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«Bertrand, la música (y la vida) deprisa»


20/07/2021

Una crítica de Ismael G. Cabral para El Compositor Habla

 

Bertrand, la música (y la vida) deprisa 

CHRISTOPHE BERTRAND         
Vertigo y otras obras solistas, de cámara y orquestales
Varios intérpretes
bastille musique 14
 

 
En el vasto panorama de la contemporaneidad el sello alemán bastille musique se encuentra entre los que necesariamente hemos de seguir siempre de cerca. Aunque solo fuera porque su política editorial parece obedecer exclusivamente al estímulo de poner en circulación discos –mayoritariamente de música actual- en los que cree el responsable del label, Sebastian Solte. Lejos de asumir ningún compromiso, su escueto pero creciente catálogo atesora proyectos tan atractivos como la integral del ciclo Chemins, de Luciano Berio, la ópera Kopernikus, de Claude Vivier, y muy recientemente un programa Bach / Alvin Lucier (!) con la soprano Hanna Hertfurtner. El disco que centra estas líneas está dedicado al malogrado compositor Christophe Bertrand (1981-2010), de quien se ha reunido en una caja tres cedés que constituyen la integral de toda su música instrumental.
 
Son en total 22 obras (12 de las cuales se estrenan en disco) que van desde piezas para instrumentos solista a partituras orquestales. El afán de trabajo de referencia para estudiar y conocer el legado de Bertrand se constata con el hecho de presentar, en los dos primeros discos, un recorrido cronológico que va de 1998 a 2010, año en el que se produjo la trágica muerte del compositor. Alumno de Ivan Fedele, también lo fue de Tristan Murail y Philippe Hurel, aunque será György Ligeti el creador que, estéticamente, más huella imprimiera en su quehacer. Esto es especialmente advertible en sus páginas para conjunto instrumental, como Hendeka (2007) y Satka (2008). Sus dos Cuartetos de cuerda (de los años 2005 y 2010) representan momentos importantes en la escucha, especialmente el segundo de ellos (del que lamentamos aquí no tener la grabación del Cuarteto Arditti), de mayor ambición en su agitada exploración de lo que Bertrand llamó campos de sonido (en clara alusión plástica a los color fields de los expresionistas abstractos). Su aproximación a la idea sin embargo se sitúa en las antípodas de un Morton Feldman, por más que comparta con el de Buffalo admiración por Mark Rothko, a quien homenajea en Okthor (2010) desde un prisma netamente post/espectral.




Es verdad que el reducido catálogo (por su abortado recorrido creativo) de Bertrand es recomendable asumirlo por segmentos, pues el francés se desenvuelve como un compositor fiel a una serie de indagaciones que parecía estar llevando al agotamiento en el momento de su deceso; en esa idea una obra como Scales (2008-09), para orquesta de cámara, puede entenderse como compilación de todas sus investigaciones en microtonalidad, virtuosismo instrumental y una curiosa querencia por las asincronías que confieren a la música de Bertrand un tono de agitación perpetua. Acaso el epítome de ese universo tumultuoso sea el concierto para dos pianos y orquesta Vertigo (2004-05), obra que se gusta en su brillantez tímbrica y que sobresale (o debería hacerlo) como partitura asumible por públicos no militantemente vinculados con la modernidad.



 

Yet (2002) y Mana (2004-05) –esta última dedicada a y estrenada por Pierre Boulez- quintaesencian el empeño decibélico y acelerado de un compositor que, llamativamente, no empleó de forma palmaria técnicas extendidas en su música. Acaso por esa búsqueda cinética, pero también por el virtuosismo que exudan páginas como Arashi (2007), para viola, el experimentalismo textural no formó nunca parte de las inquietudes de un músico que buscaba algo tan a la contra en la música contemporánea como deslumbrar en la audición, una idea tan luminosamente romántica. Desde ese punto de vista el credo de Bertrand pasaba por una mayor convencionalidad instrumental –Treis (2000), Virya (2003-04)- en aras de una comunicación que él creía posible transmitir desde la praxis acústica (lo electrónico solo aparecerá como anécdota tras su paso por el Ircam). “Todas mis obras se basan en el principio de virtuosismo instrumental y en el uso de un lenguaje cargado de energía”, dejaría escrito. El profuso libreto explicativo de esta edición permite adentrarnos en los porqués de toda la música aquí concentrada, que viene servida por formaciones de referencia como el Zafraan Ensemble, KNM Berlin, la WDR Sinfonieorchester, el GrauSchumacher Piano Duo y directores como Peter Rundel, Emilio Pomarico, Brad Lubman y Baldur Brönnimann, entre otros.

 
Ismael G. Cabral
Julio 2021



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