ISSN 2605-2318

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Mauricio Sotelo estrena una luminosa «Laguna de los pájaros» con la ORCAM


13/03/2026

La ORCAM estrenó en el Auditorio Nacional Laguna de los pájaros, la nueva obra de Mauricio Sotelo inspirada en la Sierra de Guadarrama. Dirigida por Alondra de la Parra y con Stefan Dohr como solista de trompa, la partitura propone una amplia evocación sonora de la naturaleza. Ismael G. Cabral firma la crítica de este estreno absoluto.




Madrid. 11-03-2026. Auditorio Nacional de Música. Stefan Dohr, trompa. Pequeños Cantores de la ORCAM. Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Alondra de la Parra, directora. Mauricio Sotelo: Laguna de los pájaros (estreno absoluto).

Por desgracia no es común asistir en España al estreno absoluto de una obra sinfónica, menos aún que cuando este se produce la partitura desborde la duración de cortesía. Esta semana la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid (ORCAM) ponía en los atriles Laguna de los pájaros (2025), de Mauricio Sotelo (1961), una obra de una media hora de extensión para un amplio contingente. Pieza además muy ligada a la comunidad, toda vez que la laguna del título se encuentra físicamente (aunque quizás incluso más mental y emocionalmente) en la Sierra de Guadarrama. Es entonces el ánimo de esta el de ser una evocación de una vivencia propia pero también, y sobre todo, de la naturaleza.

Por esta razón la maestra Alondra de la Parra decidió emparentarla con la Sinfonía nº 1 ‘Titán’, de Gustav Mahler, que dirigió con expresividad aunque con algunos desequilibrios evidentes entre los metales y las cuerdas. Quizá hubiera sido más apropiado oír la Cuarta del compositor alemán; muchos de los sonidos que Sotelo dispone en su creación (el coro infantil, las campanas, el flautín…) están también en aquella otra página. Otro autor, Olivier Messiaen, pareció evocarse con sutileza en el pausado percutir de los gongs. En todo caso, Laguna de los pájaros es un capítulo importante en el catálogo del madrileño; música de orquestación muy diáfana en consonancia con su idea de encendida expresión de admiración por el medio natural.

El solista de trompa, Stefan Dohr, tuvo que recorrer todo el escenario de la Sala Sinfónica del Auditorio, en el sentido de las agujas del reloj, conforme cada uno de los cinco movimientos se sucedían. Sobre él -y también en la orquesta- recaían algunos de los pasajes más inspirados de una partitura que crecía cuando se abocaba a lo puramente instrumental y no terminaba de funcionar cuando adoptaba una forma de cantata coral. En los dos primeros movimientos (Oh laguna… y Hacia la laguna) se halla la mejor incardinación entre todas las fuerzas desplegadas (parcialmente también en un Finale efectista pero ejemplarmente planteado a nivel estructural), mientras que en los dos tiempos centrales se disipa: en La tormenta no llega a materializarse la turbulencia perceptiva que la obra parece reclamar y en Doña Laetitia el uso del latín y la conjunción con las voces blancas otorga un barniz naïve y operístico que no se ajusta bien a las costuras de la composición.

Tanto la ORCAM como Alondra de la Parra -por descontado, Dohr- explicaron muy bien la obra con una ejecución, ante todo y de acuerdo con la intención de Sotelo, expresiva y celebrativa antes que densa y concentrada. Nada de tirantez, ningún atisbo de avasallaje estético. La intención del compositor conectaba con ideas de descubrimiento infantil de la vida, de admiración por una tierra concreta. Su lenguaje ya no es tan potente como lo fue en obras anteriores como Rose in fiamme o Cena de las cenizas aunque, seguramente, es de este modo como, en este momento vital y creativo, mejor se reconoce a sí mismo un compositor que sigue demostrando un gran oficio en cada proyecto que emprende.

© Ismael G. Cabral, marzo 2026
 
 

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