ISSN 2605-2318

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Hablamos con Josep Maria Guix


15/05/2015

Entrevista. Además de su trabajo como compositor Josep Maria Guix ha dedicado mucho tiempo a la gestión musical, campo en el que tiene una gran experiencia. Inmerso en un Máster de Gestión en el que participa como profesor, el Master in Cultural Management en la UIC, hemos podido charlar sobre el tema.

1. Ruth Prieto: Usted que ha sido gestor y que además ahora es miembro del equipo que imparte el Máster de Gestión (Master in Cultural Management en la UIC). ¿Cómo ve la gestión cultural en estos momentos?

Josep Maria Guix: Lo cierto es que estoy alejado de ella en un sentido activo del término, sin embargo sigo las diversas programaciones de conciertos –estos últimos días hemos tenido ocasión de descubrir las novedades de importantes temporadas y festivales-, y continúo sin comprender algunas cosas que para mí resultan obvias.
A modo de ejemplo, ¿cómo es posible que alguien programe las tres sonatas para violín y piano de Brahms en un único concierto y, lo que es peor, al siguiente año se programe de nuevo exactamente lo mismo, bajo la excusa de que si no se aceptaba este programa los intérpretes no tocaban en dicho auditorio? Dudo que alguien pueda escuchar con la atención que se merece un monográfico de Brahms –es simplemente una cuestión de densidad musical. ¿Por qué no sugerir un Mozart o un Beethoven junto al compositor de Hamburgo? ¿Por qué no aventurarnos después en un Bartok, un Janaceck, un Messiaen, un Takemitsu...? Creo que hablando directamente con los intérpretes se consigue una programación más equilibrada, que no responda sólo a los intereses inmediatos de los propios músicos –rodar un programa de concierto antes de grabar un CD, pongamos por caso- y, a la vez, se logra un sentido pedagógico que sirve para educar a la audiencia y dar a conocer nuevas músicas –aunque sean antiguas-, con el fin de trazar analogías entre composiciones aparentemente distintas.

2. R.P.: Dentro de la Gestión Cultural, muchas veces hablamos de las dificultades específicas de la gestión de la música, ¿qué podría decirnos con respecto a las peculiaridades de la gestión musical?

Josep Maria Guix: Estos días estaba comprobando algunos modelos bien distintos y que, a mi entender y desde el punto de vista de la programación musical, son ejemplares. Pienso en las series de la Fundación March, en la Semana de Música Religiosa de Cuenca o en los conciertos de la Schubertíada de Vilabertran, por citar algunos. Existe en ellos una visión coherente, que prioriza la música y que, a menudo, apuesta por el descubrimiento de nuevos talentos y universos sonoros.
Un concierto en el que se interpreta La muerte y la doncella y, ya en la segunda parte, el cuarteto Black Angels de Crumb me parece una sabia decisión. Los amantes de Schubert gozarán con su magnífico cuarteto y, a la vez, tendrán ocasión de adentrarse en la riqueza expresiva y el poder de sugestión de las composiciones del autor norteamericano.
Ésta debería ser la normalidad: creer primero en la música. Aunar en un único concierto las polirrítmias de Ligeti con las improvisaciones de un conjunto tradicional africano es, asimismo, un otro ejemplo de esa nueva vía para ampliar horizontes y establecer vínculos entre propuestas aparentemente alejadas unas de otras.
Por supuesto ello implica una mente abierta y conocedora de los intríngulis específicos de la música. Ésa debería ser la única dificultad. Sin embargo, a menudo determinadas modas eclipsan un camino serio.
Un director artístico, un gestor musical no es –o no debería ser- un simple vendedor. A pesar de que hay que cuadrar la caja al final del concierto, es importante enfatizar el adjetivo (cultural) más que el nombre (gestor). Un festival, sobre todo en el ámbito clásico, es mucho más que una empresa. Es interesante recordar aquí alguna de las citas del magnífico libro de Nuccio Ordine, La utilidad de lo inútil: “Sin responsabilidad, los libreros se convierten en simples empleados que tienen como misión más importante vender productos, con el mismo espíritu que quien trabaja en un supermercado”.
 
"Me temo que algunas programaciones están más cerca de los criterios de una gran superficie que de un verdadero proyecto artístico."
3. R.P.: ¿Qué tiene que tener un buen gestor musical?

