ISSN 2605-2318

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Atelier de Discos #13: «Hurtado, Aperghis & Sciarrino, espejismos diversos en la música de hoy»


30/04/2026

Entre galaxias sonoras abrasivas, teatros vocales delirantes y silencios que parecen respirar en la oscuridad, el nuevo Atelier de discos propone un viaje por tres universos esenciales de la creación contemporánea. La música de José Luis Hurtado, Georges Aperghis y Salvatore Sciarrino despliega aquí tres formas distintas de espejismo sonoro: la saturación física del sonido, la teatralidad fragmentada de la voz y la escucha suspendida al borde del silencio. Un recorrido crítico firmado por Ismael G. Cabral que se adentra en algunas de las experiencias auditivas más intensas, inquietantes y fascinantes de la música actual.

Singular aspereza



JOSÉ LUIS HURTADO
Star Trail.
Laboratorio de Música Nueva.
KAIROS





De la música del compositor mexicano-estadounidense José Luis Hurtado (1975) ya nos ocupamos en el año 2021 cuando reseñamos su primer disco en el sello Kairos, Parametrical Counterpoint. Vuelve ahora a llamarnos la atención su segunda publicación en la misma editorial, Star Trail, que constituye un paso importante con respecto a aquel monográfico. Podemos retomar los adjetivos ya empleados para referirnos a la estética de esta música: agresiva, erizada y de una “peculiar” aridez. Entrecomillaremos ese apelativo que se refiere a la singular aspereza de la gramática de Hurtado, que eclosiona aquí en la obra que cierra y centra el disco: Star Trail, del año 2022, para orquesta de cuerdas. Se trata de una composición con una connotación galáctica en su título que no encuentra traslado en la escucha, al menos no en una forma predecible. No hay ninguna tentación cosmogónica ni espacial en esta música que, en efecto, sí que nos otorga desde su denominación una pista: la del rastro. Este Rastro de estrellas deviene en una composición flexible que supera los 40 minutos de duración interpretada aquí por cuatro músicos del Laboratorio de Música Nueva que, en conjunto, ejecutan doce partes: tres violines, tres violonchelos y tres contrabajos. Según la partitura, podría llevarse a cabo a partir de dos instrumentos de cuerda. Hurtado trazará entonces un espacio en transformación, una obra escultórica de texturas que entroncan con la saturación francesa y que también miran -y no de reojo- a las marañas sónicas de Iannis Xenakis. Con una escritura que prioriza la verticalidad y los bloques, el compositor -en una situación ideal de concierto- dispersa a los músicos por el espacio para que cada oyente pueda escoger seguir su propio rastro. Antes que a la inmensidad, esta Star Trail se concentra en imaginar todo tipo de vibraciones y distorsiones cosmológicas. La experiencia, forzosamente unidireccional en disco, resulta inmersiva y fatigante, atractiva y huidiza; todo un paisaje sonoro quebradizo que se centra en la edificación de un edificio sonoro crudo y de punzante rudeza. Lo que la antecede prepara auditivamente la situación aunque no por ello dejen de ser páginas autónomas y con su propio empuje. Sobresale el dúo para violín y piano In the space of time, donde se indaga en la fluidez del movimiento y del gesto; también Mutual Gravity para viola, percusión y electrónica; una obra de enorme virulencia interna en donde se desatan y colisionan varios campos de energía acústica y electroacústica. Los músicos del Laboratorio de Música Nueva -con el propio compositor al piano- fuerzan todas las costuras de este repertorio, explorándolo en toda su vastedad, o esa es la sensación que obtenemos cuando oímos al contrabajista César Bernal en Electric Dust, en la que el instrumento-objeto es extendido con la preparación de las cuerdas y la adición de tam tam y piano preparado. El polvo eléctrico del título es el zumbido resultante del papel sobre las cuerdas graves del piano, cadenas sobre la percusión y un clip que atenaza el puente del contrabajo. Todo ello no lleva a Hurtado a la conclusión de iniciar un relato, de adentrarse en una literatura tortuosa y virtuosa con este instrumental; focalizado en el sonido, Electric Dust es de una desolación encrespada, una tenebrosa banda sonora quizás para la fotografía del mundo actual. Pura música del siglo XXI.




 


Madeja surreal


GEORGES APERGHIS
Lignes de fissures.
Angèle Chemin, soprano. Vincent Lhermet, acordeón. Françoise Rivalland, cimbalo y percusión.
NEOS




