ISSN 2605-2318

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«Messiaen y Takemitsu la avanzaron, vivimos musicalmente en la interculturalidad» Tomás Marco


18/11/2022

A punto de estrenar una zarzuela contemporánea con trasfondo social: «Policías y ladrones» que dirigirá José Ramón Encinar con puesta en escena de Carme Portaceli, Ismael G. Cabral ha hablado con el compositor y esto es lo que nos ha contado.  



Tuvo lugar esta conversación a muy escasos días del estreno en el Teatro de la Zarzuela de Policías y ladrones, el insospechado acercamiento que Tomás Marco (Madrid, 1942) ha realizado al género chico. Tenía acomodo el encuentro un rato antes de una importante reunión del compositor en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que es su actual director. En el año de su 80 cumpleaños mantiene una intensa agenda que no le impide tener sobre su escritorio nuevas obras bastante avanzadas. Este esbozo de perfil necesariamente coyuntural da la medida de la efervescencia creativa de un autor que lo ha sido todo en la música contemporánea española.



1. Ismael G. Cabral: ¿De qué hilo tuvo que tirar para empezar a componer una zarzuela contemporánea? Un género sin apenas tradición en nuestro tiempo.

Tomás Marco: Me encargó Policías y ladrones Paolo Pinamonti, cuando era director del Teatro de la Zarzuela. Y desde el principio vi que sería un reto importante. Suelo picar cada vez que me ponen uno por delante así que dije que sí, que la haría. Me plantee hacer, hablo de 2015, un equivalente actual muy ajustado a los cánones del género, esto es una composición dramático musical que lleva texto y música con números cerrados. Y que además hablara de un tema de actualidad accesible al gran público, por eso se me ocurrió el tema de la corrupción política, un asunto permanentemente vigente en este país. De hecho ahora al retomarla, en 2022, no ha habido que retocar nada. La música que he compuesto es actual pero está algo adaptada a un oyente más genérico. No obstante me reconozco plenamente en lo que he escrito, el lenguaje es diferente pero la estética es la mía. Y por dentro, en la partitura, hay pasajes atonales, modales, repetitivos, bruitistas… todo esto mezclado en una coctelera.

"La idea es que la gente se divierta e incluso que sean capaces de salir tatareando algún motivo".







2. I.G.C.: ¿No teme que una obra como esta, pasado el estreno, pueda quedar engullida por las obras más populares del género al que se adscribe?

Tomás Marco: Ese es un peligro que viene del hecho de que la zarzuela ya no es lo que era desde el punto de vista social. Una zarzuela buena, mala o regular, en el siglo de oro del género, se tocaba en todos los teatros de España. Actualmente no tienen apenas recorrido más allá de Madrid. Después de la Guerra Civil languideció el género, se convirtió en una especie de parque temático en el que se repite el patrimonio.

 
"Y el patrimonio, sea que el que sea, siempre debe servir como acicate para seguir aumentándolo".





3. I.G.C.: Viendo las dificultades de estrenar y rodar una obra de estas dimensiones, ¿no se siente más atraído por obras de menor formato y cuya reposición sea más sencilla?

Tomás Marco: Nunca se sabe qué obra va a tener recorrido. Hay obras mías que no han funcionado y apenas se han tocado más allá del estreno. Y otras en cambio que siendo complicadas se tocan mucho. En la mayoría de los casos las razones son tan pedestres como las económicas, por ejemplo obras como Escorial o el Concierto para violonchelo y orquesta no se tocan nunca porque la orquesta lleva cuatro saxofones y los gerentes no quieren pagar aumentos.
 



4. I.G.C.: ¿Quienes conocen su obra operística y de teatro musical podrán establecer un correlato al oír Policías y ladrones?

Tomás Marco: Sí, por supuesto. Esta obra tiene mucho que ver con todo lo que he escrito para teatro incluso con las piezas que escribí en mi primera época. Es cien por cien reconocible como mía. La he hecho con la misma intensidad que cualquier otra y además me he divertido mucho concibiéndola junto al libretista, Álvaro del Amo.
 



5. I.G.C.: Desaparecidos casi todos los miembros de la Generación del 51, ¿cómo se siente ahora llevando el testigo de aquel grupo de compositores?

Tomás Marco: Yo era el más joven de todos ellos, a mí me adscribieron a esa generación y, de repente, han desaparecido casi todos. Queda Manuel Angulo. En realidad yo me considero más cercano de la generación que es de mi edad, donde están Carlos Cruz de Castro y Jesús Villarojo.

6. I.G.C.: Usted en el ámbito musical ha ejercido innumerables tareas en muy diversos ámbitos, ¿hay alguna de la que, con la perspectiva del tiempo, se arrepienta?

