ISSN 2605-2318

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Huber (III de III): Klaus, la música como meditación y protesta


28/10/2022

Una crítica de Ismael G. Cabral para El Compositor Habla.



KLAUS HUBER
Oratio Mechtildis. Umkehr – im Licht sein…, Das Kleine Lied. Ein Hauch von Unzeit. Intarsioso.
Katharina Rikus, contralto. Deutsche Radio Philharmonie. Brad Lubman, director. Radio-Sinfonie Orchester Frankfurt. Lucas Vis, director. Cuarteto Arditti…


 










“La música de Klaus Huber es de una calidad enorme”. En estos elogiosos términos se expresaba el maestro Arturo Tamayo, en una entrevista concedida al portal Mundo Clásico en 2016. Nacido en 1924 y fallecido en 2017 el sello NEOS ha puesto recientemente en circulación un doble álbum muy representativo del recorrido vital y estético del compositor suizo, siempre de la mano de una militancia política e intelectual que mantuvo hasta el final de sus días llevando su música también al mismo alto grado de exigencia. El disco que centra estas líneas, titulado genéricamente Vocal Works, cubre un arco vital muy amplio, que va desde el ciclo Das kleine Lied (1955) hasta Intarsioso (2009).

Sin embargo, aun valorando positivamente la globalidad de la escucha propuesta, hemos de remarcar que el verdadero motivo de interés de la publicación se concentra notablemente en el primero de los álbumes, que es también el que convoca obras de mayor orgánico. Inmersos en la profundidad de una pieza como Umkehr – im Licht sein… (1997), díptico para coro, mezzo-soprano, narrador y pequeña orquesta, constatamos que la referida y categórica afirmación de Tamayo no era errada. Con textos de Elias Canetti y Max Frisch, entre otros autores, Huber condensa en esta media hora de música una buena parte de todas sus inquietudes. Entendiendo que su escritura se gestó cuando contaba 73 años podemos hablar de una obra de síntesis, probablemente una de las mayores creaciones de su catálogo. Conceptos teológicos, meditaciones sociológicas de intensa raigambre política (el ser humano como realidad destructiva con la resonancia, aun, de la bomba atómica) y lo que el compositor denominaba “la ideología totalitaria del libre mercado” serpentean como palabra recitada y canto en esta partitura de una entraña abisal. En Huber, como en otros colegas de su generación, siempre estuvo presente la idea de arte como acción reflexiva que llevara, sino a una acción, sí a una toma en consideración. Pero además de este punto de partida común a diversos autores (de Nono a Cardew, de Henze a Halffter), hay en esta obra que nos ocupa una manera de mezclar el material, como en forma de costuras descarnadas, que lo acerca, desde luego a Luigi Nono, también al Luciano Berio más operístico. Umker –im Licht sein… es una música nueva (o relativamente) que se ahorma paradójicamente a unas hechuras de otra época y que no pretende (o no nos lo parece) querer ser concienzudamente actual pero que, a la postre, acaba siendo, en nuestros oídos, intensamente agitadora.

Similar alborozo (aunque tal vez no sea este un adjetivo que comúnmente asociemos con la poética de Klaus Huber) nos produce Oratio Mechtildis (1957), para orquesta de cámara con voz de contralto (Katharina Rikus en esta y la anterior obra). Por fecha de composición estamos ante una pieza mucho más temprana en la que su fracturación en cinco movimientos nos remite ya a la principal influencia de Huber (en aquellos años y durante toda su vida, pero más indudablemente en la década que nos concita), Anton Webern. Heredada de él también hay aquí un gusto por una concentración tímbrica de una orfebrería maestra, en la conjunción, por ejemplo de instrumentos como la celesta y el glockenspiel con el tejido de la cuerda. Esta suerte de meditación religiosa –la envergadura teórica jamás abandonaría el pensamiento de Huber- a partir de textos de la monja cisterciense y mística Mechthild von Magdeburg tiene una rara cualidad astringente; la música es de una gótica sobriedad, y el poso acechante y doloroso de este sonar resulta inequívocamente reconocible.

Las piezas del segundo disco, aun siendo de interés, no gozan del calado de las hasta aquí citadas. Hay en el temprano Das kleine Lied (1955) un aroma excesivamente formalista, como si el compositor no hubiera sabido en ella desprenderse del todo del peso de sus predecesores. En la obra para voz y acordeón Ein Hauch von Unzeit (1972-87) ni el canto ni la instrumentación cobran vuelo. Hay oficio, mucho, pero también una excesiva deuda con el lenguaje vocal de György Kurtág con quien parece estar jugando (desde luego no pretendidamente) al trampantojo. Una curiosa combinación se produce en Intarsioso (2009) para fortepiano (Jean-Jacques Dünki), cuarteto de cuerdas (aquí el Cuarteto Arditti) y contralto (de nuevo, como en toda la notabilísima producción, la voz de Rikus). La que acaso sea la creación más afectuosa de la colección es también la más crepuscular de todas; más allá del agrado que desprende no hay en ella el mordiente de sus grandes creaciones.





Más información en la página web de Neos
©Ismael G. Cabral. Octubre 2022

 



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Ismael G. Cabral
Soy periodista (no solo) cultural en Sevilla. Pasé 16 años en la redacción de 'El Correo de Andalucía' (2002-2018). Actualmente escribo sobre música en las revistas 'Ópera Actual', 'Scherzo' y El Compositor Habla.
Y sobre animales en el portal 'Wamiz'. En el pasado, también investigué radio y televisión. Buscando nuevos horizontes.
Ismael G. Cabral








 

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