
La dispersión de la luz

SARA NEMTSOV
Tzimtzum.
Ensemble Nikel (Patrick Stadler, saxofones; Yaron Deutsch, guitarra eléctrica; Antoine Françoise, teclados; Brian Archinal, extended drum set). WSR Sinfonieorchester. Peter Rundel, director.
BASTILLE MUSIQUE
El sello bastille musique, que dirige Sebastian Solte, continúa amasando uno de los catálogos más excepcionales en torno a la nueva música en el mercado fonográfico actual. La publicación del ciclo
Tzimtzum (2020-23) de la compositora
Sarah Nemtsov (1980) puede categorizarse como acontecimiento, ya en el momento de su estreno (en noviembre de 2023 en el Festival NOW! de Essen, y ahora en su traslación discográfica. El punto de partida fue un encargo para escribir una pieza para el Nikel Ensemble (saxofones, teclados, guitarra eléctrica, percusión) y la Orquesta de la WDR de Alemania huérfana de cuerdas. “
Ante una instrumentación tan desafiante la primera tarea fue la de encontrar mi propia necesidad para crear algo para esa combinación”, reflexiona Nemtsov. Aquella petición le llegó en un momento en el que se encontraba inmersa en el estudio y el conocimiento del misticismo judío; de ahí surgió la idea para aquel encargo concreto y también para hacer de este una empresa mayor, una tetralogía basada en los conceptos cabalísticos de la creación: la divinidad infinita, el espacio creado por generación divina, la ruptura y la dispersión de la luz y la reparación y restauración del orden. Cada uno de ellos da título, en hebreo, a las cuatro piezas que componen el ciclo
Tzimtzum. En la primera de ellas,
Reshimot, para el conjunto Nikel y orquesta, la textura es rugosa -hay una interferencia electroacústica provocada por el sintetizador que cubre como un rumor interferente parte de la pieza- y los volúmenes se mueven de forma abrupta. Nemtsov trabaja intensamente la verticalidad en la simultaneidad de fuentes sonoras que colisionan; los eventos sonoros se perciben apilados y, en el trazo final, decantados; como si todo el armazón tendiera a deshilacharse. Al final, ese rastro, ese residuo (
Reshimot) volverá a compactarse en otra implosión en la que parpadean ecos de free jazz -en toda la pieza la división entre orquesta y ensemble es acusada, la idea concertante está claramente expresada-. Peter Rundel dirige a ambos conjuntos -lo hará en todo el ciclo- con una enfatización sobresaliente en las relaciones sonoras que unos elementos y otros establecerán. Sin solución de continuidad comienza
Sh’vira que tocan, a solo, los músicos del Nikel. Recoger parte del detritus digital de la primera para generar el humus de una partitura que tiene mucho de lamento (en la voz del saxo de Patrick Stadler); en no poca forma el sonido da la sensación de estar balbuceando y luego aglomerándose. “
Rotura, fragmentación y chispas de luz. La energía como fuente de creación, con un poder indomable que conduce a la destrucción”. Según las creencias místicas judías los vasos divinos de luz estallaron una vez y sus chispas se esparcieron por el universo como fuerzas vitales. Sin embargo, aquella explosión también trajo consigo grietas que el ser humano ha de reparar.
Tikkun, tercer episodio de
Tzimtzum, para el Ensemble Nikel y orquesta de cuerdas con percusión, se refiere a esa sanación del mundo. Aunque lo que recibimos en la audición es una música pura, la partitura está concebida como una explicación meticulosa de lo anterior; toda ella representa “
un proceso sonoro de recogida, redención y transformación”. Finalmente,
K’lipot para el Ensemble Nikel y gran orquesta alude a los fragmentos de las vasijas de luz que no pudieron resistir la luz divina, pedazos que permanecieron en el mundo como obstáculos espirituales. Según Nemtsov, de una forma menos abstracta, esos fragmentos aluden a “
nuestros desafíos en la vida, representan lo que hemos de superar”. La pieza más extensa del ciclo -también la que conlleva un orgánico mayor- es también la más especulativa de todas; pues como si de una invocación a Sísifo se tratase,
K’lipot se compone de una música que parece recomenzar una y otra vez. Tampoco se comprende -ni es necesario hacerlo desde un punto de vista de la escucha- cómo maneja la autora el material; combinaciones sonoras que son presentadas y arrumbadas y que, de pronto, reaparecen con matices diferentes. También está más encriptada la relación entre el conjunto y la orquesta, pero incluso entre las propias intervenciones solistas de los integrantes de Nikel -con una muy destacada del guitarrista Yaron Deutsch-. Rundel y la WDR transmiten esa sensación de irregularidad, de ser el punto final sin llegar a serlo, como si la música pudiera seguir en busca de una perfección inalcanzable.
