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«Deje a un lado sus preguntas, hágaselas luego»


20/12/2021

Una crítica de Ismael G. Cabral para El Compositor Habla.

 
 

PETER ABLINGER
Wider die Natur. Nichts. Überlegung 19. Acht Zeichnungen.
Erik Drescher, flautas, voz, objetos. Peter Ablinger, voz, electrónica.
KAIROS 0015104KAI. 72’43’’. 2021
 
 
Tres son los discos consagrados al compositor austríaco Peter Ablinger (Schwanenstadt, 1959) que, con el que ahora reseñamos, tiene en su haber el catálogo de Kairos. El primero, con obras para gran ensemble, constituye también una de las iniciales y más reivindicables referencias que la editorial puso en circulación, Der Regen, das Glas, das Lachen, en aquel entonces bajo la producción y el estímulo del recordado Peter Oswald. El segundo, en 2009, documentó uno de los ciclos más amplios y a los que con más profusión se ha dedicado el compositor en los últimos años, Voices & Piano, encomendando la serie al especialista Nicolas Hodges. Este que ahora ve la luz es, como su inmediato predecesor, otro trabajo genuinamente ablingeriano por el considerable armazón conceptual que atesora, Wider die Natur / Against Nature (2020), una obra que, de forma lógica, adquiere más la denominación de proyecto y que resulta fruto inicialmente no imaginado así del confinamiento por la pandemia de Covid19.

Como comentaba en una reciente entrevista publicada en El Compositor Habla (que puede leer aquí), Ablinger no se siente ligado a ninguna institución, su deuda estética lo es, en todo caso, consigo mismo y con sus propias inquietudes. Por eso en la explicación del proceso el compositor enfatiza que esta obra nació como una colaboración entre él y el flautista Erik Drescher, planteada sin financiación alguna y con el único objetivo de testar, de experimentar una serie de situaciones que, solo al final del recorrido y a la luz que otorga la audición de una creación que se extiende durante 70 minutos, podemos afirmar hallarnos ante una de las partituras más masivas y excitantes del repertorio contemporáneo para flauta(s), ¿flautas?.

Una grabación de campo en un estanque de sapos en Brandeburgo fue el inesperado punto de partida, un estímulo sonoro/rítmico de jugosas heterofonías que iban a convertirse en la estructura generadora de todo este ciclo integrado por 80 miniaturas. En todo caso estos anfibios no resultan en absoluto ajenos a la praxis contemporánea; en bastantes ocasiones han devenido en voluntarios o involuntarios acicates para la creación, es el caso de la tremenda pieza electroacústica Amfibion, de Slavek Kwi (aka, Artificial Memory Trace), la obra acusmática Signé Dionysos, de Francis Dhomont o el paisajismo documental de Chernobyl Frogs, trabajo de Peter Cusack.

Para Ablinger, sin embargo, la captación sonora del croar de estos animales constituyó no el fin en sí mismo, solo una chispa generadora que le llevó a pensar en la idea de capas polifónicas que envolvieran el registro de la flauta de Drescher, con quien estaba decidido a trabajar mucho antes de que la pandemia estallara. El resultado de las investigaciones sonoras realizadas ha cristalizado en un tipo de partitura que el músico austríaco llama “al fresco”, “como metáfora de la creación sin notación, en donde ya no se divide la composición en notación por un lado, y en ejecución por el otro”, explica. Es de esta forma como se concibió el ciclo Wider die Natur, directamente en el estudio, probando y descartando. Un estudio además adaptado a una coyuntura concreta, ante la clausura de los espacios oficiales, y por mediación de Gregorio Karman, de la Academia de las Artes de Berlín, Ablinger pudo instalar en su propia casa un pequeño pero autosuficiente laboratorio en donde él y Drescher pasaron días dando forma a la serie.

Durante seis semanas el proyecto fue gestándose, concretizándose en una pieza radicalmente experimental cercenada por silencios que abolen toda posible idea de engarce, de narratividad. La miríada de pistas sucede ante nuestros oídos causándonos un formidable efecto desorientador. No hay afán alguno de virtuosismo, la idea de intérprete prácticamente es abolida; incluso una pieza como la temprana Überlegung 19 (1988), incrustada en el tramo final, se construye como una provocación, una pieza melódicamente torpe, como autojustificada en su desopilante sencillez, apenas un balbuceo de estudiante de flauta.

Oímos a Drescher en diferentes momentos repitiendo la palabra “jetz”, “ahora”; la pronuncia con una parquedad de austero orador; no entendemos la razón; Ablinger no facilita argumentos fácilmente penetrables; siempre es mejor con su música dejarnos permear o irritarnos; la reacción no es algo predeterminable, elegible. Drescher interpreta secuencias mínimas en la flauta, realiza fugaces y reiterados glissandos (en la glissando flute) que transcurren a modo de cortinillas, sopla tubos de órgano y botellas, tamborilea sobre la boca del instrumento, cincela aforismos en una diminuta flauta de madera, en el piccolo y en silbatos que trinan imitando voces aladas. Oímos al propio Ablinger: “Jetz, jetz”. Y, después de una hora, todo se desdibuja (aún más) en un final enteramente electrónico, fieramente naïve, como una sombra de la flauta adulterada por un manto de computador vintage.

Ablinger transmuta a Drescher en hombre orquesta, permaneciendo siempre este solo, consigo mismo y con su instrumental. “En la mayoría de los casos no trabajamos con notación tradicional, más bien lo hicimos con definiciones o dibujos que suscitaban una reacción”, detalla el autor. En busca constantemente de un desenfoque compositivo, Wider die Natur es una creación que, en la escucha aislada, supone una irresistible instigación a una audición reposada en la que habitamos haciéndonos, y así será mejor, las menores preguntas posibles.
 



Ismael G. Cabral
Diciembre 2021

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