ISSN 2605-2318

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Campo de batalla: la música de Davor Vincze


23/06/2026

Entre la memoria y la herida, entre el ruido de la historia y la fragilidad de lo humano, la música de Davor Vincze construye paisajes sonoros de una intensidad poco común. El sello Kairos reúne ahora más de una década de creación de uno de los compositores croatas más personales de su generación en un monográfico donde la guerra, el recuerdo, la identidad y la transformación del sonido se convierten en materia musical. Por Ismael G.Cabral


 
Davor Vincze: Ashes; #MeMyselfAI; Oltre il conflitto (Or Why I Left Croatia); Inflection Point; Na Crti Crta; acousti©remations. Roberto Alonso Trillo, violín. HIIIT. JACK Quartet. Alarm Will Sound. Ensemble Modern. Vertixe Sonora. Zafraan Ensemble. Reinbert de Leeuw y Alan Pierson, directores.  Constantin Basica, Justus Beyer, Cory Brodack, Felix Dreher, Iván Ferrer-Orozco, Stephen Gardner, Tom Gelissen, Daniel Neumann y Laura Picerno, ingenieros de sonido. Un CD DDD de 67:12 minutos de duración grabado en el Missouri Theatre (Estados Unidos), en el Museo Interactivo da Historia de Lugo (España), en el CCRMA Stage de la Stanford University (Estados Unidos), en la Haus der Deutschen Ensemble Akademie de Fráncfort del Meno (Alemania), en el PAARD de La Haya (Holanda) y en el Studio Boerne 45 de Berlín (Alemania) los días 27 de julio de 2024, 18 de diciembre de 2021, 19 de enero de 2018, 16 de diciembre de 2012, 2 de febrero de 2021 y 16 de diciembre de 2022. KAIROS 0013332KAI
 

Se define Davor Vincze (1983), a sí mismo, como compositor y artista sonoro, si bien este monográfico que ahora edita y distribuye el sello Kairos nos da la medida -o, como poco, un amplio retrato del músico en once años de trayectoria- de su quehacer como compositor afín a múltiples derivas contemporáneas (todo ello si damos por bueno la sutil e inestable diferenciación entre la composición -como la entendemos aproximadamente en el contexto de la modernidad- y el arte sonoro como expresión más heterodoxa y difícil de circunscribir a dispositivos acústicos como los aquí recogidos).
 
Comienza con un criterio de máximos el álbum, toda vez que Ashes (2024), que interpreta el conjunto neoyorkino Alarm Will Sound, es una de las obras más sobresalientes del disco. Inspirada por la contemplación -y exposición sónica añadiremos- de una procesión taoísta durante las celebraciones del Año Nuevo Chino en Hong Kong, Vincze conectó aquella experiencia con elementos cultural y sociológicamente más cercanos a él como las guerras de Yugoslavia. Aquella suerte de frenesí, de algarabía religiosa y festiva encontró entonces eco en su ánimo creativo. Es así que, muy libremente, la audición de Ashes puede conectarnos (vaga, pero sustanciosamente) con otras audiciones de partituras contemporáneas entroncadas con similares exposiciones de cultura popular: Gougalon, de Unsuk Chin; y Kantrimiusik, de Mauricio Kagel, singularmente. Sin embargo, en Vincze, la reminiscencia no queda solo formalmente en lo celebratorio.
 
Ashes es una obra hecha de múltiples capas en la que se asoma un pensamiento casi electroacústico (la de la composición por estratos de autores, por ejemplo, como Francis Dhomont y Eduardo Polonio): la densidad que alcanza el ensemble es de una complejidad tímbrica fastuosa. También lo es su ambivalencia, el tejido instrumental es tan jubiloso como bélico. A ello contribuyen algunos extremos dispuestos en el orgánico, ya la flauta pícolo de Erin Lesser y el clarinete bajo de Elisabeth Stimpert. Es, por tanto, una pieza confrontativa en la que, como oyentes, no sabemos (ni resulta necesario) cómo se conjuga el presente y el pasado en la memoria del compositor. Aunque resulta evidente, que tal y como se explica en las caudalosas notas del disco, esta es fundamental. El título conecta con una canción que es vivencia real del autor, Ashes to Ashes, de David Bowie, quien ofreció un concierto en el estadio Maksimir de Zagreb en 1990. Un año después -resumiendo a esqueleto una contienda gigantesca- aquella ciudad estaría en guerra. Por lo definido hasta ahora se podría intuir que Ashes, como composición, tiende a lo enmarañado, a una violencia no resuelta. Sin embargo, y de un modo muy particular, Vincze dota a la partitura de un sentido de principio y fuga (quizás como aquella procesión que él mismo presenció), la música no deja de avanzar, de adquirir diferentes contornos; la va llevando hacia un final en la que el material queda tan expuesto que es agotado, como si no pudiera dar más de sí.