Perfil de la compositora en nuestra web
ECH-Sarah Nemtsov
La identidad

JOHANNES KALITZKE
Kapitän Nemos Bibliothek.
Iurii Lushkevich. Johanna Zimmer. Noa Frenkel. Reuben Willcox. Rinnat Moriah. Ensemble Modern. Johannes Kalitzke, director.
KAIROS
Kapitän Nemos Bibliothek, encargo del Schwetzingen SWR Festival y del Bregenz Festival, se enuncia como ópera y, en puridad, lo es con todas sus consecuencias. De ahí que su argumento -literal, lineal, dramáticamente diáfano- cuente a la hora de asimilar la propuesta. La historia se desarrolla en un pueblo sueco en el que dos niños fueron intercambiados al nacer. Para los adultos, una orden judicial para devolver a los niños a sus familias biológicas es fundamental para restablecer el orden según el plan de Dios. Sin embargo, para los pequeños, Ich y Johannes, significa una situación de incertidumbre y de búsqueda de significados. Se enfrentan a sentimientos de soledad, miedo, amor y esperanza. El escenario es una biblioteca imaginaria en el Nautilus, un refugio para la investigación y la imaginación. Con una apreciable influencia del universo infantil, Johannes Kalitzke (1959) urdió la ópera desde el deseo de combinar en ella la presencia de los cantantes con la de títeres, sin que en ningún caso se pueda entender cómo una obra destinada al público juvenil. Asuntos como la identidad, la alienación y la marginación son puestos sobre la mesa sin demasiado conceptualismo; lo que hace que la carga textual de la obra sea elevada. En la confrontación entre todos estos temas y, a la vez, el mundo onírico que envuelve a los niños (la propia biblioteca como contexto visual y literario, las marionetas, etc.) reside una de las fortalezas de la ópera. Kalitzke demuestra una agudeza -también una practicidad- notable a la hora de manejar sus intenciones; no avasalla a los cantantes y se sirve de un Ensemble Modern reducido (cinco solistas vocales, una decena de instrumentistas). El acordeón -tantas veces en partituras actuales sustituto del órgano- crea una pátina de apariencia electrónica y el clarinete contrabajo aparece de manera rotunda en los pasajes de mayor tensión. También se utiliza un
sampler que es útil, en momentos ocasionales, para crear la ilusión de una segunda orquesta, y un piano de juguete como coloración que centellea en múltiples instantes. La estética es, dentro de su acomodado modernismo, nerviosa y tímbricamente refulgente. En la escucha, aislados de imágenes, la pieza funciona y posee algunos momentos de enorme pericia operística; como aquellos en los que nos sentimos extrañados por una rara sonoridad, la de un violín Stroh, un invento del siglo XIX en el que el mástil, en lugar de a una caja de resonancia, está ligado a un embudo metálico. Ayudan al éxito, y de qué manera, las voces, desde luego la de Johanna Zimmer (especialista en repertorio contemporáneo), que encarna a Johannes, y la de Rinnat Moriah (Eva-Lisa). Aun dentro de una relativa convencionalidad que se ha de aceptar (o no) desde los primeros compases,
Kapitän Nemos Bibliothek es una sólida aportación a la ópera contemporánea.
Rara fascinación
NICOLAUS RICHTER DE VROE
TetraДb IV. Shibuya Movements. Euforia.
