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«Pauline Oliveros llena el espacio sonoro del C3A»


27/08/2020

El Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (C3A) bucea a través de una retrospectiva en una personalidad única y pionera de la música del siglo XX.




Con muchos menos medios de los que otras instituciones culturales gozan el C3A de Córdoba se ha propuesto algo prácticamente inédito en el panorama del arte contemporáneo español; reivindicar el arte sonoro y concederle un espacio que otros centros le escatiman. Su atención estos meses (hasta el 17 de enero) a la obra de la compositora y pensadora Pauline Oliveros (1932-2016) ha de entenderse así como un peldaño más en una divulgación serena y bien contextualizada por la que ya han transitado otros creadores como José Iges, Isidoro Valcárcel Medina, Clara de Asís, Mark Fell, Thomas Köner, Francisco López, Lucy Railton y Jana Winderen, entre otros.

Podría pensarse que un trabajo de documentación alrededor de la vida de Oliveros tendrá como resultado una experiencia expositiva predeciblemente árida. Sin embargo, en su concreción, el visitante tendrá la oportunidad en poco tiempo (o en mucho, dependerá de su grado de atención al detalle) de marchar con una idea muy certera y poliédrica de esta pionera de la deep listening e incluso experimentar, en la imponente Caja Negra del edificio, una sesión de eso que ella llamó escucha profunda.



Fue Oliveros una compositora que se dejó llevar más por la intuición y la experiencia que por ninguna otra academia (a pesar de que también las transitó y creció intelectualmente en ellas). Y, junto con Éliane Radigue, llevó la concepción de la escucha a un nivel casi místico. Desde luego que el contexto geográfico y social en el que se desarrolló fue esencial para comprender mucho de lo que hizo.  California en los años 70, el nuevo humanismo, la política sobre y desde el pacifismo, las experiencias con la psicodelia y la reivindicación y asentamiento del movimiento LGTBI, del que ella misma fue toda su vida activista. Por el camino se cruzó, desde luego, con John Cage, pero también con creadores (sonoros) mucho más estrambóticos como Harry Partch y La Monte Young. No casualmente Oliveros acabaría convirtiendo el acordeón en una extensión de sí misma, pero un acordeón en afinación justa, que incorpora cinco clases acústicamente puras de intervalos dentro de la octava, como ya emplearon de forma sistemática los compositores anteriormente citados.

En la exposición del C3A -comisariada por el director del centro, Álvaro Rodríguez Fominaya- podremos reparar, mediante diversos documentos audiovisuales, en aspectos de su biografía personal y artística, pero también detenernos en una considerable cantidad de documentación ordenada y razonada que nos irá completando el retrato de la compositora. La veremos también, en pantalla grande, en una de sus últimas actuaciones junto a la Deep Listening Band, esa formación con la que se propuso "oír todo lo que era posible oír". Su música lenta, procesual y meditativa nos ayuda no solo a penetrar en el sonido también, y contra todo pronóstico, efectivamente a escapar del mismo y percibir lo que sucede al margen de aquel. Corrobora, a su manera, que escuchar es una actividad, no una (in)acción, no una pasividad.



Desde sus primeras experiencias electroacústicas en los años 60 (esas que están más ausentes en la muestra y a las que cabría haberles dedicado un espacio de audición propio, con obras notables como Bye bye Butterfly, No Mo o el ciclo I of IV) Oliveros quiso siempre hacer de cada nuevo trabajo una suerte de meditación sónica. Concepto que llevó también al arte postal ("Mozart era una lavandera irlandesa y negra") y a partituras abiertamente textuales e intuitivas con el tono de Fluxus y que hoy se leen con sincera amabilidad pese a su carácter naïf: "Escucha cerca de un río o corriente de agua, escucha los tonos clave en su caudal. Permite que tu voz se mezcle con los sonidos") y que no la convirtió, en absoluto, en alguien ajeno a su contexto. Es por ello que está igualmente presente aquí su compromiso con el feminismo a través de reflexiones y documentos que ahondan en su carácter de pionera también en este sentido, si bien cierta beligerancia de sus pensamientos ha de relativizarse a la luz del pensamiento actual. Nos referimos al artículo And Don't Call Them ‘Lady’ Composers, publicado en The New York Times en 1970.

"Vivimos en una época ruidosa. El problema es la concentración. Ahora toda nuestra atención se centra en esas pantallas", dijo en referencia a los teléfonos móviles Oliveros, "nativa analógica", como le gustaba definirse. Y será en la Caja Negra, suerte de auditorio del C3A, donde por medio de una tenue luz que invita al recogimiento cuando no directamente a la reflexión mística y/o religiosa (según usos y costumbres) finalizaremos la visita llevándonos el más directo impacto de la exposición. Es aquí, en este espacio diáfano de imponente altura y cuerpo desnudo de cemento, donde podremos abandonarnos a la escucha en cuadrafonía de una experiencia registrada en disco en 1989. Un concierto interpretado en una gigantesca cisterna de uso militar que permitió una reverberación de 45 segundos y en el que participaron Oliveros (acordeón, voz), Stuart Dempster (trombón, voz) y Panaiotis (voz, objetos). Su reproducción en bucle, por medio del sonido grabado, hace de este lugar el corazón de una instalación sonora en la que acabaremos de entender la trascendencia de quien hizo de su vida una exploración auditiva cuyas consecuencias aún ni hemos empezado a asimilar.
 
Oliveros buscó siempre un sentido de comunidad en la escucha, requirió de la improvisación, de la participación del público, de la personalidad sónica de cada espacio en el que intervino.  Más que por la escritura fijada optó por el pálpito, por su propia percepción. Y todo ello la convirtió en una precursora, sí, pero también en alguien cuyas enseñanzas (fundamentalmente musicales) siguen aún más plenamente vigentes que en su tiempo. Frente a la (conservadora) duda razonable de una exposición sin cuadros en las paredes se impone la lógica de la emoción. ¿A qué vamos a un centro de arte si no es a descubrir, a confrontarnos, a ver pero también, y en este caso, a oír y a aprender a escucharnos a nosotros mismos? Si "solo se conoce lo que es", según el axioma filosófico de Louis Althusser, esta apuesta del C3A defiende que en el camino del conocimiento no podemos seguir obviando por más tiempo las artes del sonido.



 


Las fotografías de Pauline son de:

1. Retrato de Pauline Oliveros. Fotografía de Pieter Kers. Cortesía de The Pauline OliverosTrust: All rights Reserved.
2. Exposición Pauline Oliveros. Retrospectiva. C3A
3. Póster Pauline Oliveros Serie de conciertos Lorraine Hansberry Theater. F. W. Olin Library, Mills College. (Oakland, California). Cortesía de The Pauline Oliveros. Trust: All rights Reserved.

Más información en el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía

Más información en The Center For Deep Listening


 
Exposición Pauline Oliveros. Retrospectiva
Del 25 de junio 2020 hasta el 17 de enero 2021
Sala T3. Comisario: Álvaro Rodríguez Fominaya.
Consultor audiovisual: Daniel Weintraub


Ismael G. Cabral
Agosto de 2020


 

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