ISSN 2605-2318

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Atelier de Discos #11: «Contemporaneidad germana (Poppe, Gadenstätter) y la música política de Contreras Vázquez»


26/02/2026

Undécima entrega del Atelier de Discos de Ismael G. Cabral este mes de febrero con tres compositoras esenciales de la música actual.





Métrica matemática y caos



ENNO POPPE

körper. gold.
Ensemble Modern. Enno Poppe, director. SWR Vokalensemble. Marcus Creed, director.

WERGO




El salto exponencial en la calidad de la música de Enno Poppe (1969) viene sustanciándose en los últimos años. Buena parte de estas nuevas creaciones están viendo la luz en una colección que la editorial Schott, a través de su filial discográfica Wergo, viene dedicando al compositor alemán en una serie creciente que guarda además una identidad visual muy atractiva por el diseño de sus portadas. Obras como la gigante Prozession, para gran emsemble; o Rundfunk, para nueve sintetizadores; lo sitúan como el compositor europeo más atractivo en su pensamiento de creaciones para conjunto. Es de desear que pronto vea la luz la grabación de la extensa Streik, para diez baterías, estrenada en 2024 en el Festival de Donaueschingen (y de la que hablamos en este artículo). Con sus 47 minutos körper conecta con Streik en su comienzo; un rígido pulso de batería desata la furia de la masa y servirá como costura de todos los instrumentos. Es un doble homenaje, el del compositor y director al Ensemble Modern, que la interpreta y con el que le une una larga trayectoria, y también a la música de las big band; con su métrica matemática, con el ritmo desatado de algunas de sus secciones, körper aunque no reniega de episodios fuertemente caóticos tampoco llega a desembarazarse del pulso, de un ritmo que busca cimas climáticas como en el jazz de big band más canónico. Hay otro rasgo de la composición que la eleva en el catálogo del autor; no es esta una composición que, pese a su extensión, vaya de un punto a otro; es una pieza que divierte a los músicos llevándolos a límites técnicos y decibélicos y, por imantación, al auditor; importa qué pasa en cada momento, no el destino de lo desplegado. De algún extraño modo, Poppe logra que toda la maquinaria sea estrafalaria y dé una falsa sensación de extravagancia; con unísonos y desfases, también con un vago e indefinible aire militar y metales que, en cascada, repiten motivos cortos y enérgicos. Los músicos del Modern -y los ingenieros del registro- extraen petróleo de una obra que, en concierto, debe propiciar una experiencia inmersiva exultante; acaso el más desinhibido festín sonoro servido hasta la fecha por el autor renano. Frente al jolgorio, gold, para coro mixto a capella, supone un antagonista perfecto. Con un título que atañe tanto a la materialidad -característica identitaria de casi toda su obra- el SWR Vokalensemble busca no solo una afinación perfecta por más que sometida a continuas inestabilidades, también un color, un resplandor, una brillantez en la masa vocal. Una polifonía que, pese a lo masivo de algunas partes, se concentra sobre todo en pasajes que se enroscan sobre unas letanías densas que se transforman lentamente. Muy cercana a la música coral alemana (con Bach presente desde la primera frase), gold está hecha de vacilaciones, aunque esto no obsta un tono global muy fluido y natural.


  


Viaje sonoro


MANUEL CONTRERAS VÁZQUEZ

Tarió.
Virgo Vox Ensemble. Plus-Minus Ensemble. Duo Lallement Marques. Michael Nicolas. Taller de Música Contemporánea.
KAIROS