Isao Nakamura, percusión. Irvine Arditti, violin. Mike Svoboda, trombón. Isabeella Beumer, voz. Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks. Peter Rundel, Cristóbal Halffter, Mariss Jansons, directores.
BR KLASSIK
El alemán Nicolaus Richter de Vroe (1955) es un compositor y violinista muy ligado a la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara (Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks), ya como intérprete y como comisario del ciclo de conciertos Música Viva, del que emerge esta grabación -la número 49 de la colección que la emisora BR dedica a documentar una parte sustantiva de lo que se estrena y se escucha en aquella serie-. Oído en el orden contrario al que propone el cedé, Euforia (2009) es una obra muy breve de rítmica truncada, acelerada y con una épica festiva en la coda; una pieza escrita como regalo de cumpleaños por el 60 aniversario de la citada orquesta y que dirigió Mariss Jansons, maestro escasamente vinculado a la creación actual. Cristóbal Halffter condujo en 1992 el estreno de Shibuya Movements (1991-92), cuyo título alude al famoso y populoso cruce de la ciudad de Tokio. De Vroe plantea una representación abstracta de aquel lugar, un espacio sonoro en movimiento que parte de un primer movimiento construido mediante células muy pequeñas, con un puntillismo amenazado por varias secuencias pulsantes del piano y la percusión. Lentamente la música se va apresurando sin perder un gusto muy marcado por el gesto pequeño, puntuales explosiones y arremetidas de la percusión en cascada que, por cierto, recuerdan el empleo que de esta solía hacer Halffter en sus partituras para orquesta. A lo largo de sus casi 20 minutos la música bascula entre estados de detención y animación, con una paleta tímbrica reducida, expuesta de forma un tanto hierática y con pasajes polifónicos que evocan al Ligeti más temprano. Los cinco movimientos se atienden con renovado interés, cada uno de ellos constituye un punto de partida que guarda puntos de conexión (motívicos; tómese como ejemplo el reduccionista cuarto capítulo, de resonancias abiertamente japonesas) con el inmediatamente anterior; se podría decir que De Vroe no quiere dejar a su auditor perdido en el cruce de Shibuya. Por su refinamiento y por su originalidad constructiva, es una pieza a la que se querrá volver en múltiples ocasiones. La obra más extensa abre el disco, TetraДb IV (2002), un mural -tal vez sea este el término más adecuado) para percusión, violín, trombón, voz y orquesta. Antes que un concierto, el compositor da vía de expresión solitaria a cada uno de los cuatro solistas antes de involucrarlos en una reunión coral hacia el final de esta larga composición (se acerca a los 40 minutos) que tiene mucho de extravagante ritual. La clave reside en la letra cirílica del título; Д introduce una idea de extrañamiento, un signo de ruptura con la notación y el lenguaje musical occidental. Esta tiene su correlato sonoro más directo en la acción interpretativa de la vocalista (voice art se define ella misma) Isabeella Beumer que utiliza su voz como materia sonora, carente de significado semántico. Mediante técnicas como la emisión de aire sin tono, sonidos aspirados y espirados, vocalizaciones dramatizadas de fonemas y fricciones de la garganta y la saliva, la solista es una parte clave de esta importante creación que conforma una bilogía espléndida con otra propuesta de escucha; Hubschrauber, de Carola Bauckholt (
reseñada aquí), que también requiere la presencia de un vocalista experimental, Jaap Blonk en aquel caso. Las aportaciones de la percusión de Isao Nakamura, con un fortísimo sustrato matérico, abre la composición que, después, invita a Irvine Arditti a un solo de tensión continua, rico en sonidos sucios, armónicos sostenidos y quebrados y desplazamientos en la afinación. El trombonista Mike Svoboda recogerá testigo y ampliará la inestabilidad del contingente sonoro. Al frente de la Orquesta de la BR, Peter Rundel, dirige como envolviendo a todo el conjunto, unificándolo y conjugando las fuentes coincidentes en esta importante obra, psicológica y físicamente exigente para los solistas, que suscita en la audición tantos interrogantes como instantes de rara fascinación.