 

Siguiendo un muy subjetivo orden de interés, valoramos enormemente Na Crti Crta (2017) para un sucinto conjunto de marimba, percusión y cinta, a cargo del ensemble de La Haya, HIIIT. De nuevo estamos ante una discursividad sombría
 pero cargada de una energía que la hace muy sugerente en la escucha. Es esa energía y su pérdida gradual de fuerza la que explora Vincze en una creación despojada de pretensión y que articula como un estudio de cualidades sonoras al que se le ha dotado de un refinamiento que le hace poseer un elevado interés. La partitura espejea además con recursos bachianos, extrayendo frases que se tornan irreconocibles pero que, si se desconoce el hecho, tiñe esta música de un tono insospechadamente acogedor. Es, en todo caso, otra brotación histórica en la obra de Vincze; que tanto se nutre de otras músicas (y géneros) en su catálogo como de experiencias y exposiciones vitales. En estas miniaturas la sofisticación lograda es máxima, como también lo es el trabado tímbrico; los materiales dialogan sin una línea de desarrollo clásica, pero apelando a nuestra emocionalidad de una manera constante. 




 
Continuando con el recorrido abarquemos ahora la pieza más exigente de todas, el cuarteto de cuerdas Oltre il conflitto (Or Why I Left Croatia) (2017), que interpreta aquí con una sequedad ardittiana el JACK Quartet. La película The Wolf of Wall Street, del año 2013 de Martin Scorsese y el trabajo del fotoperiodista italiano Marco Longari a partir del retrato de ciudades asediadas por la guerra y la hambruna son los estímulos creativos que desembocan, forzosamente, en una obra feroz que se enriquece (muy a pesar de la biografía del autor) a la ansiedad padecida por Vincze por haber crecido y desarrollado en entorno geográfico en el que la agresividad y el conflicto parecía poder estallar en cada giro del calendario. Más que hablar de violencia -en la referencia ya concreta a la música del cuarteto- deberíamos referirnos a su carácter profusamente sombrío. No es que no exista virulencia entre los cuatro atriles -y en grado sumo- pero esta tiene unos perfiles apagados, agonizantes, no hablaríamos de la brutalidad expansiva de los Cuartetos de Xenakis; aquí el horror pareciera ya procesado, vivenciado e interiorizado. Persistencia del trauma. Todo ello parece anticiparlo su mismo título, que habla más del eco y el terror que perdura más allá de un peligro concreto y acechante. Habla de lo que viene después. Es así también como comprende el JACK esta obra en la que, no tanto importan los picos climáticos, como la sensación de continuidad. La tensión permanece de principio a fin, no sabemos de dónde viene y tampoco se da conclusión a ella, como si continuara lejos de la doble barra conclusiva. Esto lo hace sustanciosa y difícil de asimilar, en su terquedad hiperexpresionista, las cuerdas se yuxtaponen y se cargan mediante presiones muy físicas, glissandis horroríficos y la recurrencia a unas sordinas que desdibujan la sonoridad clásica y buscan ahondar en un ambiente pavoroso que (físicamente) nadie desearía vivir.
 