Tomás Marco: Creo que no, hay cosas que han tenido más importancia y otras menos pero eso se sabe después. No me arrepiento de nada de lo que he hecho. ¿Tengo obras mejores y peores? Por supuesto, como todo compositor. Pero todas las piezas que he creado han nacido en un momento concreto por un impulso que me llevó a hacerlas. Yo no estoy muy de acuerdo con esos compositores que podan su catálogo y deciden qué es lo que vale y qué no. Lo que ha hecho uno, hecho queda.

"Yo respondo de todo, no hay más remedio que asumir nuestra biografía".






7. I.G.C.: ¿Al Marco compositor le ha hecho daño el Marco gestor? Usted llegó a ser, entre otros múltiples cargos, director general del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM).

Tomás Marco: Por supuesto que me ha salpicado para mal en no pocas ocasiones, pero ya contaba con ello. Y si uno ve las cosas que ha podido hacer y el balance es positivo entonces la conclusión es que ha compensado.

8. I.G.C.: ¿Fue un error la eliminación del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea (CDMC)?

Tomás Marco: Fue un error grave. En una pequeña parte se ha llevado al actual Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) pero no es lo mismo ni mucho menos. Fue una decisión tan errónea como eliminar el Festival de Música Contemporánea de Alicante. A lo mejor había que moverlo a otra parte, no lo sé. Era un escaparate que ya no tenemos. Es cierto que hoy hay algunos festivales especializados en distintas ciudades de España pero eso no tiene nada que ver. Filmotecas hay en todas partes y ahí está la Filmoteca Española y una docena de festivales de cine.

9. I.G.C.: ¿En estos años nadie lo ha llamado para intentar volverlo a involucrar en la gestión cultural?

Tomás Marco: Yo no vuelvo a ningún sitio. Del mismo modo que no volví a Radio Clásica cuando me jubilé. Son etapas y, felizmente, hay algunas cosas que hice que todavía están ahí, más en teatro que en música. Por ejemplo el Teatro de la Comedia que ordené comprar yo para la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

10. I.G.C.: En su catálogo hay obras-comentario. Pienso en la reciente Musica in tempore viri, al hilo del Cuarteto para el final de los tiempos de Olivier Messiaen o Angelus Novus, a partir de Mahler. ¿Comentar obras de autores pretéritos es la mejor manera de insertarse en una tradición?

Tomás Marco: Hablar sobre música está bien pero la palabra no puede expresar nada sobre la música en realidad. Siempre recuerdo que Richard Strauss decía que el mejor comentario sobre una composición es otra composición. Cuando compuse en 1971 Angelus Novus debía ser de las pocas personas en España a las que les interesaba Mahler. Me la encargó Rafael Frühbeck de Burgos para prologar la integral que hizo de todas sus Sinfonías con la Orquesta Nacional de España.

11. I.G.C.: Y a vueltas con la tradición, ¿siempre, en todo momento, un compositor tiene que respetarla?

Tomás Marco: La tradición está ahí, hay que contar con ella. Primero para no repetirla. No pocos compositores actuales de la joven generación dicen no tenerla en cuenta y, en cambio, al oír su música vemos que no han roto con Xenakis con Cage o con Kagel; tradición al fin y al cabo.

"Entonces, ¿con qué tradición rompen? Porque romper con Dvorak es muy fácil, todos hemos roto con él."

12. I.G.C.: Hay una frase que se le adjudica demasiado a menudo y por la cual usted habría dicho que “después del Canto de los adolescentes, de Stockhausen, no se ha hecho ninguna obra electroacústica de interés”. ¿Así lo cree?

Tomás Marco: Eso es una malinterpretación de lo que en realidad sí he dicho siempre. El Canto de los adolescentes es la Cueva de Altamira de la música electrónica. Después se ha hecho mucha música electrónica muy distinta y muy interesante.

13. I.G.C.: Stockhausen, por cierto, que usted conoció y de quien recibió clases. Como también de Boulez y Ligeti. ¿No imponían demasiados aquellos maestros cuando luego, en la soledad de su escritorio, se proponía crear usted su propia música, dar forma a su lenguaje?

Tomás Marco: Algunos sí que amilanaban. Con Boulez había que tratar con cierto cuidado porque era muy directo y tenía muy mala leche. Con Stockhausen tenías que partir de la base de que él era Dios y tú un vil gusano o, de otro modo, no había manera de hablar con él. Maderna en cambio era un hombre encantador y cultísimo. Y Ligeti era una persona muy inteligente y amable salvo cuando había una señora por medio, entonces ya no te prestaba atención. Eran personas y compositores muy distintos, se llevaban bien pero solo aparentemente. Yo cogí de ellos lo que me interesó e intenté hacer lo mío. Bruno Maderna ya nos lo decía, “esto es lo que yo os enseño, hacer con esto lo que consideréis”. Por cierto con él tengo una anécdota muy bonita. Mi primera obra importante, que tuvo premios y se tocó bastante, fue el Cuarteto de cuerdas nº1 Aura (1968). Maderna poco después hizo una obra orquestal que tituló también Aura (1972) y me llamó para preguntarme si no me importaba que le diera el mismo nombre. ¡Le dije que en absoluto!