Josep Maria Guix: A mi entender, rigor, espíritu crítico, opinión propia impermeable a modas, capacidad de diálogo, creatividad, sentido de la comunicación y, por encima de todo, conocimientos musicales profundos. Para mí fue determinante conocer la música desde dentro y fijar los programas con los intérpretes –directamente con ellos, no con el manager-, tras diversas deliberaciones. Incluso algo tan aparentemente inocuo como el orden de las obras tiene una importancia capital en la percepción de la música por parte del público. Hay que pensar en todo ello.
Debemos aprender también de los distintos ámbitos que convergen en el concierto, desde los datos sociológicos (horarios, costumbres, etc.) y económicos del lugar, hasta la disposición de las luces en escenario y sala. Sin olvidar tampoco la logística sobre el escenario –especialmente en la música contemporánea- de los grupos importantes: el Ensemble Intercontemporain utiliza cinta adhesiva de distintos colores para indicar en el suelo la ubicación de los atriles, sillas e instrumentos en cada pieza; con ello se logra una gran agilidad y se evitan los tiempos muertos entre obra y obra. En las clases en la universidad he podido constatar que, muchos jóvenes –y por tanto, futuros gestores- están más preocupados por el cómo que por el qué. Para mí eso ya supone un error. Así se comprende que me pregunten cosas como “¿cuánto cuesta alquilar un piano o un micrófono?” o “¿dónde se pueden conseguir listas con contactos de intérpretes?”. Si no se sabe para qué, no tiene sentido intentar hallar una respuesta distinta a “depende”.
"Y por supuesto, la gestión requiere honestidad. Si un intérprete o compositor es también gestor –fuera de su grupo instrumental, claro- no puede ser parte contratante y contratada a la vez. Pero esto es de sentido común, ¿verdad? "

4. R.P.: ¿Seguimos cayendo en los mismos errores de siempre?

Josep Maria Guix: Uno debería saber qué quiere ofrecer. Si estás sirviendo comida rápida a precios baratos no puedes pretender dártelas de restaurante de autor. Y a la inversa: algo exquisito no va a atraer a todos los públicos y, por lo tanto, no va a obtener tampoco una venta masiva de localidades.
Por otra parte, siguen existiendo cosas muy curiosas, como determinados festivales de verano que no se sabe a ciencia cierta a qué criterio de programación responden –o tal vez sí, lo que resulta aún más doloroso-, y acaban siendo una especie de cajón de sastre, políticamente correcto, un saco en que todo cabe. Si lo que se desea es un acto social cerca de la costa y en un entorno monumental, tal vez no sea necesaria la música en el formato que conocemos: quizás sólo sea necesario el restaurante –que, dicho sea de paso, aparece destacado en la página web junto al número de teléfono para las reservas tras el espectáculo.
Tampoco el nombre de conocidísimas propuestas alrededor de un instrumento o de un medio -sea ya la guitarra o la música electrónica- parecen muy halagüeñas desde el punto de vista de un sólido eje conductor. ¿Cómo justificar con cierta lógica la presencia de un cantante de fama internacional junto a un intérprete de cuerda tradicional turco o un dúo dedicado a la rumba catalana? ¿Cómo encajan un DJ, un viejo grupo de músicas electrónicas atmosféricas y las obras para cinta de Stockhausen en un mismo certamen? Si lo que se quiere es llenar en verano unos espacios con jóvenes venidos de todas partes, con ganas de bailar, no se puede pretender un discurso sólido. Con el turismo sucede algo parecido: algunas ciudades se afanan por la llegada de cruceros cargados de turistas mientras defienden las actividades familiares, desean la comodidad del automóvil privado y grandes zonas peatonales, se esfuerzan por conseguir la tranquilidad en amplias avenidas y quieren también terrazas y cafeterías repletas, así como la presencia de industria y comercio como motores económicos... Todo no cabe: hay que elegir y priorizar.
Afortunadamente, existen otras programaciones ya muy arraigadas, que se adentran coherentemente y con sentido de la proporción en la música de cámara, en un repertorio antiguo, en intérpretes de blues...