Que no hayamos oído hablar hasta la escucha de este monográfico de Manuel Contreras Vázquez (1977) habla mucho (y bien) de la variedad y calidad de la música de nuestros días. Esto tiene un debe obvio, el de no poder estar a todo. La fonografía viene a paliar la laguna con la proposición de cinco obras diversas del compositor chileno-español, actualmente radicado en Italia. El título del álbum, Tarió, significa Camino, y proviene del lenguaje Kawésqar, uno de los pueblos originarios de la Patagonia. No nomina ninguna de las piezas aquí incluidas, tan solo apunta la idea de tránsito, de viaje sonoro. Sin seguir el orden del álbum, comenzaremos la audición con Los ojos del Pueblo acusan al estado terrorista, para violonchelo y piano; se rememora el estallido social que sucedió en 2019 en Chile. Aquellas semanas de huelgas, manifestaciones y fortísima controversia social es concentrado en un tenso dúo, de líneas fragmentarias y silencios disruptivos; como si el autor quisiera concretizar en sonido aquellos días y noches en los que a las fieras (y luctuosas en no pocos casos) protestas del día seguían horas de expectante calma. Viene bien hilada con Lidio, para dos guitarras, en la que continuaremos sumergidos en un universo estético más esbozado que apuntalado. Aunque el referente instrumental esté ahí; la canónica Salut für Caudwell, de Helmut Lachenmann; el énfasis de Contreras Vázquez está obsesivamente volcado en lo textural, sin que lo rítmico apenas ocupe consideración. Más allá de lo estrictamente sonoro vuelve a anidar un pensamiento conceptual relevante para la comprensión de la pieza: Lidio es una reivindicación de la figura del cantante e integrante del Partido Comunista de Chile Víctor Lidio Jara, asesinado por la dictadura de Augusto Pinochet; también alude al modo lidio, afinación obligada para las dos guitarras en liza y, a mayores, tantea semánticamente la palabra española “lidiar” con relación a la lucha, a la pelea ideológica. Escrita para violonchelo solo, y magníficamente interpretada por Michael Nicolas (también grabada), Taiken es una de las partituras sobresalientes del disco. Mediante una plétora de técnicas extendidas ya en los primeros segundos el compositor nos reubica en un ambiente vibratorio, donde el instrumento es utilizado como un objeto de madera de inquietantes resonancias. Son acciones milimétricamente observadas en la partitura en la que Collins ha de manejar y obstruir el clavijero mediante diversos métodos, se dan pasajes en esta Taiken (que remite a la caligrafía japonesa) en los que parece espejear incluso un segundo (e inexistente) violonchelo; como un halo fantasmal electroacústico que envolviera una obra centrada en el sonido, enteramente evocadora. Sigue ahora La Furia del Ermitaño, un fragmento de unos 13 minutos de un “teatro de sonidos sobre la locura”, para dos voces femeninas y ensemble. A partir de un personaje por él conocido, la de un ermitaño, un anciano harapiento y enfermo mental que asustaba a quienes lo veían en un paraje de la región chilena de Valparaíso. Contreras Vázquez trabaja la pieza desde lo tímbrico (con importante presencia de la percusión y de la flauta Paetzold); la obra evoluciona como una espiral dramáticamente efectista (algo obvia en determinados añadidos: cadenas, un tono vocal lacerante, muy teatral) hacia la locura; la fragmentación de los motivos sonoros quieren ser un trasunto de los procesos de esquizofrenia; las alucinaciones y posiblemente las voces internas que oía aquel desgraciado hombre. Aunque solo conocemos una pequeña parte de la creación; las frases susurradas (“mi refugio”, “¿papá, ¿dónde se esconde?”) y la suciedad sónica que destilan ciertos pasajes dibujan aquella historia, con visos ahora de acrecentarse con añadidos de pura leyenda. El Virgo Vox Ensemble tiene ante sí la aportación más extensa, Aswalaq, Zoos humanos, para conjunto de voces femeninas, rebasa los 30 minutos. Podríamos hablar de breve ópera experimental, aunque también se emparenta con cierta tradición del madrigal. Y, al igual que el compositor ecuatoriano Mesías Maiguashca en una obra como El oro repasó la conquista y la esquilmación de América por parte de los europeos; aquí se rememora mediante un texto atomizado cómo debió ser el exterminio de los primeros pobladores de la Patagonia, pertenecientes a la cultura Selk´nam y a la Kawésqar. Exhibidos a finales del siglo XIX en zoos humanos, toda aquella depredación es rememorada -y honrada- en una composición que pone en valor artístico los estudios del lingüista chileno Óscar Aguilera, por lo que las cantantes del conjunto reproducen muchos de los sonidos y fonemas característicos de aquellas culturas. Con recuerdo argumental del referido Maiguashca y sustrato vocal parcialmente heredado del Julio Estrada de Pedro Páramo, estas cinco piezas de Contreras Vázquez señalan a una voz muy notable en la actual música contemporánea latinoamericana.