14. I.G.C.: Y esquivó el acabar convirtiéndose en un epígono de alguno…

Tomás Marco: Iba mucho en la personalidad de cada maestro. Goffredo Petrassi, que se dedicó mucho a la enseñanza, no creó ningún epígono. En cambio Franco Donatoni sí, detrás de él surgieron muchos donatonitos. Buen profesor fue también el recientemente desaparecido Josep Soler. Pero sus alumnos o componían como él o no tenían nada que hacer con él. Va en la forma de ser de cada quien.

15. I.G.C.: ¿Existe por ahí algún marquito?

Tomás Marco: No he reparado en ello, hay compositores que se ha acercado bastante a algunas soluciones estéticas mías pero que luego han aplicado en lenguajes distintos. De vez en cuando escucho obras ajenas en las que reconozco algún destello muy de mi música. Pero está bien que ocurra.

16. I.G.C.: ¿Por qué hoy no existen figuras como las que hemos venido citando?

Tomás Marco: Ese tipo de personalidades tiene hoy pocas posibilidades de existir entre otras cosas porque todo se ha vuelto mucho más variado.
 
"En la época dorada de Darmstadt o estabas dentro o estabas fuera. Hoy hay muchas posibilidades de hacer músicas muy diversas, lo cual es estupendo"







17. I.G.C.: ¿Qué le ilusiona más en este momento de su vida, un estreno o un reestreno?

Tomás Marco: Conforme se van cumpliendo años es más importante que algunas obras extraviadas en el pasado se vuelvan a hacer. Hace unas semanas fui muy feliz escuchando a la Orquesta Ciudad de Granada, dirigida por José Luis Temes, haciendo una versión excepcional de mi ballet Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Por ejemplo me haría ilusión recuperar una obra como Tiempo de la memoria, para voz y orquesta, que no se ha hecho desde que se estrenó.

18. I.G.C.: ¿Por qué su música es menos aristada que la de otros colegas de generación?

Tomás Marco: Quizás porque mi proceso de composición se parece poco al de muchos otros. Hay compositores que hacen una especie de esquema previo de la obra y luego van construyéndola. En cambio yo la hago y una vez hecha empiezo a quitarle lo que sobra, a limarla. Esto es algo que decía Brahms, componer es echar debajo de la mesa las notas que sobran. Las obras no hay que complicarlas, no estoy en contra de la ornamentación, pero las cosas que son superfluas o que no se oyen no sirven. Como aseguraba Ravel, hay cosas que se oyen si las quitas. En general creo que se escribe mucho más complejo de lo que en realidad luego se escucha. Y con eso se consigue que hay obras muy difíciles de tocar y que los músicos te odien.

19. I.G.C.: ¿Qué obra de los últimos 50 años le hubiera gustado escribir?

Tomás Marco: Bastantes. Admiro muchas obras pero las mías responden a lo que he hecho yo. Me parece fascinante La cerillera, de Helmut Lachenmann, ópera o antiopera magistral e irrepetible. Pero yo no la hubiera hecho porque yo hago otra cosa.

20. I.G.C.: ¿En qué tiempo musical vivimos?

Tomás Marco: La posmodernidad ya se ha acabado. Ahora vivimos en el tiempo de la interculturalidad. Esto es algo que intentó en su medida Olivier Messiaen y Toru Takemitsu pero que es ahora verdaderamente cuando ha llegado.

21. I.G.C.: ¿Su 80 cumpleaños ha puesto en pausa la composición?

Tomás Marco: No, yo nunca paro de componer. En este momento estoy haciendo una obra para orquesta y un trío para vientos y piano. Procuro ser metódico pero, por otra parte, tengo la ventaja de ser capaz de escribir en cualquier situación. Hice la versión definitiva de mi ópera Selene en una casa muy pequeña llena de niños y con un calor de verano espantoso. No me tengo que ir a ningún monasterio para hacer música.
 
© Ismael G. Cabral. Noviembre 2022



Aquí tenéis todas la entrevistas, críticas y noticias de Ismael G. Cabral en la sección de Ismael en El Compositor Habla: Atelier de Músicas
 


Ismael G. Cabral
es periodista musical y musicógrafo. Ha trabajado durante 16 años en la redacción del periódico sevillano El Correo de Andalucía. Actualmente, además de ser funcionario del Ministerio de Cultura del Gobierno de España, es colaborador especializado en música contemporánea en las revistas El Compositor Habla, Ópera Actual y Scherzo.







 
 
 
 
 

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