ISSN 2605-2318

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Entre el aprendizaje y la exigencia: la JONDE junto al Klangforum Wien


04/11/2026

La Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) se enfrentó, junto al Klangforum Wien, a los desafíos interpretativos de la creación contemporánea. Un encuentro entre aprendizaje y experiencia profesional que puso de relieve las exigencias de este repertorio y el papel de las nuevas generaciones en la música de nuestro tiempo. Una crítica de Ismael G. Cabral para El Compositor Habla



28-10-2026. Madrid. Auditorio Nacional de Música. Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) & miembros del Klangforum Wien. Júlia Cruz, directora. Obras de León, Mendoza y Neuwirth.

29-10-2026. Madrid. Auditorio Nacional de Música. Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) & miembros del Klangforum Wien. Isabel Rubio, directora. Obras de Cánovas Parés, Núñez Hierro y Chin.




En los últimos años la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) ha establecido una interesante y formativa sinergia con otros conjuntos bien asentados ligados a la interpretación de música contemporánea que ha propiciado una mayor implicación de esta academia de jóvenes músicos con el material sonoro de su presente más inmediato. Este año, con el contexto de una pequeña gira, la JONDE ha invitado a profesores del Klangforum Wien para trabajar (y presentar) dos programas, dirigidos y protagonizados programativamente por mujeres, fruto de los cuales son los dos conciertos llevados a cabo los días 28 y 29 de octubre en el Auditorio Nacional de Música de Madrid.

El primero de ellos estuvo dirigido por Júlia Cruz (Valencia, 1996) y tuvo en la obra de Elena Mendoza (1973) la aportación de mayor peso y calado. Zwei Szenen, para viola y grupo instrumental, del año 2019, es una de las partituras más sobresalientes de la compositora sevillana por cuanto en ella se resume (de manera concentrada, decantada) no pocos de sus intereses creativos; cierta teatralidad en el modo de presentar una música plenamente concertante y un muy estudiado juego con las texturas y las técnicas extendidas al servicio de una discursividad (si no narratividad) que hace que la música se sostenga por sí misma, al margen de lo performativo que esta alberga. Su primer movimiento, Dum mors nos divitat, conecta con su teatro musical La ciudad de las mentiras: el conjunto de piano, trombón, violín y violonchelo murmuran y rodean a la viola (entendida esta mediante un desdoblamiento: el instrumento y su intérprete, una fenomenal Laura Torroba). Suerte de ópera en miniatura (cabría hablar, más bien, de un atisbo de text-sound composition en el parlato establecido por los músicos) la pieza se rarifica aún más en el segundo movimiento, Kafkas Gemeinschaft. Torroba erige su viola en un elemento central (solístico) que, como una argamasa, se ve envuelto (literalmente, coreográficamente) por el resto del ensemble, generando pasajes de una heterodoxia tímbrica verdaderamente magistral.

La misma implicación que en la obra de Mendoza demostró el conjunto de la JONDE / Klangforum en la ejecución de Rítmicas, de Tania León (1943), obra vistosa que homenajea, ya desde su título, la pieza hómonima de Amadeo Roldán. La autora habla con orgullo de su “herencia latina, africana y europea”. Sin embargo este suculento mestizaje no tiene (no al menos en esta partitura) un correlato novedoso. La arquitectura de Rítmicas está demasiado expuesta mientras observamos a Júlia Cruz marcar obstinadamente compases y la música despliega una polirritmia trazada con oficio en la que caben préstamos coloristas de Gershwin y acometidas percusivas de Varèse. Parecida sensación de obra brillante, de festín para los músicos, la obtuvimos al oír la interpretación del concierto para trompeta y ensemble …miramondo multiplo… de Olga Neuwirth (1968) cuyo catálogo ha ido perdiendo empuje en los últimos años. Solo pensar en partituras previas a esta (2006) como Akroate Hadal (1995), Construction in Space (2000) o incluso alguno posterior, la soberbia Le Encantadas o le avventure nel mare delle meraviglie (2014) resitúan a esta en otro lugar, muy afín a una idea de virtuosismo decimonónico que creíamos desterrado. Desde luego que hay intensidad en los cinco movimientos de esta …miramondo multiplo… pero esta resulta evidente. La trompetista Alba García domó la obra (en lo puramente técnico y también con su soltura en escena) y el conjunto sonó compacto (con una gradación de los diferentes y contrastantes momentos climáticos muy bien dirigidos por Cruz), rutilante, por ejemplo, en el Aria della pace, cuando Neuwirth somete a transformación la popular aria de Haendel Lascia ch’io pianga.



