminación, que se convierte, según la compositora, en un personaje más, una protagonista más de este elenco único

“Hemos hecho un trabajo de conjunto que queda entre mujeres. Y lo hemos mimado”.
 
 
 
 
Ficha:  18 ciervas
Estreno absoluto en el Teatro de la Zarzuela
16 de junio de 2026
Espectáculo-recital
Basado en el libro homónimo de Rosana Acquaroni
Equipo artístico
Compositora y pianista: Sira Hernández
Danza y coreografía: Olga Pericet
Actriz: Olivia Molina
Dirección escénica: Janet Novás
Iluminación: Olga García
Vestuario: Cortana
Fotos y vídeos: Ana Verastegui


 
© Gema Pajares, junio 2026


 

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