Anticipa a esta última obra otra en la que la cuerda es capital central, #MeMyselfAI (2021) para violín y electrónica en vivo. Interpretada por Roberto Alonso Trillo es esta la inmersión más desestabilizadora del monográfico por cuanto posee un aparato electrónico que es mejor entendido en la propuesta de concierto que en la fijación de esta en el disco. Aun careciendo de otra referencia que no sea la presente, Vincze opera aquí de una manera opuesta a como configura su Ashes; frente al añadido de estratos, #MeMyselfAI avanza mediante un decapado gradual de los componentes en liza. Entre ellos la de una voz digital, aunque de cariz humano, que añade un ingrediente extra de desorientación. No comprendemos qué se quiere diluir en qué, si el violín en lo digital, si lo digital en lo acústico. El solista es capaz, pese al asedio textural del entorno digital, de mantener a flote su discursividad. Ese juego de idas y venidas, de fuerzas, en definitiva, se mantendrá vigente durante toda la obra a pesar de que la idea de que lo digital absorbe e incorpora la plasticidad de las cuerdas se irá haciendo cada vez más y más notable. Reducir todo a ello a un hiperbólico parasitismo de la tecnología sobre lo humano sería un ejercicio tan espartano que no creemos que las intenciones de Vincze se reduzcan a esto.





Inflection Point (2011), para ensemble, propicia el reencuentro con el enorme director Reinbert de Leeuw, aquí al frente de una decena de músicos del Ensemble Modern. El pianista del conjunto, Ueli Wiget, toca aquí la celesta que se convierte en elemento tímbrico sustancial que incardina y filtra mucho del flujo sonoro frágil de una partitura que propone una mirada a la composición de Vincze ciertamente anterior (estéticamente) a lo que se ha venido comentando. Con todo hay una conexión muy pretérita con Ashes, su sentido de masa orgánica casi magmática. El ensemble se mueve extraordinariamente parsimonioso y del fluido se reflejan colores, timbres que parpadean fugazmente y dan paso a otros, como si la obra pretendiera una saturación cromática que no diera más opción que el resquebrajamiento. También atisbamos aquí frecuencias fantasmales que remiten a lo electrónico y que acaban concretizándose con la aparición de una cinta que apabulla y devora en unos primeros compases al conjunto para luego apaciguarse e incrustarse en el devenir de una sustancia musical temblorosa y concienzudamente difusa.
 





El Zafraan Ensemble concluye el álbum con acousti©remations (2022) donde vuelve a invocarse (por necesidad personal y también por convicción humanista) la guerra (como acontecimiento del inmediato pasado y del atroz presente) ilustrada de nuevo con toda la carga de violencia y desasosiego que esta trae consigo. Si las anteriores obras se planteaban desde el compactado de los materiales (con la salvedad de la más aforística Na Crti Crta) en esta Vincze vuelve a redactar sobre el pentagrama desde el pensamiento puesto en la densidad de los acúmulos tímbricos y texturales, pero, al mismo tiempo, generando cambios inesperados en la rítmica y en los volúmenes, también silencios suspensivos que abortan la percepción de continuidad que otorga -al menos en estas páginas- la música del compositor croata. Con una sagaz intuición por el dramatismo que causan las cesuras y la colisión de extremos graves/agudos, la obra encuentra en los atriles del Zafraan cómplices adecuados para desenmarañar toda la complejidad impuesta en los pentagramas y traducirla con la necesaria dosis de pegada. La música no renuncia a una pirotecnia decibélica que causa un estado de ánimo, un estado de atención que otras propuestas enmascaran, encriptan. Tomando como base, como asiento, lo bélico, el escenario se torna en contexto de conflicto. La obra no se escabulle, quiere ser de un abstracto programatismo en la evocación -entre otros espantos- del campo de concentración de Jasenovac donde miles de presos políticos fueron torturados y ejecutados. Intentando penetrar aún más en los significantes de las obras recogidas aquí hallaremos otro pensamiento de una plasticidad horripilante; quizás toda esa ignición que exuda la combinación de los materiales instrumentales de Vincze (y que en acousti©remations se emancipan a un estado de enrevesamiento despiadado, sobresalientemente traducidos por los miembros del Zafraan) tenga que ver con un sentir de pira crematoria, de calcinación y de cenizas, de quema (como memorial y también metafóricamente) de unas realidades insoportables.
 
 


Más información en la página web del sello Kairos

Las fotos de Davor son de Andrew Watts, Saša Ćetković y Sanjin Kaštelan.
Fragmento de Na Crti Crta


 
 
© Ismael G. Cabral. Junio 2026
 
 
 
 


 

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