5. R.P.: Y si hablamos de programación ¿cuáles son los puntos débiles de la programación musical?
 
"Yo sigo defendiendo la idea de unir lo nuevo con lo ya conocido, lo local con lo foráneo, lo más atrevido con las obras de repertorio. Pero debe hacerse con algún hilo conductor ¿El objetivo principal? Intentar educar al público a la vez que se le proporciona el placer del espectáculo en sí."
Josep Maria Guix: A menudo seguimos insistiendo –al menos en la programación de conciertos clásicos- en modelos decimonónicos. Bien es cierto que traer una orquesta de fuera resulta muy caro y parece lógico optimizar los gastos con un programa largo. Pero somos hijos del “less is more” que nos ha legado el siglo XX, y además tenemos a mano la grabación de la música de todos los tiempos. ¿Sigue teniendo sentido un concierto desmesurado?
El auditorio se ha convertido, hoy –y ello a pesar de los teléfonos móviles y de los envoltorios de los caramelos-, en uno de los últimos refugios de tiempo y silencio, condiciones indispensables para la música. El concierto como un acto único, intencionado, especial. Ese debería ser el reto.
Aquí es imprescindible detenerse un instante para reivindicar una apuesta segura que se está dejando de lado. Tenemos unos jóvenes intérpretes muy preparados que ansían tocar en público. ¿A qué estamos esperando para organizar una rotación de grupos de cámara por las diferentes salas del territorio? Eso sí que depende de una decisión política y no supone un quebranto económico, puesto que las instalaciones ya existen y los músicos no exigirán un cachet de estrella mediática –pero tampoco hay que tratarlos, a nivel salarial, como unos harapientos a los que se les proporciona una limosna. Salgamos de las grandes capitales y articulemos programas de conciertos en pequeñas ciudades y pueblos: el público lo agradecerá.

6. R.P.: Y si ya hablamos de gestión en lo referente a la música contemporánea ¿qué puede comentarnos?

Josep Maria Guix: De nuevo surgen las modas y las inercias... A menudo podríamos clasificar determinados ciclos –y cursos- de música contemporánea por tendencias estilísticas: en algunos lugares será complicado encontrar músicas escritas con notas, en otros no será posible incorporar nuevas tecnologías o técnicas más osadas y perfectamente asumidas, hoy por hoy, en el tratamiento instrumental. Tal vez deberían ser un muestrario más completo y ecléctico, menos partidista o alternativo.
Últimamente parece que en nuestras salas se ha establecido la moda del compositor en residencia, algo que funciona desde hace años en el extranjero y que, en principio, es bueno por lo que tiene de oportunidad para acercar un autor al gran público, por la posibilidad de encargos remunerados dignamente, por el hecho de trabajar de cerca con un grupo instrumental o coral estables... Sin embargo, me temo que dicha opción nace de la voluntad de huir de las dificultades en programar a otros compositores vivos de forma meditada y con fundamento: si ya se tiene a uno de cabecera nos ahorramos pensar en el resto. Y cuando termina la residencia, ¿qué se ha logrado? ¿No podrá volver a sonar la música de dicho compositor en otras temporadas? ¿Es una excusa para insistir en autores que nos gustan aunque sean muy irregulares? ¿Acaso se trata de compensar agravios tardíamente –autores reconocidos fuera y olvidados por su patria-? ¿Tal vez se pretenda obtener cierto reconocimiento mediático invitando a un personaje ya consagrado?
Yo sigo creyendo en que la música de hoy debe estar ligada a la de ayer. ¿No sería posible un concierto en que apareciesen en el mismo programa Ockeghem y Ligeti, o los madrigales de Gesualdo de la mano de las obras recientes de algunos jóvenes compositores?

7. R.P.: Alguna sugerencia…

Josep Maria Guix: Seguir el ejemplo de los grandes músicos: ¡volver a Bernstein! En algunas ocasiones se piden ideas nuevas para hacer charlas previas a los conciertos o programas de corte pedagógico. Sólo tenemos que revisar sus conferencias, sus ensayos, sus Young People Concerts –se encuentran en YouTube, al alcance de todos y existe una espléndida traducción de los textos editada en castellano. Resulta paradigmática la capacidad comunicativa, la profundidad del saber musical, la vitalidad de este espléndido director de orquesta.
No hay nada malo en programar artistas mediáticos y obras de éxito, el problema reside en hacer solamente esto, sin ninguna intención de ir más allá. No me preocupa encontrar los estantes de las librerías llenos de bestsellers, sino el hecho de que no sea posible hallar un buen ensayo francés o libros de poesía japonesa.
 

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