El segundo concierto, dirigido por Isabel Rubio, comenzó con el estreno absoluto de la nueva versión de The crossings place of road and river, donde Helena Cánovas Parés (1994) genera una movilidad sonora de un hieratismo que causa, en ciertos momentos, una perplejidad fenomenal. Obra de un lenguaje modernista afilado que quiere evocar el trabajo del artista de land art Richard Long, se beneficia además de unas incrustaciones electrónicas aparentemente naïves que añaden resonancia, perdurabilidad a los aportes instrumentales. La obra de Cánovas Parés evoca (al menos así lo hizo en esta interpretación) un entorno de soledad apaciguada, por medio de una escritura hecha de capas en la que el sonido nacía y moría con tono lacerante (Ustvolskaya en alguna parte, solo tal vez) y una marcada presencia de un octeto de vientos que se erigía tímbricamente por encima del resto del ensemble.

La dirección de Isabel Rubio fue igual de precisa que la de su colega el día anterior, Júlia Cruz, aunque su gestualidad, menos expansiva, la pudieran hacer pasar algo más desapercibida, especialmente, cuando afrontó la exuberante Graffiti, de Unsuk Chin (1961). Un mayor radicalismo sonoro habría devenido en una interpretación más convincente de una obra, la de Chin, en la que convive el presente y su querencia por lo museográfico, por la cita encriptada. El palimpsesto, la ciudad nocturna y la pasacaglia son ideas troncales que emergen en una partitura musculosa en tensiones y líneas instrumentales que se contestan como si se encontraran en medio de una gigante tela de araña. La rítmica, tan ligetiana, se imbuye de cierto aire exotista y la música se dibuja a pinceladas cambiantes. Aunque Rubio y los músicos de la JONDE controlaron la obra, no se atrevieron a llevarla al máximo de sus posibilidades, sonando demasiado metrificada; aquí sí añoramos lo que con ella puede hacer el Klangforum Wien en su integridad.

Encargo de la JONDE; la compositora Nuria Núñez Hierro (1980) estrenó Metazoa exponiéndola como “un organismo complejo de morfología frágil”, en una clara concomitancia paisajista y biológica nada azarosa con la pieza de Cánovas Parés. El lenguaje de la jerezana demuestra aquí una superioridad muy notable con respecto a mucha de su producción precedente; de algún modo percibimos Metazoa como un punto de llegada (y, también, seguro, otro de partida) en donde se concentran no pocas de las vicisitudes compositivas que la han ocupado durante los últimos años. La nueva obra (configurada en cuatro movimientos) se va arracimando con una cualidad, diríamos botánica; esto es, se despliega lenta y untuosamente ante nuestros oídos. Mediante aleteos instrumentales, soplidos, arcos frotados y un soberbio dominio del color, Núñez Hierro evoca el mundo natural desde una profundidad mayor (o, en todo caso, más crítica) de como lo viene haciendo Noriko Baba en su reciente ciclo Bestiarium Musicale. En Metazoa no hay espacio para la distensión y sí en cambio una sonoridad desasogante, de una profundidad conceptual que, hasta ahora, no creíamos haber percibido en su catálogo previo. Urge volver a escuchar esta nueva y escamosa creación, cuya resonancia vaga pero palpitante aún perdura (o así lo creemos) en el recuerdo de quienes asistimos a su alumbramiento.


 
© Ismael G. Cabral

Las fotografías son de Elvira Megías.


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