Viene a nuestra memoria, al comenzar a escuchar Tingel Tangel (1990) para soprano, acordeón, címbalo y percusión, otra obra mucho más reciente de Georges Aperghis (1945) que seleccionamos como uno de los estrenos más importantes del pasado Donaueschinger Musiktage: Tell Tales, de la que hablamos en este artículo. Si en esta última el afán de atomización del material vocal daba por volatilizada la semántica y el conjunto arrojaba una pletórica sensación de madeja surreal y enloquecida, Tingel Tangel se percibe como un escalón previo a aquel ulterior desmelene. Participa, pese a una solo relativa mayor convencionalidad, de un latir más lúdico que Tell Tales, aquí la voz de la soprano Angèle Chemin está impregnada de un groove de cabaret (el título alude a una derivada concreta del género) que, en sus líneas más disparatadas, la acercan al espíritu de Dadá y en las más líricas asimilan la composición a un Kurt Weill etílico y extraviado en una cantina francesa. Con una rítmica compleja e irregular, Aperghis se impone con su buen olfato teatral y el abrazo que prestan a su obra los músicos. El acordeón (tan característico en el catálogo del greco-francés) de Vincent Lhermet y el címbalo y la percusión de Françoise Rivalland pergeñan una cómica deformidad del canto y del habla de la soprano y dan a la pieza divertidos ribetes cubistas con líneas mecánicas que, en ocasiones, parecen ir en un sentido contrario a la expresión vocal. Este conjunto instrumental, que imaginamos errante y callejero, no ha perdido un ápice de su pegada: Tingel Tangel mantiene una formidable viveza. Otras tres piezas a solo complementan la audición. Dos de ellas para címbalo, Ligne de fissure y Sur le fil. En ninguna de ellas Aperghis cae preso ante el peso de la tradición del instrumento, lo utiliza convencido de su cualidad tímbrica al servicio de una música que no toma en cuenta su pasado popular. Solo en los últimos compases de Ligne de fissure el címbalo se presenta como tal. Dedicada a Teodoro Anzellotti Merry go round es una partitura de una dificultad que da miedo intuir con su sola escucha. Lhermet la solventa con un virtuosismo punzante, como si fuera una imaginaria música de danza; con sus cascadas de notas y una pulsación agresiva, el acordeón transmuta en sintetizador. Otro de los muchos espejismos que provoca la música de Aperghis.






 


Poética sciarriniana



SALVATORE SCIARRINO
Ai limiti della notte – Sciarrino in Tokyo 2024.
Diversos intérpretes.
NEOS





De diferentes maneras, Japón es un país que sustanciosamente ha ido permeando la música de Salvatore Sciarrino (1947). Lo ha hecho a varios niveles, algunos puramente conceptuales, otros con un correlato directo en la expresión sonora. Este disco de NEOS documenta una visita que el compositor realizó a Tokio en 2024 invitado por el Instituto Italiano de Cultura. Con motivo de esta el palermitano participó en una residencia intensiva con un taller de jóvenes intérpretes seleccionados entre los principales conservatorios del país. El conjunto, dirigido por Yoichi Sugiyama, acabaría ofreciendo un concierto monográfico en donde iba a destacar el estreno en Japón de la reciente Una lettera e 6 canti, para voz y seis instrumentos, obra del año 2021 que conoció su primera interpretación en el contexto del Festival Milano Musica. Antes de llegar a ella, el álbum alberga cinco piezas para instrumentos a solo y una sexta para conjunto. De la nuit, para piano, data de 1971 y todavía muestra a un Sciarrino con un lenguaje titubeante, de transición, en la que el espejea cierta tendencia a un impresionismo que se atomiza en algunos pasajes abrazando una libre atonalidad escolástica. Más interesante es Ai limiti della notte, para viola, solo ocho años posterior. Yoshiko Hannya la interpreta con toda su carga de fragilidad y una sonoridad más terrosa y quebradiza de lo habitual en la poética sciarriniana. Addio case del vento, para flauta, y Sensa vento, para violonchelo, conforman una imaginada duple de líneas evanescente y silencios con más equipaje de tensión que la propia música. En todos los casos, los músicos movilizados demuestran haber aprehendido la estética del compositor al que sirven. Es el caso muy notable de Aldo Campagnari cuando acomete las primeras frases de Capriccio di una corda que rememoran de inmediato el tono lánguido y profundamente personal de la obra maestra del compositor que es su ópera Luci mie traditrici. Cinco ejecutantes coinciden en Arioso a 5, donde el trazo se torna más sinuoso a pesar de la fragmentariedad de una pieza que no rehúye una -a riesgo de incurrir en tópico- sensualidad mediterránea; hay un sentir de música de estío; un intranquilo duermevela, un arrullo que no cesa. La empresa mayor es Una lettera e 6 canti, con el concurso de la soprano Noriko Yakushiji. Obra inédita en disco, especie de monodrama en el que Sciarrino continúa sin salirse un milímetro de sus marcados contornos; una partitura en la que gesto y memoria, sonido y silencio, conforman el por qué de su existencia. Sugiyama se adentra en este collage de pensamientos a voz alzada asumiendo su forma de diario y, por tanto, la atomización idiomática que caracteriza a la música. Con textos de Izumi Shibiku (sobre una tenebrosa noche de insomnio) y poemas de amor de Giuseppe Ungaretti, Una lettera… es, según el propio autor, un contrapunto ideal a la escucha de otro ciclo de mayores proporciones, Quaderno di Strada, con la que comparte una misma idea de recorrido mental.
 


 





© Ismael G. Cabral, Abril 2026

Más información en el Atelier de Ismael G. Cabral


 


 

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