 


Estructuras inestables



CLEMENS GADENSTÄTTER
Paramyth 1-3.
Arditti Quartet.
COL LEGNO





Hablar de un disco especialmente complejo y críptico refiriéndonos al Cuarteto Arditti casi parece una obviedad teniendo en cuenta lo vasto de su fonografía y el gran número de compositores abordados por la formación inglesa (de Nono a Ferneyhough, de Webern a Lachenmann). Sin embargo, este Paramyth 1-3 (2010-16) de Clemens Gadenstätter (1966) podría estar -nos aventuramos a decirlo- entre la primera veintena de referencias de los Arditti más concienzudamente crípticas. El compositor austríaco es un habilidoso constructor de estructuras inestables en las que destacará el virtuosismo técnico y las relaciones que se establecen entre las distintas voces. En esa línea, los tres cuartetos que integran este ciclo tienen títulos cuyos significados enuncian una carga física que será más conceptual que sonora. De su traducción, häuten apela a desollar, quitar la piel; schlitzen, a rajar, acuchillar y reißen a desgarrar. Si dedicamos unos segundo a pensar en los títulos comprobamos que todos ellos representan una agresión corporal directa con doble resultado: rompimiento de la superficie y exposición de lo interior. A la postre, Gadenstätter en este ciclo que ha pasado, en sus tres episodios individuales por varios conjuntos (JACK, MIVOS y Arditti), emplea estas metáforas como explicación (seguramente más para sí mismo) del por qué abordar una empresa como esta; el ciclo superará los 60 minutos. Hay un afán de trascendencia demasiado evidente en la superficie de estas piezas; como si consciente del formato hubiera apostado todo a la construcción de un gigante andamiaje aun a riesgo de que este se venga abajo. El título que engloba todo, Paramyth, insinúa una idea de narración, de continuidad. En efecto, desde la primera hasta la última nota, la percepción es la de un gran arco sonoro para los cuatro instrumentos. Hay en toda la procelosa y ardua escucha (lo que nos recuerda como sigue de vigente el tesón con el que Milton Babbitt defendió la idea de una música progresista, al margen de si hubiera o no público para ella) pasajes de consistente exploración tímbrica y un músculo zigzagueante que no deriva en situaciones sonoras radicales. Es decir, Gadenstätter llena de abstracción, tensiones y distensiones y silencios, la partitura; pero en todo momento apela a la musicalidad clásica del cuarteto de cuerdas; así hablaríamos de Paramyth como de una sólida creación amparada por la idea de modernismo clásico. Llaman la atención instantes cargados de poesía e incertidumbre, como los col legno battuto que oímos con pulcritud de laboratorio hacia el final de la primera pieza, häuten. Los Arditti hacen una ejecución marcadamente suya de toda la obra, destacando rudos pizzicati y una infinitud de arcos susurrados. Pero contrariamente a quienes torpemente los censuran por una estridencia signo de la casa; toda la discusión a cuatro a la que asistimos es dicha muy cortésmente, incluso en ciertas secciones se puede echar en falta mayor mordiente. Encargo triple de los festivales Darmstadt Summer Courses, Arcana y Wien Modern, la grabación integral de la pieza será, seguro por mucho tiempo, único vehículo para conocer una creación de asumido nicho en la que solo con repetidas (y espaciadas) exposiciones a la misma puede atisbarse el latido comunicativo que el compositor ha agazapado, pero no extraviado, en medio de esta tela de araña.
 





© Ismael G. Cabral, Febrero 2026

Más información en el Atelier de Ismael G. Cabral


 


 

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